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Espacio libre de prejuicios para charlar sobre el mundo audiovisual presente, pasado y futuro. Cualquier tema tiene cabida en este cuaderno de bitácora asociado con las imágenes. Os animamos a comenzar el viaje con nosotros, por el universo cinematográfico y televisivo. ¡Vosotros sois ahora la estrellas!

Navidades en plan destroyer

Un árbol engalanado con bombillas de bajo consumo; mientras, frente a él, un grupo de conocidos singers encara un tema de Elvis Presley en versión de villancico extraterrestre, borrachos de polvorones y turrón… Tal sintonía se ha convertido en este 2013 en la fanfarria oficial para animar a la gente a recibir el 25 de diciembre con la pandereta y la zambomba; aunque, también puede causar el efecto contrario: que los espectadores salgan corriendo en busca de sensaciones un poco más estimulantes. No obstante, ¿es posible localizar esos vehículos de evasión a través de obras en formato de celuloide?

Hay muchos que aún guardan recuerdos entrañables al calor de Edmund Gwenn como el Santa Claus de De ilusión también se vive (George Seaton, 1947) y de Henry “Clarence” Travers en ¡Qué bello es vivir!; pero el séptimo arte igualmente ha colmado las ansias de los que disfrutaban viendo el lado más deleznable de Mr. Scrooge o la sangre borboteante al ritmo de la pluma de Agatha Christie, aparecida en las adaptaciones de Navidades trágicas. Para todos esos, que se lo pasaron en grande con Pesadilla antes de Navidad (Henry Selick, 1993), aquí va una selección de cinco largos que muestran la cara más oscura de la fecha en la que el orondo hombre llamado Noel reparte regalos a grandes y pequeños (siempre y cuando aún conserve la tarjeta de crédito en esta convulsa época de depresiones económicas).

Bad Santa (Terry Zwigoff, 2003)
El responsable de Ghost World dio todo un repaso al personaje del trineo, de los renos y la barba blanca. Mucho más destroyer que la visión de David el Gnomo enseñando el trasero a los niños (aún existen adultos que tienen pesadillas con el mencionado dibujo animado), Billy Bob Thornton dejó claro que no siempre es adecuado que los papás dejen a sus churumbeles sobre las rodillas de un Claus disfrazado.

Noche de paz, noche de muerte (Charles E. Sellier Jr., 1984)
También conocida como Killer Santa, esta película surgió para ser una competidora navideña de las sagas de Michael Myers (La noche de Halloween) y Jason Voorhees (Viernes 13). Pero la cosa no pasó de un título. Al parecer, la trama de un crío que ve cómo el antecesor en el calendario de los Reyes Magos se cargaba a toda su familia sin el menor miramiento, y que le persigue hasta que cumple los dieciocho años, no fue muy del gusto de audiencia. Incluso hubo países que prohibieron su exhibición en salas.

La jungla 2: Alerta roja (Renny Harlin, 1990)
Después de salvar a su parienta en el edificio Nakatomi, el detective John McClane y su currada camiseta pensaban que iban a tener una Navidad tranquila; sin embargo, el secuestro de un avión en el aeropuerto de Washington vuelve a poner en marcha a este policía neoyorquino. Bruce Willis no se relajaba ni para saborear el pavo y el champán.

Operación Reno (John Frankenheimer, 2000)
Mucho antes de ganar el Oscar como Mejor Película por Argo, Ben Affleck tuvo que lucir la barba blanca y el disfraz rojo tomate de Papá Noel en este thriller con trazas de atraco del siglo. A su lado, Charlize Theron y Gary Sinise se lo pusieron muy difícil al protagonista de Daredevil para que éste celebrara en paz el nacimiento de Cristo.

¡Socorro! Ya es Navidad (Jeremiah S. Chechik, 1989)
Y, para acabar con este repaso anti anuncio de villancico, bueno es echar el telón con una de esas comedias gamberras que tan bien se le daban al genial John Hughes. El responsable de la saga de The Breakfast Club, era el autor del libreto de esta cinta; en la que una familia de las de camisa de fuerza hacía lo posible para cargarse la cena del 25 de diciembre organizada por el resto de sus parientes. Muy divertida.

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Daniel Radcliffe pone una comedia en su vida

Empeñado en quitarse la etiqueta de Harry Potter, el veinteañero de la otrora cicatriz en la frente ha sometido su talento interpretativo al terror gótico (La mujer de negro), los dramas existencialistas sobre huérfanos rebeldes (December Boys) y las biografías de literatos tocados con la varita de la tragedia (Kill Your Darlings). Aunque, entre tanta variedad no había una comedia que llevarse al paladar. Algo que Daniel Radcliffe ha solucionado, tras encabezar el reparto de The F Word: crónica sentimental en clave contemporánea, que muestra una imagen más desenfadada de la estrella isleña.

Rodada en Canadá, la película sigue los vértices argumentales de la obra teatral elaborada por T. J. Dawe y Mike Rinaldi, cuyo título original es el de Toothpaste and Cigars. Y lo que narra es un enamoramiento de los de balada ochentera, de esas en las que las relaciones platónicas toman el protagonismo más absoluto.

En concreto, el guion (que firma Elan Mastai, The Samaritan) dibuja los vaivenes de un par de corazones, que encajan a la perfección nada más hallarse en medio de una fiesta. Órganos sensibles que responden a las identidades de Wallace (Daniel Radcliffe) y de Chantry (papel que encarna la norteamericana Zoe Kaza, conocida en estos lares por su colaboración en filmes del pelaje de Revolutionary Road y No es tan fácil). Él es un muchacho ingenuo y cargado de timidez, mientras que ella se define como un espíritu libre (una muchacha imposible de permanecer atada a las piedras emocionales).

La pareja no presenta conexiones evidentes; pero, cuando ambos coinciden en una lectura de poesía, no pueden evitar hacerse tilín. Al principio, todo comienza como una simple amistad. Los chicos hablan de cualquier tema que se les ocurre: de las películas preferidas, de los regalos horribles e inservibles que han recibido en las fiestas navideñas, de las canciones y los libros que han marcado su camino… Tiempo de relax que sirve para que los dos noten cómo crece la semilla de los gustos compartidos.

Sin embargo, ¿es aconsejable arruinar la amistad por ir más allá a nivel afectivo? Esto es lo que se plantea Wallace conforme progresa la acción, quien observa la intensa dependencia que experimenta hacia su girlfriend secreta. No obstante, un elemento con el que el héroe no contaba hace acto de presencia en la historia. Este invitado -no de piedra, precisamente- es Paul: el novio de Chantry.

Y, por si la revelación no fuera suficiente para tambalear la seguridad de Wallace, el asunto se complica tras la declaración de su enamorada platónica relativa a la intención de seguir a Paul a Europa, dejando al ingenuo papel de Daniel descompuesto y sin alicientes en su hogar canadiense.

Así padece el ya crecido Harry Potter en este largometraje que dirige Michael Dowse (autor de la saga Fubar); y que pudo ser visto en el pasado Festival de Cine de Toronto, donde obtuvo una acogida agradable por parte del público y la crítica.

Con respecto a su estreno mundial, la productora ha anticipado la primavera de 2014 como la temporada más probable para el arranque planetario de The F Word (por cierto, el nombre no tiene nada que ver con la homónima revista gastronómica).

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Zamora, una ciudad en formato de celuloide gracias a los recuerdos de José Arroyo

 

Probablemente, a más de uno os sorprenderá saber que este enclave castellano-leonés (conocido sobre todo por sus iglesias románicas y por su modernismo acuciante) acogió en su seno el invento de los hermanos Lumière (es decir, el cinematógrafo) solamente dos años después de su presentación en sociedad en la cosmopolita París. Pues, sí. Tal hecho aconteció un 11 de septiembre de 1897, en el ilustre inmueble nominado El Teatro Principal: un dato que reproduce con todo lujo de detalles y contextualización el libro Un siglo de cine en Zamora (1897-2011). Sin censura previa, obra editada, elaborada y presentada en el circuito literario por el periodista y critico de cine José Arroyo Gago.

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Películas para pasar miedo en Halloween

España en el día de los muertos solía ser una jornada de rezos, lamparillas y cementerios atestados de gente. Mientras, la tarde se amenizaba con la degustación de los típicos huesos de santo. Sin embargo, el cine y la televisión mostraron otra forma de celebrar la festividad: un ritual de terroríficas connotaciones, que las movies procedentes de Hollywood ayudaron a instaurar en el ideario colectivo. Así, el popular aguinaldo navideño (mortalmente herido por la crisis) se transformó en el “truco o trato” golosinero; y la madrugada del 31 al 1 de noviembre pasó a convertirse en una ocasión para disfrazarse y solazar el cuerpo a base de miedo en las esquinas.

Bajo esa máxima que algunos calificarían de pagana, los saraos campan por sus anchas en todas las ciudades. Sin embargo, si andas un poco canino en caudales y prefieres quedarte en casa, también es posible disfrutar de H frente a una pantalla, y temblar (solo o en compañía de lobos y zombis) hasta en las pestañas. Aquí va una selección de títulos para que sientas muchooo miedooo…

1) Aunque lo de las entradas a 2,90 euros haya cumplido su plazo de existencia, bien puedes darte un garbeo a la sala más cercana, y visionar la segunda parte de Insidious. En la anterior entrega, los Lambert estuvieron a punto de quedarse en el Más Allá, con un montón de espíritus con malas pulgas. Y ahora, los fantasmas regresan para desquiciar al clan, siempre retratados por el imaginativo James Wan.
2) La saga de Michael Myers es un clásico en esta cita nocturna. El asesino creado por John Carpenter y Debra Hill tiene casi tantos títulos como años acumula el Acueducto de Segovia. Sin embargo, aún sigue asustando a los incautos, con su machetón y su careta de chico malo. Y encima aparece en Halloween (obsesivo que es el chaval). No obstante, darse un chute excesivo puede causar algún que otro mal sueño y dolor de cabeza; por lo que se recomienda quedarse con la primera parte (la de 1978), la segunda y la revisión de H-20: 20 años después (la de Rick Rosenthal).
3) La televisión también es un invento más que efectivo en estas fechas. Y, para muestra, dos seriales de plena actualidad: Asylum y Sleepy Hollow. La secuela de la adictiva y surrealista American Horror Story va a gozar de un maratón en Cuatro, por lo que sólo tienes que encender la llamada caja tonta. En cuanto a la revisión del cuento de Ichabod Crane, habrá que pillarla por alguno de los canales de factura estadounidense. Aunque el largometraje de Tim Burton igualmente puede resultar un buen sustituto. Y si tienes ganas de más, una sobredosis de Walking Dead es susceptible de ser un buen postre.
4) No hay que pasar por alto la trilogía de Poltergeist. El precedente de Insidous aún continúa martirizando a los miedicas, con la niña rubia acosada por unos espectros bastante truculentos. La calidad de los filmes fue bajando gradualmente, pero incluso la tercera pieza tiene su puntillo (con rascacielos embrujado y un montón de espejos amenazantes).
5) Y qué decir de Pesadilla en Elm Street.- Freddy Krueger debería cobrar derechos de autor por cada uno de los millones de gritos que ha provocado entre los adolescentes más cuchi-pandi. Lo cierto es que, en no pocas ocasiones, da más risa que auténtico pavor; sin embargo, la acumulación de títulos invita a que se acaben las palomitas antes de que te des cuenta.
6) Jamie Lee Curtis en su faceta terrorífica es imprescindible. Antes, cualquiera iba al videoclub más cercano y, cuando decía que necesitaba un plan para Halloween, le endosaban una ristra de cintas con la hija de Janet Leigh encabezando el reparto. Ya sea en La niebla, El tren del terror o Prom Night, la gachí cuadra como pocas el espíritu de “uy, que el asesino está detrás de la puerta”.

El exorcista, El resplandor, Reflejos, El asesino de Rosemarie… Las opciones cinematográficas son múltiples para triunfar en las horas más hechiceras de octubre-noviembre. ¡Ánimo, y que grites a gusto!!!!!

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Buscando por la TDT in Spanish

El cambio del sistema analógico al digital parecía que iba a traer consigo una mejora considerable de los contenidos televisivos. Sin embargo, o en España no entendimos muy bien el concepto de la gratuidad temática ampliada con el número de canales, o las concesiones gubernamentales se realizaron con la cabeza puesta en favorecer a los grandes grupos mediáticos y a los amigos de turno (aunque su idea de la TDT fuera tan poco atractiva como una final de la Champions League codificada). No es que la programación sea más o menos soportable (lo cierto es que la cantidad no siempre es proporcional a la calidad), ni que los espacios de emisión incentiven o no el seguimiento por parte de la población a la que supuestamente van dirigidos; lo que se echa de menos es que exista una mayor implicación por atraer a las audiencias (fragmentadas o no) alimentando la imaginación con producciones sorprendentes y con enganche.

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