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Viernes, 12 Abril 2013 10:27

Alacran Enamorado ***

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Han pasado ya algunos años desde que el director Santiago A. Zannou nos sorprendiera a todos, allá por el 2009, con esa pequeña joya, "El truco del manco", merecedora del Goya a la mejor dirección novel de aquel año, toda una declaración de intenciones potencial y potente de lo que este director vendría a demostrarnos más adelante.
 El futuro ya es presente y ahora estrena "Alacrán enamorado".
En el intervalo entre una y otra, dos documentales, "El alma de la roja" y "La puerta de no retorno", demostraron que no le valía cualquier historia para regresar al largo de ficción y supo esperar tiempos mejores para cuando el corazón le volviera a dar un agijonazo de los que marcan el camino.

"Alacrán enamorado" es la adaptación al cine de la segunda novela del actor Carlos Bardem (con la primera, "Muertes Ejemplares", recibió una mención especial del Premio Nadal) y nadie mejor que Zannou para ponerle imagen a su literatura, una fábula urbana sobre la superación, el fracaso y las segundas oportunidades.

El resultado es una película que engancha, entretenida, rítmica y práctica y que aunque cuente una historia ya vista con un desarrollo y desenlace previsibles, se disfruta y mucho.
El cuadrilátero humano, mimbres de la historia, lo marcan un muchacho con conciencia aunque en un principio no lo desconozca, un hombre noble sin suerte pero con una misión que redime, otro chaval hundido en sus propias sombras elegidas y un último hombre bueno capaz de conseguir que todas estas energías fluyan en la catarsis necesaria.

Alex González le mete chicha al personaje protagonista, un aspirante a boxeador, Julián, integrante de un grupo neonazi que mientras suda  la camiseta por las mañana pegándole al saco en el gimnasio con el resto de colegas y compañeros de "juegos", en las noches, se dedican a partirle el alma a medio mundo a golpe de bate.

...y empiezan a obrarse cambios: esta naturaleza salvaje que promete algo bueno pero que va pegando bandazos de mulo y sin dirección pronto empieza a dejarse convencer por el entorno y de paso, por la realidad.
El dueño del local, un hombre bueno de sueños y ambiciones mesuradas y logradas, símbolo del padre que a todos protege y cuida y su hombre de confianza, ese personaje de nombre sonoro y contundente como sus centímetros, Carlomonte, pura nobleza de toro bravo del que embiste sin doblar jamás las manos aunque intuyamos de las muchas cornadas que le debió dar la vida, serán los artífices junto con una muchacha mulata, clave en la historia, de que el extraviado encuentre el camino de regreso a casa, a su casa, la propia, la que empezará a construir a partir de cimientos más sólidos, alejándolo de toda la escoria de esos mundos conocidos. Dos universos bien distintos habita Julián: por un lado el de los colegas ultraderechistas y sus palizas. Liderado por un jefe al que le sobra fuerza y le falta carisma, la trazada resulta demasiado tópica, demasiado vista y sobada y se echa de menos algo más de imaginación en el retrato del cuadro atroz, salvaje, ignorante y sumamente peligroso que define a esta gente. Se necesitaría trazo de brocha gorda en negros y no sólo en siena tostados de dócil pincelada.

Por el otro, y es el que más me interesa a mí, el de esos escasos metros cuadrados cargados de testosterona, encaminados a alejarle de la pesadilla diaria de habitar en una casa que como Julián le dice a Carlomonte "no es buena para cuidarse" y que también queda plasmada en la película de una manera previsible sin aportarnos ninguna nota de color extra o profundidad más allá de lo que nos marque la intuición lógica.

El gimnasio es refugio, dolor y aprendizaje, microcosmo de espíritus afines pero en la sala de espera de redescubrirse y reconocerse entre ellos.

El amor, solapado en dos miradas de fuego que se cruzan esperando su momento de fortuna y gracia también encontrará su lugar en ese habitat de machos que huele a sudor y golpes pero desde la sensibilidad, no el sentimentalismo porque tampoco parece que sea el tema crucial de la película ni se busca el romance de cuento de hadas, si no el que nace como alternativa o solución a la supervivencia.

Qué bueno Carlos Bardem dando vida a Carlomonte, ese perdedor "de cine", ahogado en sudor, alcohol y lágrimas negras. Es el retrato mismo del ser humano vencido, del animal espléndido y acorralado, del que se quedó grogi en el camino, de la soledad más pura y odiosa, de la melancolía más puñetera porque te recuerda siempre lo que pudo haber sido y no fue y el porqué no fue. ¡Qué crueldad tener la mente lúcida para que te recuerda lo peor!
Pero se me queda en personaje que me muestra sólo un estado, un retrato algo plano y quedo con ganas de que me cuenten mucho más sobre él, de averiguar algo más de lo que encierra ese cartel colgado en la pared y que anunciaba mejores amaneceres.

Qué bueno Hovik Keuchkerian en el papel de Pedro, su jefe pero por encima de todo, amigo, dueño del gimnasio y que siempre está cerca de sus hombres, velando sus armas, para que no decaigan más allá de los "cuarenta pavos de mareo" a los que uno tiene derecho porque a veces la vida resulta demasiado perra y hay que bailarla como mejor se pueda.

Y celebro a la actriz Judith Diakhate en el papel de Alyssa. Aún recuerdo su interpretación en aquel thriller tan hitchcockiano que tanto me gustó, dirigido por Jorge Sánchez Cabezudo, "La noche de los Girasoles".

Esta es una película para dejarse entretener y camelar. A más de uno le sorprenderá el grado de visceralidad en el concepto de los personajes, en los encuadres; la historia, sus personajes y sus diálogos son rápidos, secos, casi monosilábicos y sordos como un buen gancho de derecha.
Zannou vuelca en imágenes como trayazos todo lo que sus personajes no son capaces de comunicar con palabras porque se intuye que la vida, les pegó duro y desde entonces existe la mirada esquiva y preparada para recibir y responder.

Visualmente se busca la diferencia, el impacto sutil. La paleta monocromática de los negros que jalonan el pasado de Julián contrastan con los tonos de su presente que viste de ojos rasgados, sonrisa luminosa, rojo en las cortinas y piel mulata sobre la piel pálida de él. Negro sobre blanco y empieza todo de nuevo...¡se abre paso la vida a pesar de las dentelladas!

Se va asistiendo a la sucesión de historias con una narrativa directa, sin tiempo para la falsa poesía, sin darse respiro para el "mientras tanto". El desarrollo de la película va al grano de una manera buscada y profundamente visceral y abrupta con frases que intentar ser lapidarias y quedarse en nuestro oído,  en boca de personajes que existen para provocar al contrario, para indicar a otros el camino que ellos mismos no se atrevieron a pisar. Hay tiempo pero para lo que importa. Aquí hay que resolver la vida porque la vida no da tregua.

Zannou demuestra nervios de acero y pulso firme en orquestar a ritmo de guitarra eléctrica este baile de gigantes, cojos en lo afectivo pero con los puños en alto para demostrar que si están en este ring que es la vida que al menos sea para dar caña y no ponérselo fácil a la fatalidad. Su cine tiene fuerza.

Es un director de raza y carácter que ha hecho la película que ha querido y se nota, un director que va escribiendo su propia melodía que a mí, personalmente, me interesa. Ojalá le dejen seguir demostrando de qué pasta están hechos sus sueños y que nosotros lo veamos.

Marta Simón

Opiniones del público a cargo de nuestro redactor Víctor Blanco.

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