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Domingo, 04 Marzo 2012 15:27

John Carter ****

Escrito por Miguel Juan Payán
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John Carter es una mezcla perfecta de aventuras y ciencia ficción. La mejor adaptación que ha dado el cine de las novelas de Burroughs.

Tarde o temprano tenía que reivindicarse el nombre de Edgar Rice Burroughs como algo más –aunque no es poco- que haber sido el creador de uno de los personajes más famosos del género de aventuras, Tarzán de los monos. Burroughs fue además inspirador de la obra de otros novelistas que siguieron sus pasos, como Robert E. Howard, el padre de Conan y Kull, en Almuric, cuyo protagonista, Esaú Cairn, es casi un clon de la novela Una princesa de Marte que adapta John Carter. O de Leigh Brackett (guionista de El imperio contraataca) que además de rendir homenaje a la forma de narrar de Burroughs en Los reyes del mar de Marte, en la que destaca la novela La espada de Rhianon, escribió otra saga muy influenciada por esa misma fuente, Los perros de Skaith. Lo mismo puede decirse de Michael Moorcock, quien empezó escribiendo para un fanzine dedicado a proseguir el estilo Burroughs y escribió su propio ciclo de aventuras marcianas, Kane de la vieja Marte.

He querido comenzar este comentario sobre John Carter con todas estas referencias y en clave divulgativa porque creo que después de ver la película algunos lectores quedarán tan complacidos con ella que quizá estén interesados en salir disparados a la librería más próxima para conseguir material de lectura similar al que se nos propone en la película. Además en el último número de la revista Acción aparecido en los quioscos hago un repaso de las principales adaptaciones al cine de las novelas de Edgar Rice Burroughs incluyendo los carteles de las más significativas, de manera que a partir de ahí podrá el lector hacerse una idea más clara de la importante aportación de este autor a la literatura y el cine de evasión, no sólo desde las historias de selva de Tarzán, sino también en el marco del género de ciencia ficción en su vertiente de space opera. Es desde ese aspecto desde el cual John Carter nos aclara las influencias que Burroughs ha tenido en varias sagas de ciencia ficción que se han señalado especialmente en el mercado de ocio del siglo XX. Ello se debe a que la película es la primera traducción completa y suficientemente sólida en su presupuesto económico como para dejar claro lo mucho que hay de las historias de Burroughs en otras creaciones del mismo género que beben directamente de la fuente inagotable de imaginación y sugerencias que fueron sus novelas. Pienso por ejemplo en cuánto le deben al ciclo de novelas sobre Marte de Burroughs personajes como  Flash Gordon o Buck Rogers, por no hablar de lo tributaria que es del mismo la legítima heredera de éstos, la saga de Star Wars. Un ejemplo: cuando vean John Carter comparen las naves voladoras que allí aparecen con las que vemos en las escenas del sacrificio de las “víctimas del todopoderoso Sarlacc” en el espectacular arranque de El retorno del Jedi… Y conste que es sólo un detalle de parentesco directo entre muchos otros. Y por cierto, el propio James Cameron reconoció la influencia de Burroughs en su concepción de Avatar

Lo  que han conseguido los artífices de John Carter es ser totalmente fieles al potencial e imaginación que tenían las novelas de Burroughs sobre el ciclo de Marte. Cierto es que las novelas de Burroughs no han envejecido tan bien como otras muestras del género de aventuras y/o ciencia ficción clásicas, como por ejemplo las de Ridder Haggard, autor de Las minas del rey Salomón, Ella o Shaka zulú, pero lo que han conseguido el director y los guionistas de esta versión cinematográfica de la novela Una princesa de Marte es actualizar a la perfección el original sin traicionar su espíritu. Es más, han logrado poner a disposición de las imaginativas historias del novelista todos los medios de creación de historias, personajes, monstruos, criaturas y paisajes de que dispone el cine moderno, poniéndolos al servicio de una trama que consigue esquivar todas las trampas y campos de minas que desgraciadamente solemos encontrarnos en este tipo de historias concebidas eminentemente como cine de evasión y acción, pero quizá por ello no suficientemente cuidadas en  su guión, su creación de personajes y situaciones y sus diálogos. Ninguna de esas faltas asoma el hocico en John Carter. Al contrario. La película mezcla con una habilidad que para sí quisieran haber tenido los artífices de Cowboys y Aliens una entrada en el relato desde el género del western –por cierto, ahí tienen otra característica en común con La guerra de las galaxias-, adornándose en la recreación de la época de origen del protagonista -Estados Unidos poco después de la Guerra Civil- con una recreación del momento histórico que a mi modo de ver tiene el mismo carácter y personalidad convincente y la misma cualidad de mitificar al mismo tiempo esos paisajes del pasado que las recientes versiones de las peripecias de Sherlock Holmes filmadas por Guy Ritchie, o El prestigio, de Christopher Nolan. Pero junto a esa etapa, forzosamente breve si bien al mismo tiempo de gran importancia para situarnos en la trama, encontramos el arranque de la fábula en Marte, en una batalla entre naves voladoras que haciendo honor a la novela original, recuerda el género de piratas, y en cuanto a estructura argumental también el arranque de La guerra de las galaxias con el abordaje a la nave de los rebeldes...  Entramos así en el relato zambulléndonos en la piscina de la guerra entre las razas de Marte, y a partir de ese momento quedamos ya totalmente enganchados al relato.

Es un buen guión el que, una vez más, sirve como cimiento para un buen desarrollo de una trama que en otras manos y con otro tipo de guión podría haber fallecido presa de los tópicos y la falta de originalidad que aqueja a muchas otras producciones de este mismo estilo y género. Nadad e eso ocurre en John Carter, que proporciona dos horas de entretenimiento muy válido y evasión asegurada sin insultar la imaginación o inteligencia del espectador, y pasando por los lugares comunes inevitables en este tipo de tramas con elegancia y estilo. Dos ejemplos: la forma en la que se nos presentan subtramas que quedan como flecos de la historia para ser rellenados por el espectador, alimentando así el background y la verosimilitud de este ciclo de aventuras, como en el personaje y parentesco de la rechazada Sola de los marcianos verdes del planeta. O la forma en la que la película respeta la estructura argumental del original de Burroughs, que obviamente estaba influido por la  sombra del único conflicto bélico fratricida librado además en suelo norteamericano, la Guerra Civil, cuando hizo de las distintas razas marcianas el equivalente del Norte y el Sur de los Estados Desunidos, con los azules enfrentados a los rojos y complementados por ese reflejo de los indios que son los  marcianos verdes de cuatro brazos… O el modo en el que plantea la clave romántica imprescindible para explicar la historia entre los dos personajes principales sin poner en riesgo la participación y credulidad del espectador, a base de unos flashback muy oportunos que no sólo sirven para engrasar ese romance sino además explican el pasado del protagonista y ayudan a  que la escena de combate de uno contra todos nos resulte más interesante, justificada y sobre todo creíble, algo nada fácil.

En resumen: John Carter es mucho mejor de lo esperado, una cita con el cine de evasión de calidad que proporciona dos horas de entretenimiento bien construido y cuando acaba nos lleva a revivir las sensaciones de querer verla otra vez y esperar con ansia las próximas entregas de la saga que tuvimos cuando vimos La guerra de las galaxias.

Lo diré más claro: me ha gustado más que Avatar.

Miguel Juan Payán

Visto 5152 veces Modificado por última vez en Viernes, 23 Marzo 2012 10:04
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