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Martes, 22 Enero 2013 21:41

Coriolanus ***

Escrito por Miguel Juan Payán
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Coriolanus, actualización de la obra de Shakespeare dirigida por Ralph Fiennes que se sustenta en los actores.

Ralph Fiennes se apunta a la actualización de la obra de Shakespeare entrando así en un grupo de películas donde también podemos encontrar la versión de Romeo y Julieta que dirigió Baz Luhrman en 1996 o Titus, dirigida por Julie Taymor en 1999. Ambas tienen en común el intento de acercar las obras originales a nuestros días, pero no todas consiguen los mismos resultados.

En mi opinión hay un trabajo de actualización de los planteamientos de Shakespeare más interesante en la serie Roma que en algunos de estos intentos de poner a Shakespeare como pretexto para explorar y jugar con estéticas vanguardistas, caso de la película de Luhrman o la de Taymor. Estamos hablando en todos estos casos de una actualización externa, sobre localización y estética principalmente. Coriolanus ha hecho que vuelva a preguntarme hasta qué punto es oportuna o incluso necesaria esa actualización. Una de las grandes glorias de las obras de Shakespeare es que no requieren actualización de su capa más exterior y no ganan demasiado trasladándolas a nuestros días o adornándolas con una estética propia del videoarte o el videoclip musical de nuestros días. La modernización no es necesaria porque basta con echarle un nuevo vistazo a cualquier obra de Shakespeare para darse cuenta de que son plenamente actuales, incluso muy recomendables para explicarnos el desbarajuste político, social y moral que estamos viviendo en nuestros días. Rodada en 1953, la versión de Julio César de Joseph Leo Mankiewicz no dejó de ser un interesante testimonio de la convulsa y siniestra actualidad que vivían los Estados Unidos en plena Caza de Brujas del senador Joseph McCarthy por el hecho de ceñirse a la ambientación y localización de la historia en la antigua Roma. Muy al contrario. Los propios espectadores pudieron participar más y mejor en la película sacando sus propias conclusiones al respecto de los paralelismos entre lo que contara Shakespeare y lo que estaba ocurriendo a su alrededor. Además no es ocioso en absoluto que Shakespeare eligiera la antigua Roma como contexto para sus tragedias políticas, por lo que toda maniobra de sacarlas del mismo no deja de ser una forma de robar parte de su virtud a las intenciones originales del autor, llevando la adaptación al peligroso terreno de la interpretación libre e incluso gratuita de las características que definen a las obras originales.

En el caso de Coriolanus creo que ese intento de Ralph Fiennes de actualizar trabajando sobre lo externo, esto es, situando a sus personajes en una actualidad cronológica y geográfica más o menos indefinida, pero donde cobran protagonismo excesivo los medios de comunicación, televisión principalmente, es un lastre para que puedas brillar lo realmente interesante de su propuesta, que como no podía ser de otro modo son los actores.

Eso no ocurría tanto en Titus de Julie Taymor, donde el brillante envoltorio estético aportaba tintes esenciales para arropar a los personajes y reforzar el trabajo de los actores. Por el contrario en Coriolanus el gran trabajo de interpretación del propio Ralph Fiennes, y el aún mejor trabajo de Vanessa Redgrave, que en su papel de madre del protagonista es en mi opinión lo mejor de la película junto con Brian Cox, queda apagado por ese pedregoso envoltorio visual de tonos pardos. La patricia Redgrave se impone con enorme autoridad a todo lo que la rodea, que sin embargo acaba engullendo a la talentosa pero aquí casi borrada Jessica Chastain y no es el mejor aliado para un Gerad Butler que debería haber sido al Coriolano de Fiennes lo que en su momento fuera para el César de Louis Calhern el Marco Antonio interpretado por Brando en el Julio César de Mankiewicz, pero queda bastante por debajo de las expectativas creadas incluso por el cartel promocional de la película.

Resumiendo: a este Coriolanus le sobra ese despliegue de hazaña bélica de sus primeros compases y la reubicación de su argumento en una actualidad de trajes de chaqueta, cámaras de televisión y teléfonos móviles en lugar de togas romanas. Afortunadamente tiene un reparto competente con ese auténtico volcán interpretativo que es Vanessa Redgrave y debería ser imprescindible para los incondicionales de Ralph Fiennes.

Miguel Juan Payán

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