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Criticas

El caballero oscuro, La leyenda renace *****

  Nolan pone el broche de oro a su saga de Batman con una obra maestra del cine. Una película que supera todas las expectativas, que eran extremadamente elevadas tras esa pedazo de película que fue El Caballero Oscuro y que sirvió para redefinir el cine de superhéroes, aquí haciendo el más difícil todavía para cambiar las reglas del juego de los blockbusters. El listón se ha puesto a una altura desmesurada porque Nolan ha demostrado que se puede y se debe hacer un blockbuster cargado de acción, trepidante y épico, pero a la vez lleno de personajes memorables, drama humano y social que se conjuga de forma espectacular, vibrante y emotiva en uno de los mejores cierres que se puede dar a una trilogía jamás visto en una sala de cine.

Olvídense de los Peter Jackson, los James Cameron y similares de rigor. En lugar de apostar por las nuevas tecnologías y vender la vida por epatar visualmente al espectador, sin que haya mucha tela que cortar en el guión, Christopher Nolan siempre ha apostado por hacer de sus guiones y su tradicional forma de contar el cine su mayor baluarte. Hacer historias que realmente interesen al espectador, con personajes que traspasen la pantalla y te lleven a un mundo ficticio pero real, aunque se trate de cómo controlar los sueños de la gente. Aunque se trate de un tipo enmascarado con capa y un coche que parece un tanque. Nolan apuesta por esas historias que se nos quedan dentro, que no nos dan todo mascado y pulido para que no tengamos que pensar. Películas que te apetece repetir a los dos minutos de terminar la proyección. El auténtico revolucionario del cine moderno es Christopher Nolan, y ni señores del Anillo, ni Avatares ni Matrix varios van a cambiar eso.

Un tipo que decide que todos los planos de la película los debe rodar él y su director de fotografía (nada de segundas unidades), que rueda antes de plazo y por debajo del presupuesto. Que usa la infografía sólo cuando es completamente necesario y prefiere contratar a 11000 extras para llenar un estadio que calzarse una de copia y pega con un programa de masas. Un tipo que escribe los guiones y obliga a los directivos a acudir a su garaje a leerlos sin poder sacarlos de allí. Que lleva una petaca con té de la que bebe continuamente en los rodajes. Uno que no peca de prepotente, ni de ególatra ni de megalomaníaco. Ese es el hombre que ha llevado la saga de Batman a buen puerto. A un puerto en el que nunca había estado. A la madurez del cine de cómic, para quitarle ese sambenito y convertirlo en cine con mayúsculas. En cine soberbio. En cine perfecto.

The Dark Knight Rises (permitan que use el nombre inglés para abreviar) es una joya del cine moderno que engancha desde el primer al último minuto con una historia que, sobre todo, se toma su tiempo en presentar nuevos personajes y situaciones, con calma y buen tiento, dejando que cada uno se defina por sus actos (gran axioma de toda la saga), pero intercalando brillantes escenas de acción para que el ritmo nunca decaiga y no nos olvidemos de que esto es cine espectáculo, con todas las letras. Y con esos personajes y situaciones nuevos nos llegan los nombres de Marion Cotillard (soberbia, imprescindible, bellísima…), Joseph Gordon Levitt (que tiene mucho que decir…), Matthew Modine, Tom Hardy y Anne Hathaway, brillantes como los habituales, con unos personajes llenos de matices, incluso los más secundarios, nunca olvidados por Nolan. Vean si no la historia de Modine y cómo se resuelve.

Claro que entre esos nombres los de Hathaway y Hardy serán los más comentados. Ambos encarnan dos personajes que la gente quería ver en la película. La primera por la dura competencia que le supone ponerse a la altura de Michelle Pfeiffer, el segundo por llegar al nivel del brillante Joker de Heath Ledger. Sobra decir que lo logran con galones. Una Catwoman divertida, inteligente, poderosa, sexy e imprevisible y un Bane terrorífico, brutal, salvaje, una poderosa fuerza de la naturaleza que es el opuesto al Joker. No es caótico, es metódico, inteligente, brillante y lo tiene todo perfectamente planeado. Y por eso es tan aterrador. Y Catwoman, con esos apuntes de humor, pero sin perder nunca ese trasfondo realista del personaje… hace olvidar el pasado.

Todo ello compone un reparto y una historia coral, más aún que en la anterior entrega, más cargada de vida si cabe, con grandes espacios en los que no veremos ni a Wayne ni a Batman que permiten ahondar aún más en el universo de esta Gotham que, por fin, cobra el relieve de una Nueva York moderna. Pero ese reparto coral no sería nada sin los cuatro pilares sobre los que se sustenta desde su origen. Bale, Oldman, Caine y Freeman. Personajes que aquí llegan a un punto de no retorno, de final apoteósico, donde los actores dan vida a cada uno de sus alter egos con una brillantez pasmosa. Ganador indiscutible ese Bale que crece y cambia con la película, que evoluciona y renace de sus cenizas. Que es el héroe que Gotham merece y necesita. Pero todos ellos tienen sus momentos de gloria, de magia y esplendor en una historia que toma matices de varias sagas de Batman, no sólo la de Bane, sino cosas como Tierra de Nadie, por ejemplo, de la que extrae lo mejor y nos deja una trama memorable.

Todo ello nos lleva con ritmo endiablado al desenlace a través de dos horas de metraje inicial que se pasan en un suspiro, llenas de violencia, de drama y conspiraciones. Con guiños al mundo real en el que vivimos, a la gente desencantada con sus dirigentes, a la caída económica de occidente, al desamparo de los más débiles y el ansia de los más ricos. Si en Batman Begins la corrupción campaba a sus anchas por las calles de Gotham, el crimen organizado ha dejado paso a un nuevo tipo de corrupción, la política y empresarial, que consume el alma de la ciudad. Más parecido con la realidad imposible. Y tras esas dos horas llega el desenlace, una pieza a la que la palabra épica se le queda pequeña, con una fuerza descomunal que nos mantiene pegados a la butaca y al borde del infarto. Con giros perfectos de guión y con una coherencia que hace que todo el viaje, desde la primera a la última película, se conviertan en una sola obra, un camino que Christopher Nolan y su gente han querido que recorramos junto a uno de los héroes más importantes de la mitología de las viñetas. Convirtiendo las películas de la Marvel en meros paseos infantiles.

Oscura y desasosegante por momentos, donde la épica y el cine negro se dan de la mano, con escenas que recordaremos durante años, desde una pelea en las alcantarillas a la presentación de Bane o Catwoman pasando por el viaje de Gordon Levitt o el final que, de pura emoción contenida, me ha hecho incluso conmoverme. Magia en su más perfecto estado. Genialidad de esa que se estudia en las escuelas de cine. Si no he dado más pistas en esta crítica sobre la historia, la trama o el desarrollo de la misma, denme las gracias, porque la película merece ser vista sin conocer lo que va a suceder, con ojos nuevos, sin que nadie nos destripe nada. Para maravillarnos con uno de esos momentos en los que el cine, el cine comercial, se convierte en grande. Se convierte en leyenda. Lo único malo que tiene esta película, que es incluso superior a El Caballero Oscuro, es que se acaba. Y quien tenga que tomar el relevo para dirigir las nuevas aventuras de Batman… tiene un serio problema al que enfrentarse. Igualar esto va a ser casi imposible. El listón está a la altura del cielo. Si se pudiese le daba seis estrellas.

Gracias, Batman. Gracias, Nolan. Hoy habéis hecho el cine un poquito más grande de lo que era.

Jesús Usero.

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