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Viernes, 22 Junio 2012 00:08

The Amazing Spiderman ****

Escrito por Miguel Juan Payán
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The Amazing Spider-man, buena y fiel adaptación del cómic al cine. Mejor que las tres películas anteriores de Raimi.

Los responsables del relanzamiento de la franquicia cinematográfica de Spiderman se han puesto las pilas comprendiendo que vivimos en los tiempos del éxito internacional de Los Vengadores y la inminente llegada a la cartelera de El Caballero Oscuro, la leyenda renace y no es plan de enchufarnos una nueva entrega melódico-pastelosa de las peripecias del Lanzarredes y la pelirroja Mary Jane Watson, sino simplemente de retornar a las verdaderas raíces del personaje de las viñetas Marvel. Han dado en el blanco. Justo en el centro de la diana. Con mejores escenas de acción, mejores lanzarredes, mejor recreación de los balanceos de Spiderman por la ciudad…

En general mucho mejor todo.

El primer acierto ha sido cambiar la fórmula de Sam Raimi, que inevitablemente parecía empeñado en hacer una historia romántica en la que, eventualmente, había alguna actividad superheroica. Cuando más se apartó de esa tendencia –y más se aceró a la que ahora exhibe el nuevo Spiderman cinematográfico- fue en la segunda película de su trilogía, y no es casualidad que ésta fuera precisamente la mejor. Las versiones Raimi nunca me convencieron, su protagonista tampoco. Spiderman no es el pagafantas que nos pintaron en los tres largometrajes anteriores, que se me fueron atragantando por esa tendencia a poner lo romántico por delante de las aventuras y la ciencia ficción. Como intuyo que saldrá algún defensor de las anteriores versiones pretextando que sí había ciencia ficción, aventuras y demás en las mismas, repito y aclaro: naturalmente que estaban presentes esos elementos, pero no con el mismo peso dramático que la trama romántica, claramente elegida como epicentro.

En The Amazing Spiderman hay rollito entre el Trepamuros y su ligue de toda la vida, el que siempre le hemos conocido en primer lugar los seguidores del personaje, la rubiales Gwen Stacy. Lo que hizo Raimi con ese personaje femenino en la trilogía anterior fue simplemente una chapuza. Y además ni siquiera respetó la verdadera naturaleza de la propia Mary Jane Watson, que en sus manos y las de Kirsten Dunst se convirtió en una tía tirando a tristona y muermazo, todo lo contrario de la figura eminentemente optimista que conocemos los lectores de los cómics de Spiderman. De manera que Raimi no sólo nos enchufó una historieta eminentemente romántica, sino que además nos coló una tragedia sentimentaloide que no responde al original. Mi impresión después de ver esta nueva versión es que simplemente Raimi no llegó a entender demasiado el verdadero espíritu del personaje de Peter Parker. Para los despistados o diletantes, dos ejemplos: el rollito que se traen Mary Jane y Parker en la saga Spider Island o incluso la muerte de Spiderman en el universo Ultimate, paralelo al convencional de la Marvel. Observarán que incluso en ese momento final hay un toque épico y optimista en Peter Parker que no asomó en casi ninguna secuencia de las tres películas dirigidas porRaimi.

The Amazing Spiderman mete el rollo romántico de manera fluida, sin entorpecer la intriga ni la acción, sin frenar el ritmo de la historia, y sobre todo sin tragedias forzadas, sin pena, penita pena, de manera eminentemente optimista. Reparen quienes vean la película en ese momento final de retorno a las clases de Parker y entenderán mejor a qué me refiero. Incluso cuando la tragedia o la muerte aparece en escena, no se pasan de la raya con el asunto, no se regodean en el morbo de la tristeza, apuestan siempre, como en los comics originales, por lo mismo que apostaría el Peter Parker original: seguir peleando hasta el final de los finales, sin arrugarse y sin ponerse moñas.

El segundo acierto ha sido la elección del reparto, empezando por el protagonista. Tras aguantar la perpetua cara de pasmado de Tobey Maguire, ha sido un verdadero descanso ver cómo Andrew Garfield reivindicaba una interpretación de Spiderman más cercana a la de los cómics, dignificando el personaje con esa primera media hora de metraje, más o menos, en la que incluso sin poderes el tipo ya es intrépido y muestra recursos para abrirse paso incluso entre los matones de la escuela. Así han mejorado todo lo que le rodea y añadiendo el sentido del humor que siempre le faltó a las versiones anteriores, han conseguido hacer mucho más sólido su mundo y el resto de los personajes que lo habitan, así como las relaciones de Parker con los mismos. De repente nos encontramos con que la intragable Tía May se nos hace mucho más tolerable en manos de Sally Field, y el tío Ben resulta menos tópico en manos de Martin Sheen, mientras la evolución de la relación con Flash Thompson, personaje destacado luego en los cómics, se solventa en un alarde de economía narrativa en apenas tres escenas que marcan los cambios. En cuanto al tema romántico con Gwen Stacy, tocado por ese optimismo que he comentado antes se hace menos pesado y truño que el asunto con la falseada Mary Jane de Raimi, y además aporta un conflicto dramático breve pero contundente y resuelto de forma solvente y con cierto toque épico con el padre de la muchacha, el capitán Stacy, que como antagonista “civil” de Spiderman funciona aquí mejor que el gritón y más estereotipado Jonah Jameson.

Finalmente el tercer acierto es el villano elegido para retomar el personaje, el Lagarto, que aporta una faceta de conflicto metahumano muy curiosa, próxima a la licantropía y a los clásicos de la era dorada del cine de ciencia ficción de los años cincuenta, que tanto inspiró a Stan Lee para la creación de su galería de supervillanos. En el doctor Curt Connors y su complejo de inferioridad por la falta del brazo derecho, tan bien expresado visualmente en esa imagen que precede a la transformación donde el personaje, muy bien construido por Rhys Ifans, juega con su imagen reflejada en un cristal, encontramos ecos de la versión clásica de La mosca, dirigida por Kurt Neumann en 1958. Connors y el Lagarto aportan además una clave inquietante próxima al terror, o por lo menos relacionada con lo siniestro, que enriquece notablemente el paisaje narrativo general de esta fábula.

Me ha gustado también mucho la manera de recrear la ciudad, el paisaje de desfiladeros de acero y cemento urbanita por el que trepa y se balancea el protagonista, que, un detalle importante, no deja de ser Peter Parker cuando se convierte en Spiderman, simplemente se pone el uniforme. Ese detalle de humanización y proximidad al público del personaje en esta nueva versión se expresa con la infalible magia de la sencillez (el tema de los huevos, por ejemplo), y con un recurso que los artífices de la película han sabido captar con habilidad de El Caballero Oscuro de Christopher Nolan, ese momento de protagonismo de la gente común en la escena final de las grúas. Más breve, pero construido con la misma clave de la secuencia de la gente atrapada en los transformadores en la segunda aventura de Batman dirigida por Nolan, capta una de las características esenciales de los superhéroes como personajes claves de la cultura popular y de Spiderman en general: el contacto de estos remedos de los antiguos dioses del Olimpo de la mitología griega con la gente corriente.

Esto último y en general el conjunto de esta reinvención cinematográfica de Spiderman con muy buen ritmo narrativo que permite a la película irse a más de dos horas de metraje sin hacerse pesada en ningún momento (cosa que no me ocurrió con la primera película de Raimi), me lleva a pensar que The Amazing Spiderman puede ser para el Hombre Araña de la Marvel lo que en su momento fuera Batman Begins para el Hombre Murciélago de la DC. Esta buena primera entrega apunta a ser un primer paso en un camino que se presenta interesante, a la vista de esa escena final tras los créditos. Dicho sea de paso, se la perdieron por su habitual impaciencia buena parte de mis compañeros en el pase de prensa y sospecho se la perderán por el mismo ataque de prisas algunos espectadores en los cines, aunque al contrario de otras producciones Marvel no hay que esperar hasta el último crédito más de ocho minutos de letras, sino que basta con unos dos o tres minutos, al estilo de la escena final de Los Vengadores. En ese momento final de Connors con ese otro personaje conviene fijarse en la voz si es en versión original, por cuanto anticipa jugosas apariciones y sorpresas en la segunda entrega. Si el Batman de Nolan tuvo su Joker en El Caballero Oscuro

Miguel Juan Payán

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