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Sábado, 18 Mayo 2013 22:34

The Trip **

Escrito por Miguel Juan Payán
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The Trip, ejercicio de improvisación de Steve Coogan y Rob Brydon algo agotador en clave de película de carretera.

Adaptación al formato de largometraje de una serie de la BBC del mismo título, este viaje de Coogan y Brydon por los restaurantes de la geografía británica me recuerda inevitablemente la serie Un país para comérselo protagonizada por Juan Echanove e Imanol Arias. Es el mismo formato, pero remontado como largometraje y con los dos protagonistas haciendo alarde de humor británico mezclado con imitaciones y citas culturales, todo ello envuelto en la clave documental.

El asunto resulta inicialmente interesante, incluso antropológicamente curioso, pero llega un momento en que puede cansar.

Quizá Steve Coogan no es tan divertido cuando interpreta a Steve Coogan como cuando interpreta cualquier otro “personaje”, o quizá me he dejado llevar por la sensación de que algunos momentos de esta película de carretera eran algo pedantes. Puede ser también que no me siento especialmente impresionado por ese fraseo de tipo geográfico en el que Winterbotton convierte los paisajes por los que transcurre esta peripecia. Quizá todo eso no me permita apreciar en toda su brillantez ese sentido del humor desbordante que se le suponen a algunos momentos. Admito mis posibles limitaciones con humildad menos impostada que algunos de los fragmentos de este recorrido culinario, geográfico y humorístico que nos propone Michael Winterbotton.

En cuanto a las imitaciones de Michael Caine, los distintos 007 y demás, la primera vez tienen gracia. La segunda no. Y llega un punto en que Brydon ha conseguido ser tan agotador que no me hubiera extrañado nada ver cómo Coogan le deja abandonado en alguna gasolinera. En general me da la sensación de que ellos se creen más graciosos de lo que son en realidad. O igual es que yo no estoy suficientemente capacitado para descifrar las corrientes subterráneas de ese humor que me ha sonado un tanto elitista y tirando a falso, un punto snob e impostado. Sospecho que algunos de los chistes permitirán que algún que otro espectador sobradillo empeñado en presumir de estar muy versado en todo lo británico pueda soltar ese tipo de risillas que suelen escupir como dilofosaurios acatarrados en los pases de prensa intentando adelantarse a los subtítulos al efecto de poner de manifiesto su dominio del inglés y su absoluta comunión con el muy británico contenido del chiste que a los demás no nos hace tanta gracia. Pero un servidor es perro sin pedigrí, de pelaje tirando a corriente y moliente, español y de poco contubernio con la élite de nada (así me va, claro), de manera que me van a permitir que discrepe de la entusiasta opinión general sobre esta película y no me deje deslumbrar por el despliegue de imitaciones de los protagonistas, que durante toda la película me han parecido incluso forzados, sobre todo Coogan frente a un Brydon que parece más cómodo en este agotador ejercicio de improvisación donde además han metido con calzador esos momentos de dramatización un tanto postizos a través de las conversaciones telefónicas.

Sinceramente creo que podrían haberle sacado algo más al viaje, incluso contando con las limitaciones que siempre impone un remontaje de material pensado para otro medio. Quizá porque, como dice uno de los diálogos de la película: estamos en 2010 (bueno era ese año cuando se rodó la película, que llega tarde a la cita con nuestra cartelera) y todo está ya contado. Lo único que queda es añadirle a tu versión del asunto algo de personalidad. Visualmente la personalidad de The Trip está bien. Pero argumentalmente es totalmente errática, como si a los protagonistas les hubiera salido volando el mapa por una ventanilla en un desvío. Interpretativamente me ha resultado agotadora y creo que le sobran minutos.

Quizá es que hay que ser anglosajón para entender los chistes, pero desde una perspectiva mediterránea aseguro que cualquier reunión de un grupo de amiguetes españoles en cualquier tasca de mala muerte alrededor de unas cañas y una tapa de dudosa procedencia y aún más dudosa caducidad da mucho más de sí en lo referido a cosecha de risas que este viaje un tanto pedante. Cualquiera que practique ese deporte nacional del que deberíamos sentirnos orgullosos en este país, que es tomar unas cañas con los compinches, estará de acuerdo conmigo. Y si no lo está nos podemos jugar quién paga la ronda a los chinos.

En cuanto al supuesto contenido filosófico de los diálogos que parecen haber visto algunos de mis colegas, quizá se refieran a la reflexión de Coogan: “No quieres besar a una chica con un pedazo de pollo enganchado en tus molares”, o a la explicación de Brydon sobre cómo merman las encías con la edad…

Recomendaciones: quizá sea una buena idea que para satisfacer las ganas de road movie le echen un vistazo a Dos en la carretera, dirigida por Stanley Donen en 1967 con Audrey Hepburn y Albert Finney como protagonistas. Y si se trata de reírse con alguna producción británica mientras reciben una lección de filosofía prueben con El sentido de la vida de los Monty Python o con In the Loop, de Armando Ianucci, sin duda mucho más divertidas que este paseo culinario por Gran Bretaña.

Miguel Juan Payán

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