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Thriller político con un siempre soberbio Ricardo Darín. El actor es sin duda uno de los motivos para ver la nueva película de Santiago Miltre, y como tal nos podemos deleitar con la siempre magnífica presencia del intérprete argentino, un experto a la hora de hacer personajes complejos, diversos, llenos de matices sutiles. Es decir, humanos. Gente de todos los niveles sociales, de todas las procedencias, desde timadores de medio pelo a personas con los días contados, pasando por pilotos con pasado turbio y ahora un presidente que esconde mucho o nada, depende de a quién preguntes. Esos son sólo algunos de sus personajes más recordados, pero no son los únicos, claro, y, en La Cordillera, logra de nuevo sorprender y atrapar al espectador desde el primer momento.

Aquí, como mencionábamos antes, interpreta al presidente de Argentina, un tipo corriente, de apellido Blanco, lo que dio mucho juego en su campaña, que es la imagen del argentino de a pie, el hombre sencillo, sin nada que esconder… Pero las cosas van empeorando en el plano político en su país, las críticas cada vez son más feroces y hay una reunión de países latinoamericanos a la que debe asistir, con el riesgo de convertirse en una sombra del presidente brasileño, cuyo poder y popularidad van en aumento en todo el mundo y parece destinado a liderar esta nueva alianza de países. Pero aquí nada es lo que parece y el juego político tiene muchos más factores que los que podríamos imaginar.

La película desde ese momento juega a varios niveles, como si se tratase de un par de episodios de House of Cards, cuya presencia es innegable en La Cordillera. El tema político y el personal, incluyendo la peculiar relación entre el protagonista y su hija, que será desencadenante de muchas cosas. Quizá ese aspecto personal es el que más renquea de la película, pese a su brillante resolución. Todo ello salpicado con una entrevista exclusiva del presidente con una periodista española, pero haciendo mucho hincapié en la lucha de poder. Para ello el director y guionista plantea una mirada cínica y descreída a los políticos, sean de la índole que sean, no importa si es un tipo de aspecto sencillo u otro que parece querer convertirse en el nuevo mesías de Latinoamérica.

Además, el reparto tiene nombres de mucho peso, no sólo a Darín. Elena Anaya, Daniel Giménez Cacho, Dolores Fonzi o hasta Christian Slater, pasean por la película aportando matices interesantes. Quizá uno de sus problemas es no aprovechar por completo el personaje de Anaya, además de la trama personal, y eso lastra al juego político que se muestra como una partida de ajedrez en la que nada es lo que parece realmente. Porque como dice el personaje de Darín, el mal existe, y eso es algo innegable que marcará la historia. Política y thriller de la mano, que si no nos interesa demasiado, siempre nos llamará la atención Darín y el resto del reparto. Una película sobre el mal, sí, el que habita en todos los hombres. Más que interesante.

Jesús Usero

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Last modified on Martes, 07 Noviembre 2017 12:21
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