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Viernes, 18 Enero 2013 15:02

El último desafío ***

Escrito por Miguel Juan Payán
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El último desafío. Arnold Schwarzengger regresa a la acción con una potente propuesta en clave de western moderno

Lo primero que se me vino a la memoria cuando empecé a ver El último desafío fueron las películas del oeste que protagonizó John Wayne en la última etapa de su carrera, títulos como Los indestructibles, Chisum, La soga de la horca o Ladrones de trenes, en las cuales el veterano astro del cine de acción explotaba su imagen como icono del género en historias argumentalmente muy sencillas, pero con una clara competencia para entretener. El último desafío copia esa fórmula de las películas de la última época de John Wayne con el esquema de Río Bravo pero el espíritu del remake de ésta, El Dorado. Schwarzenegger ocupa aquí, salvando las distancias, el lugar de epicentro de la trama que ocupara en aquellas Wayne, sosteniendo su personaje con su sola presencia, con la veteranía que da la carrera que tiene a sus espaldas, capaz de garantizar que algunas de sus escenas funcionan simplemente porque él es quien es, y seguramente no funcionarían en manos de otro actor con menor carga de popularidad.

Forma también parte de esta fórmula que vimos en las últimas películas de John Wayne rodear al astro icónico que un competente reparto de actores que sustenten a los personajes secundarios envolviendo e incluso arropando al actor principal. En dicha función encontramos a otro veterano como Forrest Withaker, que aporta todo su talento al sencillo esquema argumental otorgándole mayor solidez desde el punto de vista interpretativo junto con el trabajo como villano étnico al que el español Eduardo Noriega consigue llevar más allá del carácter tópico con el que ha sido concebido inicialmente. Habrá quien mirando esta película desde la superficie, con prejuicio por tratarse del retorno del hiperactivo Schwarzgenegger a los papeles protagonistas en el cine se precipite en sus conclusiones y no valore como debiera el notable trabajo de construcción de personajes secundarios realizado por ese reparto, que sin duda aporta calidad al producto final. Junto a los citados hasta el momento encontramos en papeles de reparto a Jamie Alexander, actriz cuya carrera debería ir en ascenso y que esperamos tenga mayor papel en la segunda entrega de Thor, Peter Stormare en un papel de villano característico al que presta unos matices que sólo son posibles en actores de su experiencia, Luis Guzmán, Rodrido Santoro, Johnny Knoxville, Zach Gilford o Génesis Rodríguez, habitan con una personalidad muy especial sus aportaciones al relato, hasta conseguir que sea algo más que el simple reencuentro de Schwarzenegger con su público incondicional apretando el gatillo en un retorno con su punto de nostalgia por el cine de los ochenta, aunque en algunos momentos pueda parecer que estamos viendo una secuela de Commando en la que el protagonista ha conseguido reciclarse como sheriff de un pequeño pueblo norteamericano.

El otro elemento a tener en cuenta es la personalidad del directo encargado de orquestar visualmente este retorno de Arnold Schwarzenegger. Kim Jee-Won es una excelente elección para que El último desafío adquiera entidad propia como película de acción más allá de su naturaleza como proyecto concebido para el lucimiento de su protagonista. La primera noticia que tuvimos de este director coreano en la cartelera española fue su curiosa aproximación al género de fantasmas en una clave de intriga inquietante en Dos hermanas, pero luego nos ha regalado una de las más divertidas, originales y gamberras muestras de reciclaje y homenaje del espagueti western en El bueno, el malo y el raro y otro viaje a lo siniestro y lo inquietante con Encontré al diablo. Estas tres películas dejan claro que el responsable de El último desafío es un todoterreno capaz de sacar cosas interesantes incluso cuando se aplica a la repetición de una fórmula genérica muy explotada, y es eso precisamente lo que hace con gran eficacia en este nuevo trabajo, el primero que rueda paras el cine estadounidense. Sin apartarse de los códigos del traje a medida para explotar la imagen de Arnold Schwarzenegger consigue incorporar elementos que apartan la película de lo que podría haber sido un monólogo más previsible y menos dinámico del actor.

A título más anecdótico quedan las críticas que puedan llegar contra la película por la exhibición e incluso el carácter casi promocional de la posesión y el uso de armas de fuego que incluyen algunas de sus escenas, y más concretamente un chiste con anciana bien armada, la señora Salazar “haciendo justicia”. Estas secuencias hay que ponerlas en el contexto de la verdadera naturaleza de la película, que es eminentemente un western cronológicamente desubicado, contemporáneo. Es cine de acción con todas las consecuencias, entre las cuales destaca esa especie de culto por las armas que forma parte del género desde los primeros tiempos del cine mudo. Pero eso quizá no sea suficiente para impedir que la película suscite algún comentario negativo desde las filas de la corrección política o sea presa de algún tipo de polémica en un momento en que el tema de la regulación del uso y posesión de armas de fuego está de máxima actualidad en la sociedad estadounidense.

Miguel Juan Payán

Opiniones del público a cargo de nuestro redactor Víctor Blanco.

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