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Miércoles, 21 Noviembre 2012 14:40

El origen de los guardianes ***

Escrito por Miguel Juan Payán
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El origen de los guardianes, película familiar para reencontrarse con los personajes míticos de la infancia transformados en superhéroes.

Dos tendencias o modas del cine actual se dan cita en El origen de los guardianes. Por un lado podemos inscribir la película entre la colección de producciones que llegan a los cines y la televisión en estas fechas para hacerse eco de las fechas navideñas. Por otro se integra en la moda del cine de superhéroes. En ambos casos resulta novedosa y por tanto curiosa en sus planteamientos.

En la faceta que podríamos llamar más “navideña”, se sale de lo común por su tratamiento estético y argumental. El despliegue visual está asumido, obviamente, con el 3D como compañero de viaje al que le sacan buen partido algunas secuencias de acción en plan tobogán, como los viajes de los protagonistas a los distintos lugares de sus mundos fantásticos, y más concretamente al mundo del Hada de los dientes. Pero no me refiero a eso. Me refiero a que para ser una película navideña de corte familiar, que por tanto tiene a la infancia como target casi obligado, incluye momentos muy interesantes de tinte claramente siniestro en torno al personaje del villano, empeñado en robarle la ilusión a la infancia con ese tinte inquietante que en mi opinión es la parte más cercana a las inquietudes creativas de uno de los productores de la película, Guillermo Del Toro. Recuerdo haber charlado con él sobre el tema de los cuentos infantiles y las producciones de dibujos animados aprovechando una entrevista que le hice para la revista Acción con motivo del estreno de El laberinto del fauno. Cuando le comenté si prefería los dibujos animados de la Disney o los disparatados cortos de animación de la Warner Bros., me confesó que le gustaban más los primeros precisamente porque le resultaban más inquietantes. Basta pensar en momentos siniestros de Blancanieves, con la bruja y la manzana, Pinocho, etcétera, para entender por qué el personaje del villano y sus siniestros caballos que representan las pesadillas me han resultado tan cercanos, no sólo en diseño sino también como concepto, a algunas de las criaturas temibles que siempre han poblado las fantasías de los dibujos animados de la Disney. De manera que aviso a los padres que no se corten, que no se asusten y teman llevar a los niños a ver esta película por ese comentario que he hecho sobre la naturaleza inquietante del villano, porque no es tan oscura como para que pueda molestar o inquietar a los niños más allá de la natural, necesaria e incluso saludable y muy formativa relación que debe establecerse en la infancia con el miedo. En esta sociedad tan sobreprotectora y fundamentalmente cobarde, vamos a terminar por quitarle toda la salsa a la vida entre la castración de las fantasías infantiles y la dictadura de lo políticamente correcto. Creo que es bueno, saludable, que en una película familiar se incluyan momentos inquietantes, sin llegar al terror salvaje para adultos, sino simplemente trabajando en los parámetros lógicos y razonables para un público infantil que disfruta con las historias “de miedo”.

De manera que aclarado una vez más: esto no es El exorcista. No teman.

En lo referido a la otra moda, la de los superhéroes, la propuesta planteada por El origen de los guardianes resulta también novedosa porque se plantea renovar la parafernalia y paisajes de los personajes clásicos del folclore infantil. De ese modo se forma un grupo de superhéroes, los Guardianes del título, constituido por el Conejo de Pascua, Santa Claus, el Hada de los Dientes (equivalente de nuestro Ratoncito Pérez, que por cierto hace un cameo para establecer el vínculo cultural con el personaje anglosajón), y lo que en España llamaríamos El Tío de la Arena, que allí es Sandman, una especie de protector de los sueños infantiles, particularmente almibarado para mi gusto, el azucarillo de la función, por decirlo de algún modo, que no obstante, siguiendo la misma pauta que preside la transformación de estos personajes en algo más actualizado, incluye una naturaleza superheróica. Así, los superpoderes de estas criaturas de ficción, el ejército de Yetis de Santa Claus, el ejército de huevos robotizados del Conejo de Pascua, las legiones de pequeñas hadas del Hada de los Dientes y las habilidades de Sandman constituyen la salsa visual de un ejercicio de crossover, tan habitual en las viñetas de los cómics de la Marvel y DC, pero totalmente nuevo en este otro tipo de personajes. La fórmula de cruzarlos y reunirlos a todos en una misma historia partió del creador de las novelas infantiles y juveniles escritas por el ilustrador William Joyce, que tienen una componente en mi opinión más épica que la de la propia película en dibujos animados que aquí comento. Basta reparar en el título de las dos primeras novelas, Nicolás San Norte y la batalla contra el Rey de las Pesadillas y Conejo de Pascua y su ejército en el centro de la Tierra, para percatarse de ello. Digamos que esas novelas son, siguiendo el arco cronológico de esta nueva franquicia, son para la película que ahora se estrena algo así como una precuela, lo que fuera El Hobbit para El señor de los anillos o Las guerras clon para la trilogía clásica de Star Wars. Están además claramente influidas por Alicia en el País de las Maravillas y El Mago de Oz, para dejar aún más claras las fronteras de estos antecedentes escritos de la película, que me parecen bastante interesantes y una lectura entretenida incluso para público adulto.

Por el contrario la clave del desarrollo de El origen de los guardianes es otra, porque de hecho su protagonista es también otro. La película es la historia del reclutamiento y primera misión de un nuevo guardián, Jack Frost, que aquí han traducido como Jack Escarcha. Es por ello una trama de iniciación, de búsqueda de su pasado, en la que el guión sigue, quizá con excesivo tesón y escrúpulo que impiden grandes sorpresas, la fórmula del viaje del héroe tradicional. Y en ese viaje, esto es, para seguir esa fórmula estandarizada en la trama, creo que la película comete el error de apartarse de la imaginación más desbordante y los detalles más imprevisibles y disparatados que encontramos en las novelas, como el Tren-Huevo del reino del Conejo de Pascua, los Lamas Lunares, los Temores, el Genio Robot o la historia de la Edad de Oro incluida en el Libro Primero de la saga literaria.

Quiero decir con esto que la película me parece interesante por ese equilibrio entre lo navideño-familiar y lo pesadillesco que he mencionado y por ese juego de imaginación que pone en marcha a los personajes de los Guardianes, pero al mismo tiempo me da la impresión de que en el camino para elaborar un guión para una variante en el mundo real y contemporáneo, se han quedado por el camino algunas de las cosas que me parecen más curiosas de las novelas.

En conclusión: una película familiar de aventuras trepidantes, con espectáculo de acción garantizado y un trabajo de tuneado curioso en los personajes clásicos del folclore infantil.

Miguel Juan Payán

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