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Martes, 09 Abril 2013 16:08

Entrevista José Luis Cuerda Destacado

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Los llanos manchegos de Castilla tienen cuerpo de arruga soleada a través de la tupida barba de este albaceteño de pro, mientras luce figuradas alpargatas esculpidas por caminos machadianos, rotas con piedras capaces de rasgar la piel de sus callos. José Luis Cuerda (Albacete, 1947) es un hombre de verbo fácil y mente despierta, que acomoda su discurso al vehículo que acoge sus pensamientos (aunque en algunas ocasiones la cosa vaya al revés). Así ha parido un texto extraño a base de tuits (casi un ovni literario o ensayístico) titulado humorísticamente “Si amaestras a una cabra, llevas mucho ganado (MR Ediciones); excusa perfecta para charlar con este hombre de proteica sombra hogareña: un señor de extensa carrera en el Séptimo Arte, al que se deben obras tan emblemáticas como “Amanece, que no es poco”, “La lengua de las mariposas”, “La marrana” o “Los girasoles ciegos”.

Aislado de los acordes primaverales, sentado en una sala sin eco y con estilo calcado al despacho de un director de colegio, el veterano director recibe a Acción; engullido por las fauces madrileñas del sello Planeta, y con el cansancio de los que llevan varios días departiendo con periodistas y rellenando respuestas (muchas de ellas vestidas de comodines repetitivos). No obstante, por su cercanía, uno pensaría en la exclusividad reflexiva de cada disertación: luz de gas milimétrica que sólo los genios pueden concitar.

Los llanos manchegos de Castilla tienen cuerpo de arruga soleada a través de la tupida barba de este albaceteño de pro, mientras luce figuradas alpargatas esculpidas por caminos machadianos, rotas con piedras capaces de rasgar la piel de sus callos. José Luis Cuerda (Albacete, 1947) es un hombre de verbo fácil y mente despierta, que acomoda su discurso al vehículo que acoge sus pensamientos (aunque en algunas ocasiones la cosa vaya al revés). Así ha parido un texto extraño a base de tuits (casi un ovni literario o ensayístico) titulado humorísticamente “Si amaestras a una cabra, llevas mucho ganado (MR Ediciones); excusa perfecta para charlar con este hombre de proteica sombra hogareña: un señor de extensa carrera en el Séptimo Arte, al que se deben obras tan emblemáticas como “Amanece, que no es poco”, “La lengua de las mariposas”, “La marrana” o “Los girasoles ciegos”.

Aislado de los acordes primaverales, sentado en una sala sin eco y con estilo calcado al despacho de un director de colegio, el veterano director recibe a Acción; engullido por las fauces madrileñas del sello Planeta, y con el cansancio de los que llevan varios días departiendo con periodistas y rellenando respuestas (muchas de ellas vestidas de comodines repetitivos). No obstante, por su cercanía, uno pensaría en la exclusividad reflexiva de cada disertación: luz de gas milimétrica que sólo los genios pueden concitar.

Publicar un libro sobre tuits a los sesenta y seis tacos resulta, cuanto menos, llamativo. ¿Cómo comenzaste con esta fiebre por los 140 caracteres?
La cosa empezó porque el que me había hecho la página web de la bodega, donde hago el vino éste de Sanclodio (en Ribeiro del Avia), me aconsejó que me hiciese de Facebook y de Twitter, pero para promocionar el vino. Entré en los dos sitios y pensé: esto no lo sé hacer, me da una vergüenza espantosa. Y Facebook… es que no me gusta nada el lenguaje que usa. Para mí, las palabras tienen mucha importancia, y no me daba la gana darles significados que no le son propios. En Twitter, en cambio, encontré que hay gente que escribe tuits maravillosos, de una altura poética considerable y de una penetración psicológica muy apreciable. Así que dije: a ver si se me pega. Y empecé a escribir cosas. De todas formas, tenía algunos textos que no sabía dónde meter, porque eran una mezcla de aforismos, de greguerías, frases de cierto talante poético, otras de talante analítico… Yo qué sé: cosicas, ideas, plasmación de sentimientos… Lo que sí es verdad es que el formato en 140 caracteres me atrajo, porque me obligaba a buscar la máxima expresividad en las palabras…

Ya, pero para alguien acostumbrado a redactar historias de cine le debe dar palo un espacio tan limitado.
No. Son las reglas del juego y, si no las tuviera, no sería tal. No necesito disponer de quinientos folios para escribir algo que merezca la pena. Ya he hecho películas, he editado guiones… (Piensa un poco en este punto, tal vez por cierta nostalgia hacia un pasado más o menos glorioso) Lo que es cada vez más difícil es hacer películas. Vamos, en España es absolutamente imposible. Las que se ruedan son heroicidades que suelen pagar su precio en oro, en pérdidas, porque no se pueden financiar.

Y encima ahora, con el 21% de aumento en el consumo cultural, el panorama parece más desolador aún. ¿Hay solución para este túnel en el que anda metida España?
Sí, que salgan los ministros que han tomado esas medidas sería una buena salida, por ser manifiestamente ineficaces. Si quieren recaudar más con ese 21% y resulta que recaudan menos, se han equivocado. Son nuestros asalariados, que adquieran conciencia de una vez por todas de que nosotros somos la patronal, que les podemos hacer un ERE en cualquier momento o un “vete de aquí”, porque lo están haciendo mal para el propio sostenimiento del Estado. No obstante, yo me considero un privilegiado, porque he podido trabajar en lo que me ha gustado. Y además he podido vivir de ello.

En similar patio reivindicativo, algunos piensan que Internet ha sustituido a las antiguas barricadas callejeras. ¿Observas tú lo mismo en el medio cibernético?
Sí, lo que pasa es que la revolución la hacen los hechos. Yo no llamo a la revolución y a la lucha armada porque me temo que, en el momento en que se meten las armas en las cartucheras, el establecimiento termina llevando las cosas por el cauce que todos conocemos. Pero lo que está claro es que hay que asediar, acosar y manifestar a quienes ejercen el poder administrativo y económico. No les podemos pasar lo que están haciendo.

Y para ello bien vale la corriente de tuits que aparecen en tu texto. Por cierto, ¿no te han salido llagas en los dedos de darle tanto a la tecla?
(Se ríe) No; lo que sí es verdad es que, como buen compulsivo de carácter, si me pongo a escribir… (Para el razonamiento) Si miras, muchos están redactados en una hora, directamente en el teléfono. Son seriados, y a veces son racimos. Hay, por ejemplo, tres dedicados al sexo y los siguientes a la situación política… Además, en el libro, los que no están son los del día a día, porque este libro no admite notas a pie de página: serían un coñazo.

¿Conoces algún tema que no admita el formato de Twitter?
Se puede tuitear todo en 140 caracteres. Es una manera perfecta para buscar las palabras más expresivas.

Veamos si admites la prueba del algodón, ¿cómo tuitearías un orgasmo?
(Piensa y se ríe) Recuerdo que una vez puse que “el orgasmo es una plusvalía perfectamente verificable”. Aunque la verdad es que no concibo que se pueda tuitear un orgasmo (Siente que lo hemos pillado). El orgasmo se sufre, se padece. Qué bonito es eso: pacio en latín, de experimentar algo…

¿Alguna vez te has arrepentido de lo publicado en tu cuenta?
Sí, fíjate. Hubo un tuit… De hecho, después de tenerlos publicados -y a veces retuiteados por alguien- he borrado dos o tres. Por ejemplo, hubo uno que produjo mucho equívoco. No me acuerdo de él exactamente. Pero generó una interpretación tan torcida y verosímil que dije: “la he jodido, no puede ser”.

Te habrás encontrado con muchas chorradas en forma de tuit
Sí, pero lo que me ha llamado la atención ha sido leer cosas magníficas. Hay varios tuiteros que escriben maravillas. Existe, por ejemplo, un dialoguista llamado Carlos Langa, que hace unas cosas preciosas. Había un mensaje que decía: “Me maravilla que te guste mucho el Arte, la sensación del viento cuando amaina, y que se convierte en una brisa que te acaricia el rostro y lanza al aire tus cabellos”. Y dice la otra: “…Y las mandarinas” (Lanza una carcajada espontánea).

…Y ahí saltó la cabra del título. Por cierto, ¿qué significado le das a este animal para semejante protagonismo?
Creo que la cabra la llevamos todos dentro. Recuerdo un verano de mi infancia, cuando tendría unos siete u ocho años. En la finca de mi padre nacieron unos cabritillos, y nos regalaron uno a mi hermano, otro a mi hermana y otro a mí. Nos empeñamos en que hiciesen carreras. El de mi hermana era de capa caída, porque tenía una oreja gacha y la otra no. El mío, ni me acuerdo de cómo se llamada. Era el más tonto, no había manera de que hiciera nada. Y el de mi hermano era el más revoltoso, hasta el punto de que en pleno verano se tiró de cabeza al pozo. Y partiendo de ahí, los cabritos y las cabras siempre me han gustado, me parecen animales muy hermosos, son muy juguetones, muy listos y espabilados… Yo lo que hablo es de la cabra como un concepto que uno lleva dentro: como ilusiones, decepciones, grandes ideas, mezquindades, etcétera.

En uno de tus tuits expresas que “el cine es sustancialmente un haz de luz en la oscuridad”. ¿A ti te ha iluminado muchas cosas el invento de los Lumière?
Tiene dos sentidos. Es un haz de luz: eso es físico. Estás sentado en una sala y ves un haz de luz que incluye claroscuros. Y luego entra en la oscuridad de cada uno, y te ilumina cosas. Todos hemos aprendido a sentir viendo alguna película. No existe el filme que te abra los ojos definitivamente a todo lo que valga la pena ser mirado, pero yo he visto grabaciones que me han afectado profundamente. Y en ese sentido es en el que pienso que el cine es sustancialmente un haz de luz.

¿Qué te inspira el Hollywood actual?
Pues que es un desperdicio. Estamos malgastando un potencial técnico increíble, para hacer un hermosísimo celofán de un paquete, que no lleva nada dentro la mayoría de las veces.

¿Y la eterna crisis del cine español?
Eso se ha trabajado durante años de una manera muy fervorosa por parte de los medios de comunicación. Y también se ha popularizado por la pereza mental de quienes aceptan esa afirmación. Yo tengo un tuit que dice que estoy seguro de que el cine español es mucho mejor de lo que dicen los que piensan que es una mierda. El cine español ha hecho obras maestras, como por ejemplo “La tía Tula”. Para mí, las mejores películas de la historia del cine son dos en una: “El apartamento” y “Plácido”. Son dos obras que tratan el ser humano y la crueldad del sistema en que vivimos de una manera magistral. Una hecha en Hollywood, también con humildad, y otra en España, por aquellos genios que eran Berlanga y Azcona. Yo, con esa película, le mojo la oreja a cualquier cinematografía.

En uno de los bloques de 140 caracteres pones: “Los límites que no se autolimitan provocan estrangulamiento”. ¿Te quedan aún muchas barreras que traspasar?
Lo que pienso es que los límites que se encuentra uno en la vida… (Echa el freno y reflexiona) Yo, por ejemplo, estoy muy limitado: no puedo ser atleta. Proezas físicas, ninguna; y mentales, no sé si cada vez más o menos. Pero no puede haber un límite absoluto. Los límites se tienen que autolimitar.

Saltando a otro asunto que he visto en tu cuenta de Twitter, no sé si los maestros de la abstracción estarían muy de acuerdo con tu afirmación de que “las deposiciones pintan en la taza del retrete unos abstractos que te cagas”.
(Sonríe y bebe de una botella de agua mineral) Estuve un año grabando galerías de Arte para un programa llamado “Cultura 2”, de TVE, que recogía exposiciones, libros, música, teatro, etc. Muchas veces, el técnico me preguntaba si eso era Arte. Eso que se llama injustamente abstracto, que son unas manchas y unos colores que provocan la sensibilidad del que lo ve, y que generan una percusión. A mí, por ejemplo, me gustan mucho los escritores generosos con el lector; como Baroja, que desperdicia personajes porque le da la gana, pero yo me acuerdo de ellos. Coño, en tres pinceladas me los ha dejado muy claros y evocadores… A mí me llaman los autores periféricos: Cunquiero, Pla y Baroja, cada uno de una nacionalidad histórica. Y en pintura, me atrae lo que otros denominan informalismo; que tampoco, porque la forma está ahí. En todo caso, las deposiciones lo que dejan no es Arte. Y, con respecto a la actualidad, creo que estamos en un momento de crisis. Ha habido un Arte que se ha preocupado únicamente de los beneficios que puede producir. A mí, por citarte algo, los diamantorros de Damian Hirst me importan un soberano carajo.

¿Y lo de “sobran estrellas”? Así, sin más, cabría peguntarte si te refieres a las mediáticas o a las cósmicas…
Tómalo en los dos sentidos (se ríe).

No obstante, todos los caminos conducen a Roma. Por cierto, ¿estás convencido, como pones en algún tuit cabrero de éstos, de que al Vaticano sólo se llega por atajos?
Sí, siguiendo ciertas callecitas llegas al Vaticano (se ríe sin disimulo). Bueno, me mojo. Pienso que hace falta librar dentro de la curia muchos obstáculos para llegar a elegir, por ejemplo, a un Papa. Sin embargo, la venta de un par de cuadros al British o al Louvre ayudaría a paliar el hambre del mundo. No sé si un pensamiento así vale la pena. Hay doctrinas para apoyar esa tesis. Pero lo que no me gusta un pelo es la estructura eclesiástica, aunque no soy anticlerical. Hay curas y monjas que están haciendo una labor muy buena para los más desfavorecidos. (Detiene su discurso unas décimas de segundo) Aunque también hay mucha permisibilidad con los bienes eclesiásticos, que no tributan, etc. Y eso es una mierda. Al mismo tiempo, hay que aclarar la pederastia: asunto a abordar con limpieza y con coraje.

Y llegamos al final con algo de sexo. En una escueta frase, sueltas: “Las manos son la polla”. ¿Es una declaración de onanismo o simplemente se trata de un homenaje a las citadas extremidades?
(Se recrea un poco en la respuesta y emprende el sendero con determinación) Una cosa admirativa por completo, porque las manos son la polla. Y, desde el punto de vista de la práctica sexual, el sujeto paciente puede pensar algo así. Es decir, si tú acaricias un sexo masculino o femenino; para ti, esa mano que estás usando está cumpliendo la función que tradicionalmente se le supone a la polla. Aunque luego está también la acepción de reconocimiento. Es como expresar, en un lenguaje más machista, que las manos son cojonudas…

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