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Al salir del pase...

Al salir del pase... (13)

Empiezo la tercera semana de julio el lunes a las 10 de la mañana viendo en la oficina de la distribuidora española 42 minutos adelantados de El origen de los guardianes, espectacular nueva producción de animación de Dreamworks que cuenta con las voces de Hugh Jackman, Alec Baldwin, Jude Law, Isla Fisher y Chris Pine. La idea parece ser trasladar la fórmula de las aventuras de superhéroes que tan buenos rendimientos ha proporcionado en Los Vengadores a personajes  del imaginario infantil libres de derechos, como Santa Claus, el Conejo de Pascua, el Hada de los Dientes, Sandman… y un Jack Frost que busca su identidad siguiendo las claves del héroe reticente del que nos hablara Jack Campbell en su libro El héroe de las mil caras.

Tras visionar un gran avance de Transformers 3 en 3D, nuestros críticos más dicharacheros Miguel Juan Payán y Jesús Usero nos dan sus impresiones-

Acabo de salir de un pase de 25 minutos de Super 8, la próxima película de J.J. Abrams, y me he quedado con ganas de verla entera. Quiero hacer constar que esto lo escribe alguien a quien no le gustan ni E.T. de Spielberg ni las películas con niños, de manera que considerando que esta película es según todos los referentes previos una especie de homenaje de Abrams al cine de Spielberg, y más concretamente a E.T., y que sus protagonistas son niños , la cosa tiene más miga. Cierto es que 25 minutos no son la película, pero como Abrams es notablemente astuto y además conoce bien su oficio, ha elegido presentar públicamente las escenas que mejor definen su película, sin destripar el contenido de la misma más allá de lo imprescindible. En las mismas lo primero que he advertido es que a estos "niños", que en realidad son adolescentes, y de los setenta, se les puede aguantar, e incluso se les asume como personajes completos, como si fueran adultos. No son ese tipo de niños repugnantes que aparecen ocasionalmente en las producciones de Hollywood como si sus madres les hubieran parido ex profeso para ponerse ante las cámaras y ejercer como estrellas. Estos chavales son perfectamente creíbles como actores, saben mirar y sostener una mirada como cualquier otro actor, y además, casualmente, como están rodando una película, asumen ocasionalmente una especie de juego de personajes adultos que añade más niveles y complejidad a la trama con ese juego de cine dentro del cine, aunque sea cine de adolescentes, el Super 8 que da título a la película. Vamos que me los creo y los acepto como chavales normales dedicados a lo suyo.

Buenas vibraciones. Eso es lo que he tenido esta mañana mientras estaba viendo los 23 minutos de anticipo de Tron Legacy que la distribuidora española de la película ha proyectado a un grupo de periodistas en un cine del centro de Madrid. Tres dimensiones bien administradas, es decir, pertinentes para completar la trama que se cuenta y llevarnos de viaje a un mundo de ciencia ficción que al menos en las distintas escenas que hemos visto, todas ellas pertenecientes a la primera mitad de la película, me han convencido.

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El director español Rodrigo Cortés va a dar la campanada a nivel internacional con este relato de acción, intriga y tensión que nos pone las pilas desde su primer minuto y va incrementando la experiencia de ver cine desde un punto de vista nunca antes reflejado en una pantalla grande. Repleta de referencias a películas clásicas y con el cine de Alfred Hitchcock como mentor, Enterrado es un impresionante pulso con la narración cinematográfica que además puede servir de escuela para contar historias audiovisualmente habida cuenta de los retos que plantea el argumento de la película, su planificación y su montaje, afrontados por Cortés con un respeto a la verdadera naturaleza de la historia que pocas veces vemos en el cine actual.

Después de verla resulta fácil aventurar que va a ser uno de esos títulos del cine español de los que se habla no sólo dentro, sino también fuera de nuestras fronteras. Personalmente no recuerdo haber vivido momentos tan emotivamente intensos como los que he pasado viendo esta película desde hace tiempo. El director me confesaba: “mi absoluta obsesión ha sido que la gente abandone el cine con dos kilos menos de peso, con el cuello agarrotado y buscando un masajista de guardia, y lanzándose inmediatamente al exterior para respirar profundamente aire fresco y recordar que están vivos, y para eso tenía que hacer una película muy física, muy tangible, muy real…”

Por lo que a éste periodista se refiere, lo ha conseguido. Me metió en la caja y cuando salí, respiré hondo y empecé a reflexionar lo que significa realmente estar vivo, y cómo  disfrutarlo más, porque además de una película, Enterrado es una experiencia en la que se descubren cosas nuevas con cada visionado. Así que aún habiéndola visto ya, no pienso perdérmela en cuanto la estrenen. Es una de ésas que te apetece ver varias veces.

Quizá eso no estaba entre los objetivos de su director, pero viéndola aprende uno unas cuantas cosas que no sabía sobre sí mismo, y mucho, pero mucho más, sobre cómo hacer y disfrutar el buen cine.

Miguel Juan Payán

Ayer vi The Last Airbender, el triple salto mortal de M. Night Shyamalan desde la intriga más o menos modesta a la piscina del cine épico, y debo decir que en contra de lo que me han contado esta mañana mis colegas respecto a las críticas negativas que le han propinado en Estados Unidos cuando acudíamos a entrevistar al propio Shyamalan y a uno de sus protagonistas, Dev Patel,  a mí la película me ha gustado, me apuntaría a ver más entregas y creo que tiene un trabajo de construcción de historia y guión muy interesante. No entiendo que a alguien le pueda parecer confusa porque todos y cada uno de los personajes implicados en su historia cuentan con una escena, e incluso con varias, que definen claramente su pasado y sus motivaciones, trabajando muy bien los flashbacks. No me extiendo más porque esto es sólo una primera impresión y hablaremos largo y tendido de la película en las páginas de la revista, incluyendo las charlas con sus artífices, crítica y demás, pero lo cierto es que me pareció un buen entretenimiento para toda la familia en estas fechas veraniegas, una buena propuesta de aventuras de corte fantástico que tiene ecos de Star Wars y películas clásicas del cine de artes marciales en clave fantática como Zu, guerreros de la montaña mágica

Miguel Juan Payán

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Esta mañana he visto Green Zone: Distrito protegido, que añado de inmediato a la lista de películas esenciales sobre la guerra en Irak acompañando a Redacted de Brian De Palma, la serie de HBO Generation Kill y la más reciente En tierra hostil. El puzle de esta guerra con la que vivimos se va completando a través del cine y una de las cosas que me han llamado la atención esta mañana cuando veía el largometraje es cómo el cine americano parece haber necesitar casi una década para enfrentar a sus fantasmas bélicos, tal como ocurrió en el caso de la guerra de Vietnam.

Esta mañana finalmente he visto Avatar.

Dos horas cuarenta de maravilla visual sin comparación posible con nada que podamos haber visto antes en el cine.

  Ayer viernes por la mañana pude ver en un pase de prensa Terminator Salvation, y me quedé como nuevo. Renovado en mi afición al cine. Renovado en mi afición a esta saga. He tenido que esperar 25 años desde el primer Terminator de James Cameron para encontrar una continuación realmente buena de su historia. Este nuevo punto de partida, en mi opinión, tiene muy buena pinta. Me recordó una charla o debate que sostuve en el Foro de la Revista de Abril, más o menos a principios de mayo, con Rogorn, en la que intenté explicar por qué Terminator me parecía mejor que Terminator 2. Tengo la impresión, después de ver Terminator Salvation, de que uno de susa aciertos ha sido volver a las raíces, de manera que su película tiene el alma de Terminator y el empaque visual de Terminator 2, actualizado a lo que permiten los efectos especiales en nuestros días.

            Más información en las páginas de Acción y por supuesto pronto la crítica de la película con mi opinión más ampliada sobre la misma.

 

 

 

 

  El cine de animación ha adquirido en los últimos años un prestigio artístico que va de la mano de sus buenos rendimientos comerciales.  Por una vez y supongo que sin que sirva de precedente, crítica y público están de acuerdo en algo: que el cine de animación es una forma de expresión y reflexión interesante a la par que divertida. Hay quien además le otorga la cualidad de servir como herramienta pedagógica o camino de formación y perfeccionamiento del carácter desde la más tierna infancia, cosa que me temo es un tanto generalizadora, ingenua, un puntito manipuladora, optimista y por ende antropológicamente muy arriesgada. No puede echarse el fardo de ser herramienta formativa sobre las espaldas de la variada gama de propuestas de animación, que va desde el tradicional dibujo animado de las princesas Disney –por cierto, curiosa polémica la que se ha montado porque la última de estas criaturas de ficción del estudio del ratón orejudo es negra, a pesar de que el proyecto era muy anterior a la obamamanía-, hasta un hentai cargado de sexo y erotismo producido en Japón. El cine de animación puede ser para niños, pero también puede ser “sólo para adultos”, y me viene precisamente ahora a la memoria la estampida de padres arrastrando a sus hijos fuera del cine en un pase del largometraje de South Park, concretamente cuando Satán consiguió finalmente conquistar a Saddam Hussein.  Y si alguien sigue albergando dudas sobre la capacidad del cine de animación para comportarse como producción exclusivamente para adultos basta con que le eche un vistazo a Fritz, el gato caliente, de Ralph Bakshi.

El asunto viene a cuento porque esta misma mañana he asistido al pase de prensa de Los mundos de Coraline, la primera película de animación stop-motion concebida y fotografíada en 3-D. Dirigida por Henry Selick, que se ocupó de esa misma función en Pesadilla antes de Navidad, podría conformar perfectamente una trilogía con ésta y con La novia cadáver, dicho sea a título de orientación del tipo de material con el que nos hemos topado. Personalmente, y con todos mis respetos para los incondicionales de Tim Burton, me ha gustado más que las dos citadas, quizá porque la imaginación de Neil Gaiman, autor de la novela en la que se basa este largometraje, cuadra mejor con mis intereses e inquietudes y se mueve a caballo entre la fantasía y el terror creando personajes y situaciones ciertamente originales (un ejemplo: los perros disecados con alitas de ángel… impagables).

            Está claro por otra parte que este tipo de planteamientos de fantasía, reforzados por la proyección en tres dimensiones, no son necesariamente o sólo aptos para niños. Pueden ser incluso demasiado inquietantes para los más pequeños, mientras que con ellos el cine de animación gana adeptos entre los adolescentes y los adultos que pueden apreciar más y mejor sus sugerentes planteamientos. Y es ahí donde pienso que Gaiman y Selick, o Selick y Gaiman, tanto monta, monta tanto, han dado en el clavo, haciendo de su película una digna heredera de las cualidades inquietantes, a veces de auténtico relato de terror, que siempre han acompañado a los cuentos infantiles.  Caperucita Roja, La casita de chocolate, Pulgarcito y demás fauna de las fantasías supuestamente para niños tienen tantas dobles lecturas terroríficas y psicológicas como la propia Alicia en el país de las maravillas, de la que Los mundos de Coraline es también, a su manera, una digna heredera. Walt Disney supo reflejar ese carácter terrorífico en los cuentos infantiles con personajes de brujas, madrastras, manzanas y zapatos perdidos en algunas de sus obras maestras, y siempre pensaré que mi película favorita entre todos sus clásicos sigue siendo Pinocho por su segunda naturaleza como impecable relato de terror avecinado con el Frankenstein de Mary W. Shelley. En cuanto a los cuentos infantiles en su faceta más terrorífica, simplemente una sugerencia para ver con otros ojos la historia de Caperucita Roja: En compañía de lobos, dirigida por Neil Jordan en 1984.

            Los mundos de Coraline juega en esa liga de historias temibles, fábulas próximas al género de terror y sugerentes propuestas visuales en sus paisajes y personajes, al tiempo que recrea a través de las peripecias de su protagonista miedos que van más allá de la infancia y nos siguen acompañando en la edad adulta, disfrazados compasivamente de historias fantásticas para niños o de pesadillas recurrentes que ahora se nos muestran en esta película tejidas con la siempre eficaz baza de la sencillez.

 

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