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Guerra mundial Z ****

Miguel Juan Payán 22 Jul 2013
Guerra Mundial Z. Los zombis adquieren cualidades épicas en esta espectacular película de aventuras.

Dos cosas que es preciso saber de Guerra Mundial Z, la película. La primera que es una de las películas más entretenidas que he visto este año. La segunda que conviene ir a verla quitándote de la cabeza tanto como puedas el libro de Max Brooks que la ha inspirado, Guerra Mundial Z. Ambos productos tienen en común el nombre y algo más, pero en ningún caso la adaptación que protagoniza Brad Pitt es fiel al original, ni tampoco lo pretende. Al menos en su totalidad, aunque sí se acerca más al original de la novela en toda su primera parte, apartándose de la misma más claramente en su tercer acto y desenlace.

Primero debe quedar claro que la novela de Max Broks es inadaptable al cine en formato de un solo largometraje, así que no es una sorpresa que los responsables de la película hayan adaptado el material original de la misma a otro formato. Frente a esa imposibilidad, había dos opciones. Primera: adaptar en una trilogía de largometrajes (en este caso sí que hay material literario original suficiente, al contrario de lo que ocurre con El hobbit de Tolkien). Segunda: darle el material a la HBO, o mejor Showtime, para que la convirtiera en una serie. Finalmente han optado por la tercera opción, hacer un híbrido que mantiene características esenciales del relato original (como el principio, el viaje a Corea, el tema de los barcos o el infierno en Israel, el avión), pero gira a una producción con desarrollo propio en los últimos compases de la que, visto el éxito comercial alcanzado por esta película, no es finalmente sino la primera entrega de una franquicia cinematográfica en toda regla que al menos contará con una segunda entrega, según deja claro el final abierto de la primera y las declaraciones de los artífices de la misma.

No hay nada de malo en ello porque, como digo, es muy entretenida y en su primera parte se mantiene el espíritu del original. Eso sí, desde el punto de vista de la construcción del ritmo de esta primera entrega creo que podrían haber organizado mejor los elementos de la misma para mantener un equilibrio de ritmo más adecuado durante el relato. Lo que ocurre me ha recordado lo que ocurría con Gladiator: mucha caña al principio, con la batalla, y en el centro, con las peleas en el circo… y un final menos cañero que todo eso.

Lo que ocurre en Guerra Mundial Z es algo parecido. Al principio es muy cañera, visualmente espectacular, y ha conducido al cine de zombis a un territorio que no había visitado el subgénero hasta el momento: la épica, tanto visual como argumental, con una historia que se desarrolla en varios continentes al mismo tiempo y lleva al protagonista de viaje a varios países, en plan detective siguiendo pistas para encontrar la manera de combatir a la epidemia de zombificación del planeta. Trepidante. E impresionante en muchos momentos.

Pero después del ataque en el avión, que además nos somete a uno de esos momentos de suspensión de la credibilidad del espectador derivados de la preocupante tendencia que parecen tener algunos guionistas para meterse en huertos de los que luego no saben salir, porque no pensaron en esa salida cuando les pegó un subidón de adrenalina pensando en lo chulo que podía quedar la secuencia en pantalla (y queda muy chula, lo garantizo, es de lo mejorcito de la película lo del avión, y épica total: Pitt con un par en plan Grupo salvaje y que sea lo que tenga que ser), la película parece cambiar de ritmo y de tono. Deja atrás la clave épica internacionalista para convertirse en una especie de guió, homenaje o copia del cine de zombis al que estamos más acostumbrados, el cocinado en espacios interiores, con pocos personaje y medios, económicamente más controlado (lo que supongo también fue un descanso para el presupuesto de la película, que a esas alturas, tras el despliegue del resto de su metraje inicial debía estar francamente exhausto), y con los muertos vivientes transformándose de las hordas en plan enjambre rabioso del primer y segundo acto del relato en un terror más cercano e individualizado.

Ese cambio puede pillar desprevenido a un público que aseguro durante la primera hora y media de película ha sido sometido a un bombardeo de imágenes espectaculares. Afortunadamente hay un impagable chiste con el product placecement y las peripecias de laboratorio, laberinto y muertos vivientes que vive Pitt en esa fase final del relato incluyen suficiente intriga para mantener al personal entretenido, aunque el cambio de ritmo, por otra parte perfectamente evitable, porque en la novela de Brooks hay recursos suficientes para haber incorporado una escena final de retorno a la épica y el impacto visual que hiciera honor a los logros de la primera mitad de la película. Aunque, claro, eso habría requerido un esfuerzo final de inversión. Esto transmite una cierta sensación de desazón en el público por lo que habría podido ser y no fue. Como digo, no es tanto tema de presupuesto como de contrucción del propio proyecto y del guión del mismo. Si empiezas tan cañero, tienes que acabar igual de cañero. Habría bastado con reservarse parte de la inversión aplicada en alguna de las escenas de la primera parte para darle algo más de espectáculo al desenlace.

No obstante recomiendo Guerra Mundial Z como una de las mejores películas de zombis que he visto y creo que contribuye a abrir nuevas perspectivas a este subgénero. Lo que ocurre es que aquí, en aras de crear un entretenimiento más para todos los públicos, estamos en un tono más cercano a las aventuras y la intriga que al terror. Los muertos vivientes han sido desprovistos de la cualidad terrorífica que tuvieron en el original de George A. Romero para La noche de los muertos vivientes o Zombi, y en relatos más recientes como la serie The Walking Dead o la película de Zack Snyder Amanecer de los muertos, cuyo notable arranque épico ha sido ampliamente desarrollado subiendo el grado de espectáculo en esta película. Los zombis adquieren así una nueva personalidad en el cine que me resulta curiosa, por lo que supone de evolución del monstruo más inquietante y más definitorio de los terrores colectivos de nuestro tiempo que ha creado el cine en las últimas cinco décadas.

Miguel Juan Payán

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Modificado por última vez en Martes, 04 Febrero 2014 10:44
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