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Rogue One: Una Historia de Star Wars *****

Mejor que el Episodio VII y con más personalidad a la hora de tratar la mitología de la saga.

Hace meses, cuando salió el primer tráiler de este largometraje, me mojé en un vídeo y dije que podría llegar a ser mejor y gustarme más que el Episodio VII, y lo cierto es que mis expectativas se han cumplido y precisamente por el camino que yo aventuré en aquel momento. Más libre que la película de J.J. Abrams a la hora de abordar la mitología de Star Wars, Rogue One consigue explorar aspectos realmente novedosos de la misma sin apartarse del espíritu de la franquicia. Es más, incluye numerosos guiños e incluso varios personajes clave que sirven para enlazar perfectamente este largometraje con el Episodio IV, una nueva esperanza. Y de hecho la palabra clave de esta historia es precisamente esa, la esperanza como motor de la Rebelión. Lo que hace Gareth Edwards es sacar el máximo partido a la libertad para contar una historia que se instala cómodamente desde el primer momento en la corriente narrativa de Star Wars pero busca incesantemente y con éxito darle otra vuelta de tuerca a la misma.

Rogue One es además más madura que el Episodio VII tanto en sus personajes como en su propuesta.

Por un lado nos muestra un estadio previo de indefinición de la Rebelión que resulta muy interesante. Por otro maneja personajes con mayor madurez narrativa, más completos, que habitan en los tonos grises de la ética y adoptan conductas moralmente ambiguas en torno al célebre debate de si el fin justifica o no los medios. Los héroes de este relato no son tales. Son antihéroes. Un puñado de marginados y desesperados que por un motivo u otro acaban convirtiéndose en la pieza clave para un episodio pleno de épica que tiene todos los ingredientes no sólo de las mejores entregas de la saga, los Episodios IV, V y VI –esa media hora de batalla final que no había en el Episodio VII y además rinde homenaje al desenlace de El retorno del jedi, con ese momento estelar del Crucero Cabeza de Martillo que en mi opinión merece figurar entre los grandes hitos de las batallas aéreas de toda la franquicia-, sino incluso de los videojuegos de la misma –el desembarco y la batalla en la playa es un “momento Battlefront” en toda regla-, y por supuesto de las series animadas, de las que rescata algún personaje.

Al ver cómo maneja Rogue One su guiño a los personajes conocidos de otras entregas (y no me refiero sólo a Darth Vader) haciendo algo más que cameos con algunos de ellos, no puedo sino pensar que también acerté al pensar que era un excelente cemento o base sobre la que ir construyendo esa cohesión entre las nuevas películas y las clásicas. Pero además aborda personajes, paisajes y acontecimientos que son algo más que un mero complemento de las películas principales. Y deja más claro lo que propuse para comenzar el debate que mantuvimos mi colega Usero y yo en el salón Expocomic de Madrid 2016: que la capa externa de la saga es ciencia ficción, pero su alma es una cada vez más competente, madura y variada hibridación de géneros. Gareth Edwards ha elegido en este caso el género bélico, que es el que domina en todo el largometraje. La primera mitad de la historia, hasta el momento en la base científica del Imperio, está siguiendo la pista de un clásico del cine bélico en su clave épica, Los cañones de Navarone, algo que ya propuse hace meses y que se ha cuplido. La segunda parte es más Doce del patíbulo, otro clásico esencial del género bélico, variante misiones de comando suicida.

Sobre esas dos columnas Gareth Edwards edifica su película del universo Star Wars, que nos lleva de viaje a una visión más oscura del mismo y más cercana por cuanto, aun manteniendo la aparición de los elementos fantásticos en el relato, se decanta por poner a los personajes en una clave de mayor madurez como construcción de su viaje del héroe y echándole muchas agallas al desenlace. Pero muchas.

Pero voy a concretar más. Pienso que Felicity Jones como Jyn Erso le gana la partida en un duelo como protagonista femenina a Daisy Ridley en el Episodio VII.

En cuanto a villanos, ésta está mejor servida. No sólo porque aparezca Darth Vader y algún que otro personaje rescatado de otras entregas, sino porque Ben Mendelsohn construye un gran villano de la saga como Orson Krennic.

Es cierto que algunos podrán echar de menos la clave más mítica que aportaba al Episodio VII, Han Solo, Chewbacca, Leia, la aparición de Luke y demás. El lado, si ustedes quieren, más festivo de la saga. Pero no debe olvidarse la clave dominante en esta película que he mencionado: es más madura, más oscura. Por tanto, aquí, con buena lógica, los cameos son más de personajes del Imperio. Y ya digo que en está muy bien servida.

Además nadie podrá decir ahora que es un remake de nada. Es totalmente original, aunque comparta su tono argumental con algunos capítulos de las series de animación de las Guerras Clon, eso sí, siempre con tono más oscuro.

Sobre este tono más oscuro, merece la pena llamar la atención sobre la ambigüedad que adorna y a la que los actores sacan un gran partido, el Capitán Cassian Andor de Diego Luna, su “socio” androide, K, al que presta su voz y su sarcasmo Alan Tudyk, y el Saw Guerrera interpretado por Forest Withaker, personaje rescatado de las series de animación.

Esa ambigüedad de estos personajes de antihéroes se une a la manera en la que la película aborda el tema de la Fuerza, creer o no creer en la Fuerza. El tema de la esperanza sustituyendo a la fe. La idea de que no haya jedis metidos en la aventura. El concepto de que conocemos a la Rebelión y a sus héroes en horas bajas, antes del ascenso heróico e idealista que lucían en el Episodio IV.

Y todo eso da lugar a una película saludablemente diferente, original y con una personalidad propia dentro de la saga en la que podemos encontrar combates urbanos, guerrilla, desembarcos, batallas aéreas, nuevos paisajes, nuevas propuestas… y una nueva mirada a los elementos clásicos de la saga, algo que esta franquicia necesita a rabiar para renovarse y actualizarse. En ese camino de mirar con otros ojos la trilogía clásica creo que también Rogue One está mejor que el Episodio VII.

Miguel Juan Payán

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©accioncine

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