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Viernes, 16 Noviembre 2012 17:22

Holy Motors ****

Escrito por Jesús Usero
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Película experimental que bordea la ciencia ficción, con momentos de grandeza. Cine francés experimental, en una película que bien podría haber sido rodada por un David Lynch recién salido de Mullholland Drive. Eso sí, avisamos, no es cine para todo el mundo ni para todos los paladares. Es para cinéfilos que sepan muy bien lo que van a ver, una experiencia distinta, conceptual, hipnótica y a veces un pelín presuntuosa (es cine francés, qué le vamos a hacer), pero con instantes de una fuerza, sobre todo merced a los actores, que son arrebatadores, sorprendentes. Avisado queda todo el mundo antes de entrar en una sala de cine para ver Holy Motors. Incluso la película te avisa con su escena inicial, que nos muestra un cine en el que se proyecta una película… rara, y toda la platea duerme plácidamente.

La trama no es fácil de describir, pero en base sigue la vida de un tipo, el señor Oscar, que del amanecer al anochecer recorre la ciudad en limusina dando vida a muchos y diversos personajes para deleite de una supuesta audiencia, unos clientes que pagan para verle en determinadas situaciones, pese al desgaste emocional y personal que eso pueda suponer. Y a lo largo de ese día le veremos ser un banquero, un monstruo, un asesino, un padre preocupado, un músico… Curiosamente los pocos momentos en los que es él mismo es cuando está dentro de la limusina y se transforma en otro personaje. Excepto por el momento que comparte con Kylie Minogue.

A veces pasamos del drama a la comedia, de lo conceptual más extremo, al realismo cercano, de comprender al personaje, como cuando se enfrenta a su contacto con los clientes en la limusina, a no entender nada. La escena de la Bella y la Bestia, con Eva Mendes, es perfecto ejemplo de esa mezcla de géneros, en una escena que es a la vez hilarante, hipnótica, fantástica y perturbadora, sin tener un rumbo fijo, sin un sentido completo. Como toda la película, el sentido se lo tenemos que dar nosotros.

La película de Leos Carax juega a no presuponer nada del espectador, a dejar a su libre entendimiento e inteligencia lo que quiera obtener de la película. Un viaje a las entrañas de lo que supone ser actor, un paseo por nuestra propia vida, por los miles de deseos y personas que nos habitan, un camino hacia la muerte y el olvido. Un sueño dentro de un sueño, que siempre acaba con una nota triste. La más triste posible. Y no sería posible tanta complejidad sin la presencia camaleónica en todos los sentidos de Denis Lavant, que cambia de piel como quien cambia de chaqueta. Escoltado siempre por Edith Scob, su fiel conductora de limusina.

A veces vaga demasiado sin rumbo, a veces cuesta seguirle el ritmo a una película pausada y sin rumbo fijo. A muchos les resultará pedante y aburrida. Pero quien la pueda y sepa paladear, se encontrará con una obra compleja y profunda, enigmática y de una enorme belleza. Cine extraño, para tiempos extraños.

Jesús Usero

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Visto 1832 veces Modificado por última vez en Martes, 20 Noviembre 2012 22:43

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