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Perdidos en la nieve ****

Perdidos en la nieve, excelente propuesta de cine de supervivencia y aventura con trasfondo bélico.

Si necesaria me parece The Purge como aviso de la bestia que llevamos en nuestro interior, no menos imprescindible, pero en sentido totalmente contrario, es el otro estreno que recomiendo para la cartelera de este fin de semana: Perdidos en la nieve. Su argumento se basa en un hecho real ocurrido en Noruega en abril de 1940: el enfrentamiento de un bombardero de la Luftwaffe con un caza de la RAF que acabó con ambos aparatos derribados en un lugar inhóspito y parte de sus tripulaciones, alemana y británica, obligadas a convivir y cooperar para sobrevivir en un entorno hostil. El resultado es una interesante película de intriga que se reviste del entorno paisajístico del cine de aventuras y se acoge tangencialmente al entorno argumental del cine bélico ambientado en la Segunda Guerra Mundial. Afirma su director, el noruego Peter Naess: “En el mundo actual, plagado de conflictos, me parece de suma importancia contar historias que retraten a personas que se necesitan mutuamente. En este caso se trataba de investigar qué ocurre cuando los prejuicios y la enemistad se ponen a prueba”. Naess define su película como una historia antibélica, pero no se asusten: ni se sube al púlpito a darnos la paliza verbal con salmodias y discursillos fáciles ni pretende catequizarnos con pacifismos de salón. Su película es un dignísimo vehículo de entretenimiento que en por su espíritu y personalidad, no tanto por su estilo visual, me ha recordado otros tres señalados títulos del género de aventuras y supervivencia: Infierno en el Pacífico (John Boorman, 1968), Dersu Uzala (Akira Kurosawa, 1975) y Hasta donde los pies me lleven (Hardy Martins, 2001). Sendas muestras de que se pueden contar historias que nos hagan reflexionar sobre las debilidades y puntos fuertes de nuestra calamitosa, frágil, neurótica y en muchos aspectos miserable especie, sin por ello aburrirnos soberanamente, ejercer la pedante manía del adoctrinamiento o poner en solfa las legítimas intenciones de entretenerse del público.

Perdidos en la nieve es un ejercicio de cine de aventuras con entorno paisajístico épico que sin embargo es suficientemente inteligente como para no dejar que dicho entorno grandioso devore a los personajes. Muy al contrario. Asentada en la intriga antes que en la acción, se construye sobre la interpretación de sus personajes en un duelo de poder que tira hacia el intimismo creado forzosamente en el interior de una cabaña de montaña donde los cinco protagonistas de la historia encuentran refugio. Allí podrán dirimir sus diferencias, ponerse en ridículo, disputar por el poder que se materializa en las armas de que disponen los alemanes, e incluso trazar desde el primer momento una frontera entre ambos grupos en un alarde de estupidez supina que define perfectamente el mensaje del relato: los supervivientes se convierten en una metáfora de todos los bandos enfrentados en todas las guerras, y son así una perfecta herramienta para poner en solfa todos los casus belli que nos conducen a matarnos por territorios, economía, bienes materiales, mientras, como el personaje de Strunk, obedecemos órdenes sin pensar y sacrificamos todos nuestros deseos y la posibilidad de ser felices para conseguir un fin que muy posiblemente ni siquiera nos hemos impuesto nosotros mismos, sino que nos ha venido impuesto, de uno u otro modo, desde fuera.

Cada personaje tiene su papel en este puzle de opuestos obligados a entenderse que parecen a ratos víctimas de un experimento sociológico a pequeña escala y en otros momentos se revelan simplemente como meras marionetas de un destino con un sentido del humor particularmente cruel y notablemente cínico.

Cierto es que la película se le antojará a algunos demasiado obvia en algunas de sus metáforas, como por ejemplo la de los dos oficiales, el alemán y el británico, sujetando juntos el techo de la cabaña que está a punto de caer sobre sus cabezas al mismo tiempo que intentan quitarse las armas, o la de una de las pistolas Luger alemanas convertida de herramienta de poder y muerte en instrumento para un juego de revelaciones entre los supervivientes. He de reconocer que el momento Over the Rainbow de El Mago de Oz con cancioncilla incluida me ha parecido claramente ñoño y bastante tópico, pero pienso que se le pueden permitir esas obviedades algo ingenuas a este relato muy recomendable porque no suponen una seria falta de respeto a la credibilidad del espectador. Además están contrapesadas por ese momento siniestro de las balas convertidas en dardos y por la gran solvencia de su reparto, en el que destacan todos pero es inevitable fijarse especialmente en Ruper Grint, que demuestra con su trabajo en esta película que ha superado el paso por Harry Potter y puede dar mucho juego como actor de aquí en adelante. En este caso concretamente me ha recordado mucho los trabajos de Mickey Rooney, otro que empezó como astro infantil, cuando comenzó su etapa como actor adulto. Miguel Juan Payán

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Modificado por última vez en Lunes, 15 Julio 2013 17:29
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