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Jueves, 19 Abril 2012 17:20

Martha, Marcy, May, Marlene, ****

Escrito por Miguel Juan Payán
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los_vengadores

Martha, Marcy, May, Marlene es absolutamente imprescindible. Propuesta de cine de calidad. Un retrato esencial sobre el destrozo de las sectas.

En la misma semana en que se estrena Los Vengadores llega a la cartelera Martha, Marcy, May, Marlene para proporcionar una alternativa válida e incluso primordial, porque si te gusta el cine no hay nada como buscar la sorpresa más grata justo en el tipo de terreno que pisa esta excelente propuesta de cine independiente.

El mayor acierto de la película reside en que ataca la realidad de las sectas con contundencia, pero sin histrionismo; con intensidad pero sin melodramatismo. Martha Marcy May Marlene no falta al respeto a su protagonista limitándose a convertirla en víctima. Además, la película es ajena al exceso y el trapicheo fácil y miserable con las emociones del espectador para vender entradas por la vía del morbo. No hay en toda la película una sola imagen gratuita. El relato que nos cuenta resulta por ello doblemente siniestro e inquietante, ya que nos llega desnudo de todo abalorio melodramático y no tenemos otro remedio que contemplarlo como una crónica verosímil de la pesadilla que se va exponiendo en la pantalla con notable simplicidad y una sobriedad que refuerza la sensación de abrirnos una ventana a la vida de la protagonista.

Manejando con singular habilidad las claves del drama intenso, el director introduce además en un momento de la película un giro que instala la intriga en el relato sin desnaturalizar lo que nos han contado hasta ese momento.

La principal herramienta en la colección de recursos de la película reside en su ejemplar uso del presente y el pasado de la protagonista, una fluida composición de momentos distintos en la vida que nos mantienen tan confundidos y por tanto alertas, incluso inquietos, como a la propia protagonista, Martha.

Los momentos en la secta se alternan así mezclándose como una continuidad con la vida de Martha en casa de su hermana y su cuñado, utilizando el agua como una especie de sutil nexo de unión que aparece en algunos momentos destacados de la película. La elegancia y lo sutil de su puesta en escena es una de las claves visuales de este largometraje. Un ejemplo de ello es la escena que muestra el momento en que Martha deja de ser sólo una víctima para empezar a ejercer ella misma también como verdugo introduciendo a la recién llegada en el grupo y su ritual de iniciación sexual. Un momento al que llegamos con gran fluidez desde una escena en la que Martha está con su hermana en el huerto y pasa a trabajar en el huerto de la secta en un ayer que a medida que avanza la trama va adquiriendo tintes más siniestros. El plano de Martha esperando fuera del “recinto nupcial” a que se consume la iniciación de la novicia es uno de los momentos más intensos que nos ha ofrecido el cine en los últimos años, precisamente por su aparente simplicidad que sirve para apuntalar la ceremonia de normalización de lo terrible.

El terror de lo cotidiano, sin sobrecargas musicales melodramáticas, ni planos truncados, sin sobrepuntuación visual alguna, con una sencillez casi de documental, es otra aportación que hace de esta película una de las ofertas más interesantes, serias y maduras de la cartelera. A ello hay que añadir la notable habilidad del director para hacer que su película vaya cobrando un ritmo de desarrollo insidioso que camina hacia lo inquietante con las primeras incursiones de los sectarios en las casas. Una insidia como la que se manifiesta en toda secta y que nos pone en tensión con ese fundido a negro que cierra la escena de la crisis nerviosa de Martha porque tememos despertar con ella en el pasado de la secta. Una insidia que nos lleva a entender e incluso compartir el mosqueo del cuñado en la cena y llegar a la conclusión de que quizá la protagonista no pueda estar en otro sitio más que en una secta, lo que consigue convertirnos como espectadores también en parte del problema.

El reparto consigue además respaldar ese empeño del director en que aún identificándonos con la atribulada protagonista, entendamos y compartamos también puntualmente las posturas, reacciones y zozobras de su hermana y su cuñado. Martha es un personaje construido de forma brillante por Elizabeth Olsen, la hermana pequeña de las otrora célebres gemelas Olsen, que tras haber aparecido en Luces rojas demuestra aquí ser una gran actriz a la que hay que seguirle la pista con interés porque puede darnos muchos momentos brillantes en sus próximos proyectos, y de la que se rumorea que podría ser la protagonista de la versión norteamericana de Oldboy. Está eficazmente respaldada por el trabajo contenido pero intensamente dramático de Sarah Paulson como Lucy, la hermana, de Hugh Dancy como el cuñado, y sobre todo de John Hawkes, que escapa de su encasillamiento como personaje vulnerable interpretando al siniestro líder de la secta.

Creo que la película deberían ser obligatoria para mentes cándidas y trágicamente despistadas al efecto de despejarles todas las dudas respecto al tema de las sectas y las comidas de coco organizadas. Seamos claros: si eres joven y después de ver esta película eres tan ingenuo como para dejar que te enreden en alguna secta o similar te mereces lo que pueda pasarte, por imbécil. Por dejarte robar la personalidad a cambio de la más absoluta nada en lugar de estar prevenido cuando un sectario asome el hocico a tu alrededor y quiera comerte el coco. Debería sobrarte con el instinto de supervivencia que traes de fábrica para saber que si te prometen paz espiritual y felicidad sin materialismo a cambio de la pérdida de la identidad y de convertirte en una oveja de su rebaño no cabe duda de que te la quieren meter doblada. Pensar por tu cuenta es tu responsabilidad en una época como la nuestra, en la que la gente pierde la identidad con una facilidad que espanta a cualquiera con dos dedos de frente y suficientes neuronas en condiciones operativas. Hoy, como siempre, los lobos suelen presentarse con piel de cordero y escupiendo filosofía barata de anuncio de refresco sin cafeína y poesía de puerta de retrete escrita con rotulador verde fosforito que te invita a perseguir tus sueños, convertirte en líder y otras vainas similares. La película también describe a la perfección esa banalidad supina vendida como liberación del alma en la secuencia de los cantarines con la guitarrita. Está tan conseguida que me cabreó hasta el punto de desear que se les apareciera de repente el gran Blutarsky (John Belushi) de Desmadre a la americana para romperles la guitarra en la cabeza.

Buena prueba de que la película te atrapa.

Miguel Juan Payán

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