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Alien Covenant ***

Ridley Scott regresa a los fundamentos de la saga con esta secuela superior a Prometheus. Claro que es un lío si nos ponemos a pensarlo, porque esto es secuela de lo que ya era una precuela, pero que tampoco encaja realmente como secuela de la película anterior, sino que tiene su propia personalidad, más cercana a los elementos de Alien y Aliens El Regreso, que a los de Prometheus. Como una especie de borrón y cuenta nueva que engarza de cierta manera lo visto en la película anterior, pero decide dar un paso adelante (o atrás, todo esto es un lío) y volver a los fundamentos de la saga, antes que contarnos lo que realmente prometía el final de Prometheus, que tenía más que ver con el encuentro con los ingenieros y el enfrentamiento entre la creación, nosotros, y los creadores. Parece como si la recepción de la película hubiese hecho a Ridley Scott plantearse en qué dirección quería él llevar la franquicia, y en lugar de explorar aquella historia, prefiere poner a los Aliens de nuevo al frente de la historia, convirtiendo la película en una aventura de terror y supervivencia que deja mejor sabor de boca que la anterior, pero a la vez tiene en parte sus mismos defectos.

Unos defectos que parten del guión. La continua sucesión de casualidades y de incorporaciones de información que no aportan absolutamente nada a la trama, siguen presentes. Los personajes, en su mayoría (si exceptuamos a los dos sintéticos interpretados por Michael Fassbender y a la protagonista humana, Katherine Waterston) son meros esbozos, bocetos sin concretar y de los que apenas intuimos suficiente información como para empatizar muchas veces con ellos (y con sus cuestionables decisiones), lo que hace que la historia incorpore porque sí en mitad de la acción, detalles que tenían que haber sido presentados previamente y que no aportan, más bien entorpecen. Sobre todo detalles de relaciones personales (matrimonios) que parecen sacados de la manga para hacer que cierto personaje nos importe en mitad de la historia. Un error que hereda de la anterior, pese a que en este caso el guión viene escrito por John Logan, un guionista que nos ha brindado recientemente Penny Dreadful y que escribió Gladiator en su momento, entre muchas otras. Ese aspecto del guión demuestra que la trama requería una vuelta de tuerca más, respecto a los personajes.

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Déjame salir ****

Inquietante, siniestra e hilarante: una grata sátira muy bien pensada. Necesaria mirada sobre el laberinto de mundo absurdo y mentiroso en el que nos han metido los fabricantes de cortinas de humo de nuestro tiempo. Nos engañan y nos engañamos. Vivimos rodeados de mentiras. Somos parte de una sociedad falsa y corrupta. Todo el mundo lo sabe, pero muchos no se atreven a decirlo con tanta gracia y tan mala leche como lo dice Déjame salir, una afinada crítica social que sin tener que subirse a ningún púlpito, trabajando sobre las claves de géneros tan comerciales como la intriga y el terror, construye una ácida comedia negra donde aprovecha para extender en la pantalla un manto de verdad sobre lo que realmente han conseguido los apóstoles cansinos y llorones de lo políticamente correcto: NADA.

Lo que viene a contarnos con su singular habilidad para manejar los tiempos, imponer un ritmo brillante en la narración, trabajar las claves de los géneros por los que se desplaza y cruzar los mismos, es que vivimos en una sociedad muy mentirosa que predica una cosa en público pero en privado no ha cambiado nada y sigue pensando lo mismo de siempre.

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El caso Sloane ****

Una de las películas que más me ha gustado esta temporada.

Si ha visto la serie House of Cards, e incluso El ala oeste de la Casa Blanca, muchas de las cosas que vas a ver en este largometraje te van a sonar. Pero lo que más me ha llamado la atención de la película es su solidez como relato cinematográfico. Una solidez que suele ser característica habitual en la filmografía de su director, independientemente de si lo que te cuenta el argumento de sus películas te interesa más o menos. En El caso Sloane hay que decir que quizá interese mucho más que los argumentos de otras de sus producciones, porque realmente apunta y da en el blanco con su dibujo de cómo opera la política hoy y desde siempre, y no sólo en Estados Unidos y hoy, sino en cualquier lugar del mundo y en cualquier momento. Más o menos nos abre los ojos al papel de títeres que todos cumplimos fielmente como votantes dejándonos engañar por una clase política propensa a dejarse tentar por la corrupción. El poder corrompe. Más poder, más corrupción. Ese círculo vicioso queda expuesto como epicentro de la trama de intriga de El caso Sloane, sirviendo como motor de su argumento, pero lo que realmente nos acaba conquistando para entrar en la trama y zambullirnos plenamente en ella, son sus personajes y los actores que los defienden: por lejanos y ajenos que puedan parecernos en principio, no tardan en convertirnos a su causa existencial y absorbernos en sus conflictos. Madden es uno de los mejores directores de actores y uno de los más eficaces constructores de intrigas basadas en sólidos personajes del cine de nuestros días. Sale a la luz esta cualidad incluso en sus aquellas películas de su filmografía que en manos de otro director podrían haberse enfangado en el territorio de lo romántico-nauseabundo pero salen de ese pantano por la vía de una sobria, madura y sólida construcción de conflictos e intrigas. Piensen en Shakespeare enamorado, Su majestad Miss Brown, El exótico hotel Marigold y El nuevo exótico hotel Marigold.

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Le llamaban Jeeg Robot ***

Buena película que le da otra vuelta de tuerca al tema de los superhéroes en el cine.

El cine italiano vuelve a demostrar su originalidad y riqueza de propuestas cuando aborda los géneros y tendencias dominantes en cada etapa del cine más comercial. Si en etapas históricas anteriores le tocó el turno al cine de romanos que convirtieron en Peplum, al western que convirtieron en western mediterráneo (o espagueti western si ustedes lo prefieren), al terror y la intriga que transformaron en el giallo, etcétera, ahora, como no podía ser menos, se atreven a morder la rosquilla del cine de superhéroes con su habitual habilidad para mezclar referencias y propuestas de una cultura ajena con las señas de identidad propias, sin renunciar a pinceladas de cine de explotación absolutamente disparatado que hacen furor entre los incondicionales del frecuentemente interesante ceremonial de hibridación que practica el cine italiano con cualquier género que les llegue a la puerta procedentes de otro entorno sociocultural.

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Noche de venganza **

El suizo Baran bo Odar ofrece un circo de disparos y golpes de efecto, en el remake estadounidense de la homónima cinta francesa dirigida por Fédéric Jardin.

A velocidades excesivas es difícil hornear una película con cierto empaque argumental, y Baran bo Odar demuestra que semejante máxima se cumple ante la visión de su debut cinematográfico en Estados Unidos. Una trama liviana y mucho ruido de por medio son los ejes que sustentan esta movie, que bien podría ser un episodio alargado de Corrupción en Miami o The Shield.

Como preludio de lo que el espectador va a contemplar, el comienzo de Noche de venganza está acompañado por una persistente banda sonora, que antecede a cada uno de los supuestos momentos sorprendentes que van a suceder en la pantalla. Pero cada traca melódica queda desinflada ante una puesta en escena rutinaria, casi de fabricación industrial y con el mínimo sentido de la autoría.

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Piratas del Caribe, la venganza de Salazar ***

Mejor que la cuarta película de la saga, mejor al principio que al final.

Entra bien en principio esta quinta entrega de la saga. Y es meritorio, porque ya van cinco películas y claramente la capacidad para sorprender de la franquicia se va reduciendo a ojos vista, aunque en su primera hora de proyección esta película todavía demuestra que el cesto sigue teniendo suficientes mimbres para entretener. Otra cosa es el bajón de agotamiento de la fórmula que se observa en la segunda hora de proyección. Pero vamos por partes, como Jack el Destripador.

La primera hora de la película es un buen ejemplo de cine de evasión y entretenimiento capaz que emula en algunos momentos resultados de la primera película, al menos en su ritmo y en su tono. A esa etapa pertenece, más o menos, el diálogo entre Depp y Kaya Scodelario en el cadalso, que es un juego de humor en el seno del cine de aventuras muy competente y además ha sido una de las herramientas más eficaces de esta saga nacida del solapamiento o hibridación de géneros tan eficaces como las aventuras y el terror de clave fantástica para todos los públicos. Y es precisamente en esa escena del cadalso donde la película alcana su pico de máxima eficacia como vehículo de evasión enlazado con el tono y el dinamismo de La maldición de la Perla Negra. Paradójicamente es también en ese momento donde la película empieza a decrecer y repetirse, dando paso a un chiste visual con poca gracia, relacionado con el instrumento de ejecución que da vueltas, y vueltas, y vueltas… como de hecho va a dar el propio argumento a partir de ese momento, produciendo la sensación de que los personajes van de un lado a otro, casi como pollos sin cabeza, sin que quede nada claro que realmente se dirijan a algún sitio narrativamente hablando, aunque en el argumento finalmente han emprendido la búsqueda del tesoro fantástico que toca en esta ocasión y que es en sí mismo una reiteración de la búsqueda de instrumentos fantásticos en películas anteriores. Entra entonces La venganza de Salazar en una especie de caos que repite esquema y propuestas de las cuatro películas que la preceden, dando poca opción a que elementos nuevos incorporados al relato en esta ocasión puedan brillar para paliar los efectos de la repetición de un Depp que parece ya algo cansado de ser, otra vez, el Capitán Jack Sparrow, aunque a decir verdad, cuando intenta salir del cauce trazado como actor de personajes extremos y disparatados para intentar un registro más normal no suele irle demasiado bien ni con la crítica ni con el público. Me imagino que para el actor esta situación de etiquetado como “experto en tipos raros” debe ser como estar encerrado en una jaula de oro de su propio encasillamiento y repetición de Sparrow hasta el infinito.

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