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Viernes, 12 Noviembre 2010 17:00

Scott Pilgrim contra el mundo ***

Escrito por Miguel Juan Payán
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No soy amigo en absoluto de las comedias románticas. Es un género sopas que me repugna. Conviene ser claro con esto. Abomino de su capacidad para intentar comerle el coco al espectador propagando moralina de baratillo con la que cualquier ser humano medianamente normal siente arcadas. Quizá por todo eso me ha hecho más gracia Scott Pilgrim contra el mundo, que es comedia romántica, cierto, pero rebosa cachondeo por los cuatro costados sobre el asunto y además lo trata con un estilo narrativo que no ha dejado de recordarme el de El club de la lucha (la generación Ikea y demás).

Ese tonillo de autoparodia y cómo se expresa visualmente lo mejor de la película, porque traslada las claves de la novela gráfica en la que se basa del cómic al cine de forma eficaz y creativa, añadiendo originalidad y dinamismo al asunto a base de trabajar sobre la fusión de ambos medios. Un ejemplo de ese dinamismo visual nacida de la hibridación de ambos medios lo encontramos en el momento en que Scott recibe la llamada telefónica de su hermana, y la pantalla partida adquiere dinamismo, primero intercambiando los personajes de lugar en la pantalla y luego haciendo que se pongan espalda contra espalda, con una fluidez que es la misma que muestra el resto de la película en todo su desarrollo. Esa capacidad para la hibridación del estilo gráfico de cómic y cine me ha llevado incluso a pensar en que, al menos en este aspecto, Scott Pilgrim contra el mundo es más interesante que lo que hicieron con Kick Ass. Al menos en aquella eché de menos algo más de este planteamiento gráficamente más dinámico entre las viñetas y el celuloide. Los cambios de plano simulan el paso de una página del cómic a otra otorgando un ritmo vertiginoso al relato. Y en un ejemplo de coherencia, a medida que progresa el relato empezamos a ver cómo esa fusión de cómic y cine se completa incorporando elementos del videojuego, por ejemplo la “barra del pis” que aparece en el lado superior de la imagen cuando el protagonista va al retrete, hasta llegar a la entrada en escena de Matthew Patel, que establece definitivamente la presencia del videojuego en la pantalla. De todo ello surge una especie de divertido puzzle en el que las distintas piezas se van integrando hasta componer un todo dando como resultado una forma alternativa de abordar la comedia romántica que el género estaba necesitando desde hace años.

Ese dinamismo está puesto además al servicio de un diálogo rápido, directo, repleto de guiños y chistes, pero también realista y cotidiano, lo que acaba por amarrarnos a la trama desde el primer momento, con una rauda presentación de personajes que a tan sólo cinco minutos de empezar la película ya nos resultan familiares y hasta empezamos a cobrarles cierto afecto. Y además, los personajes están servidos con gran solvencia por un reparto que junto con el diálogo hace que recordemos continuamente los mejores ratos que nos ha hecho pasar Kevin Smith con sus comedias. Hay un cierto eco de Clerks y Mallrats haciéndose presente en toda la película. Dentro de ese reparto merece mención especial para Kieran Culkin en su papel como Wallace Wells, el compañero de piso homosexual del protagonista, que me ha recordado los primeros tiempos de Robert Downey Jr. y además tiene a su favor no ser el “gay de plantilla” en este tipo de peripecias románticas, sino, como no podía ser menos considerando la apuesta por buscar nuevos caminos del resto de la película, una  capa más de sátira sobre el sarcasmo que barniza los diálogos y el argumento.

Y si a todo eso añadimos las actuaciones musicales como complemento, digamos que el paquete total no está nada mal. De hecho, es lo más divertido que puede verse esta semana en la cartelera, y también lo menos convencional. Quizá alguien pueda sentirse desbordado o incómodo con su rapidez, con ese ritmo vertiginoso que tanto le debe también al manga y a su traducción a dibujos animados, el anime, pero lo cierto es que esa es precisamente su ventaja, porque sin esa puesta en escena no tan atrevida e innovadora como algunos pretenden, pero sin duda capaz de romper la tendencia a la repetición que tiene la comedia romántica, su historia quizá no resultara ni tan divertida ni tan original.

Podríamos entrar aquí a juzgar, así en plan sesudo y comesopa de letras, si el hecho de que su historia pudiera ser convencional privada de esa puesta en escena no significa una debilidad para toda la propuesta. Mi opinión es que la debilidad está en el propio género: la comedia romántica. Así que le apunto un tanto a favor a Scott Pilgrim por haber conseguido sacar del estancamiento a lo que en todo caso no puede ser sino la misma historia de siempre, ya saben, la fórmula “chico encuentra chica, chico pierde chica…” etcétera, y haber conseguido que incluso esté dispuesto a seguir viéndola hasta el final, a ver qué pasa con este pobre pringado pagafantas y asaltacunas, algo que lo que confieso que también ha ayudado la dosis enloquecida de secuencias de acción con artes marciales, que de paso me ha hecho recordar también algunos planteamientos del cine de Bollywood en lo referido a la alternancia de números musicales y secuencias de acción.

Una frikada curiosa, entretenida y con un tono general bastante divertido que te hace mantener media sonrisa durante casi toda la proyección.

Miguel Juan Payán

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