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Miércoles, 06 Marzo 2013 01:23

Oz, un mundo de fantasía ****

Escrito por Miguel Juan Payán
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Oz, un mundo de fantasía saca el máximo partido al 3D en el mejor tridimensional desde Avatar. Buen entretenimiento familiar.

Mucho mejor que la versión de Alicia en el país de las maravillas que dirigió Tim Burton, más divertida, con un James Franco que da vidilla a todo el relato con un tono picaresco en uno de sus mejores trabajos, Oz, un mundo de fantasía cuenta con uno de los mejores arranques de historia que hemos visto este año, visualmente imaginativo, narrativamente interesante, muy bien trabajado como anzuelo para atraparnos en una trama que saca el mejor partido a las imágenes tridimensionales y rinde homenaje tanto a las novelas como a la película de El mago de Oz actualizando la propuesta fantástica de las mismas para el público de nuestros días.

Uno de los aciertos del guión es mantener ese tono sarcástico en el protagonista, enfrentado en definitiva a un enredo entre tres hermanas, las brujas de la historia, cuya disputa familiar por el poder no consigue implicarle del todo en dicha cruzada. Es eso lo que hace que compremos el personaje de este mago de Oz en clave de héroe reticente y en algunos momentos incluso antihéroe recalcitrante. El pellejo de este personaje es el mismo de los Rhett Butler de Lo que el viento se llevó y el Han Solo de Star Wars, lo cual es todo un hallazgo para mantenernos enganchados a un relato que junto a su suntuoso y brillante despliegue visual tiene que lidiar por otro lado en la parte negativa con un guión que en el momento de su desenlace se torna algo blandengue, bienpensante y buenrrollista, defensor de una filosofía de la lucha entre el bien y el mal simplista y peligrosamente ingenua. Naturalmente nos resulta tremendamente fácil aceptar esa especie de merengue filosófico para todos los públicos porque la verdadera magia está en sus imágenes. Ante ese efecto, no es extraño que viendo Oz, un mundo de fantasía, haya recordado lo que dijera Luis Buñuel de una joya del cine visualmente impresionante pero tremendamente floja respecto a su historia y el desarrollo de su guión, Metrópolis, de Fritz Lang, que según el célebre director español tenía a dos películas en su interior, la del despliegue visual impresionante, una joya del cine, junto a un planteamiento argumental incluso infantiloide. En Oz, un mundo de fantasía conviven también no dos, sino incluso me atrevería a decir que tres películas, y dos de ellas le ganan la partida en positivo a su parte negativa. El despliegue visual y el planteamiento sarcástico del personaje central, el sentido del humor de sus compañeros de aventuras (el mono con alas y la muñeca de porcelana navajera), le ganan la partida en clave positiva a la parte más débil de la propuesta, que es esa lucha por el poder muy tópica y previsible, con los personajes un tanto estereotipados de las tres hermanas, que constituyen la parte menos interesante de la película.

Es por eso que toda la primera parte, aproximadamente la primera hora y veinte de película, me parece de lo mejor que he visto este año en un cine en clave de relato fantástico, pero cuando se acerca el desenlace, tras la visita de la bruja deformada y con escoba al reino de Glinda la Buena (en serio, lo de los nombres de la bruja buena y la bruja mala puede ser un intento de respetar el espíritu de las novelas originales sobre Oz y la película que protagonizara Judy Garland, pero podrían haber modificado algo esos nombres para que no nos rayaran tanto con su infantilismo), y camino del enfrentamiento entre las dos facciones principales, el asunto se hace mucho más previsible. No obstante, incluso en esa fase más predecible y repetitiva de lucha final, ejército contra ejército, esta película le gana por goleada a la propuesta que nos hiciera Tim Burton con su Alicia en el país de las maravillas.

Pero incluso esa parte final más predecible contiene algunos elementos y momentos curiosos y además en la misma los personajes más estereotipados de las tres brujas están bien defendidos por las actrices encargadas de dar vida a esos personajes menos flexibles que el del mago de Oz y sus auxiliares (el mono, la muñeca). Así que realmente no perdemos del todo el interés por la película, consiguen mantenernos dentro de la misma. Y eso es un logro considerando además que estamos ante un metraje que excede las dos horas de duración en diez minutos sin que en ningún momento decaiga el ritmo del relato realmente merced a la acumulación de nuevos personajes casi continuada.

Añadan a lo que más me ha gustado de la película a los monos voladores, temibles criaturas que consiguen imponer un toque de terror interesante en todo este cuento que me convence en un 80 por ciento de su metraje y sólo al final, en su tercer acto, decae, sin perder totalmente mi atención, con vistas a darle un cierre que en mi opinión debería haber sido algo menos conformista y previsible, menos apegado a la fórmula del cierre más convencional de la historia. De tener un tercer acto tan visualmente imaginativo y narrativamente provocador como el de su arranque podríamos haber estado fácilmente ante una película de cinco estrellas, habida cuenta de que, como ya he señalado, desde el punto de vista técnico, visual y de imaginación en el uso del 3D creo que esta película es una de las mejores propuestas fantásticas del año.

Lo diré más claro: incluso con su relativa debilidad en el desenlace, que confirma lo que ya dije de Sam Raimi cuando dirigió Spiderman: después de Darkman tiene una preocupante tendencia a no ser tan gamberro como fuera en la saga de Posesión infernal u Ola de crímenes, ola de risas, y tiende a dejarse llevar por el arrebato romántico-blandengue, Oz, un mundo de fantasía me ha convencido y he pasado un buen rato viéndola. Obviamente no es mi tipo de cine. En contra de la opinión más general, El mago de Oz no me despierta el afecto cinéfilo que he observado en otros colegas y aficionados. Es más, me parece una historia muy tontorrona e ingenua. Me deja frío. No aguanto a Judy Garland ni a sus coletas de tamaño cambiante para camuflarle la delantera, ni al perro Totó, ni al León Cobarde, ni al Espantapájaros, ni al Hombre de Hojalata. Y cuando se ponen a cantar todos ellos en el camino de baldosas amarillas empiezo a experimentar síntomas similares a los que experimentaba el Doctor Jekyll después de ingerir su bebedizo para convertirse en el temible señor Hyde. Y a pesar de ello he pasado un buen rato viendo Oz, un mundo de fantasía.

Miguel Juan Payán

Amplio reportaje y póster de Oz, un mundo de fantasía en el número nº 1303 de ACCIÓN correspondiente a Marzo de 2013 a la venta en quioscos, pincha aqui para más información o adquirirlo.

Opiniones del público a cargo de nuestro redactor Víctor Blanco.

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