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Miércoles, 04 Enero 2012 14:22

TheYellow Sea *****

Escrito por Miguel Juan Payán
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Estamos en la primera semana del año y ya tengo una película como título fijo en mi lista de las diez mejores de 2012: The Yellow Sea.

De cinco estrellas, no digo más. Si no la ven, asuman las consecuencias de haberse perdido una de las mejores propuestas cinematográficas del año que acabamos de estrenar. Potente propuesta de cine policíaco coreano de alto octanaje en violencia, acción trepidante y con una calidad de contenidos que para sí quisieran muchas muestras occidentales del género.

Tal y como viene siendo habitual, el cine coreano nos propone un tratamiento de los géneros que resulta más maduro y solvente que el que nos ofrecen las producciones de Hollywood. Olvídense de Tarantino y de lo más trepidante que hayan visto en cine de acción norteamericano en los últimos años. El relevo de Sam Peckimpah y sus contundentes historias de acción con personajes interesantes y situaciones adultas no está en Estados Unidos, lo encontramos en Asia, y más concretamente en los últimos años en Corea. The Yellow Sea es un excelente ejemplo de gran cine de acción.

Dividida en cuatro actos o epígrafes, The Yellow Sea despliega con enorme habilidad un tapiz de tramas y subtramas que se va tejiendo en torno a un asesinato, una comunidad de desplazados, una frontera y dos formas distintas de entender el cine crimen organizado, la, digamos, más “civilizada”, representada por el señor Kim, y la más “salvaje”, o mejor dicho “primaria”, que es la que encarna el señor Myun, que deja en pañales a todas las representaciones de villanos o antagonistas que haya podido proponernos el cine policíaco norteamericano en el último año. El enfrentamiento final entre ambos recuerda el cuadro Duelo a garrotazos de Goya, y el resto del metraje de la película

Magistralmente construida en su ritmo, The Yellow Sea pasa por su prólogo de presentación del personaje central, un taxista hecho polvo por las circunstancias de su vida que recuerda al Travis de Martin Scorsese en Taxi Driver, pero sin voz en off, detalle que aporta un tono más verosímil al asunto, complementado con unas imágenes de claro tono documental que describen el mundo por el que se mueve el personaje. Luego el relato entra en la parte de cine negro propiamente dicha, con unas escenas de acecho en torno al golpe o crimen que se va a cometer, un ejercicio de cine negro tipo crook story, los criminales como protagonistas, y nosotros viéndolo todo desde el punto de vista del protagonista, y posteriormente arranca toda la parte de acción trepidante, con persecuciones ciertamente originales, situaciones que tomando como protagonista el absurdo de la vida dan lugar a un humor  descarnado, negro y cruel (los policías deteniendo el autobús y el tipo de la pala hacia son buenos ejemplos de ello), que provocan en el espectador una hilaridad culpable.  Ojo que el absurdo es la clave de todo el relato, la casualidad o el destino enredando sádicamente en la vida de los protagonistas desata una oleada de violencia que llena la pantalla de sangre y actos brutales. El absurdo queda además como último guiño al espectador en ese segundo final que llega después de algunos créditos, y que por supuesto no vamos a desvelar. Simplemente no se levante de la butaca cuando crean que han visto la última escena de la película… porque no es la última. Pero no teman: no les van a meter ocho minutos de créditos como en algunas producciones estadounidenses de superhéroes. En este caso basta con tres o cuatro minutos de créditos antes de que todo el sentido del sinsentido de la trama quede explicado de manera magistral, y con un final que deja al espectador la libertad de si es real o simplemente un último eco de los deseos del protagonista, recurso poético que traería lo fantasmal a quienes prefieran traducir toda esta fábula terrible como una construcción tejida desde el punto de vista de la ensoñación romántica, y a quienes, como un servidor, prefieren poner los pies en el suelo y ver el lado más nihilista y cínico del relato, nos deja pensar que esa imagen es una manifestación de la realidad y de la inutilidad de la lucha que mantienen los personajes desde el principio, absurdo puro y dura, una broma letal y bastarda. Dicho de otro modo, incluso siendo aficionados a Peckimpah, ese final nos permite elegir entre el Peckimpah más idealista y positivo, también el más romántico, que está en La balada de Cable Hogue, o el Peckimpah de “si se mueven, mátalos”, más materialista y descarnado, que está Grupo salvaje. De ahí la importancia de no levantar el culo de la butaca antes de tiempo.

Esa necesidad de ser pacientes y aprender a esperar está presente en el propio relato en la etapa de acecho de la presa que lleva a cabo el protagonista, en la que la tensión se construye de manera sencilla con la introducción de ese calendario en el que se va agotando el tiempo,  donde (detalle magistral) no hay tiempo, ni ganas, para echarle más que un rápido y casual, totalmente desprovisto de interés sexual, a la rubia fémina que posa en cueros vivos sobre las fechas tachadas. Digo que es magistral porque es un mensaje para el propio público: la necesidad de esperar antes del estallido de acción primero, con la fuga y la persecución, y de violencia más tarde, cuando la cuarta parte del relato estalla en la pantalla, imponiendo el protagonismo del gran antagonista, el señor Myun. Y lo que llega a la pantalla es un relato de violencia sin armas de fuego, con peleas a cuchillo, con hacha e incluso con un hueso. En esa fase, llama la atención la habilidad para dosificarse del director, que elige cuidadosamente qué episodios violentos debe mostrar al público, y qué otros debe hurtar a la mirada del espectador haciendo una elipsis (ejemplo: el enfrentamiento en el sótano del señor Myun y los sicarios de Kim, del que vemos sólo las consecuencias, consiguiéndose así un mejor efecto de impacto en el espectador a la hora de construir las últimas partes del relato).

Si pensaron que la pelea a martillazos del protagonista de Old Boy era impresionante, ver repartir leña al señor Myun con un hueso les va a poner los pelos de punta. Pero hay que tener paciencia, superar esa interesantísima y notable etapa de acecho que marca la primera parte del relato como una construcción de intriga repleta de tensión.

Miguel Juan Payán

Visto 2818 veces Modificado por última vez en Lunes, 09 Enero 2012 23:27
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