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Woody Allen regresa con un buen guiño a la intriga de Hitchcock y Emma Stone.

La asociación entre Allen y su nueva musa, Emma Stone, demuestra gozar de excelente salud en The Irrational Man, que viene a reforzar la buena química entre director y actriz que ya vimos en Magia a la luz de la luna. Por otra parte, no está estancada. Ambos parecen dispuestos a explorar variantes que les lleven por un interesante camino de exploración del cine clásico norteamericano, especialmente en el territorio del suspense, del que vuelven a hacer una especie de parodia que me ha traído a la memoria el cine de Alfred Hitchcock y más concretamente la película que según afirman distintas fuentes eras la favorita del maestro del suspense entre toda su filmografía: La sombra de una duda. Hay que decir que Stone habría sido en otro tiempo una candidata con posibilidades para ser rubia de Hitchcock, pero la versión de ese icónico personaje de la intriga cinematográfica  que nos da Woody Allen es más divertida, principalmente porque, como viene demostrándose en los últimos tiempos y esta película vuelve a probar, el director en su etapa de senectud parece más interesado en buscar sus alter-ego y desdoblarse ante las cámaras en sus protagonistas femeninas que en sus protagonistas masculinos. Naturalmente aún queda mucho del personaje-tipo y sus obsesiones transmitidas directamente desde el rico mundo interior del director al personaje que aquí interpreta Joaquim Phoenix, pero el desarrollo de la película, y esa voz en off que aplica a la narración nos alejan de la primera persona, nos acercan a la fórmula de presentación de personaje y manejo del mismo aplicada por Hitchcock en La sombra de una duda con Joseph Cotten, y hacen del atribulado profesor de filosofía que interpreta Phoenix un personaje que si bien retiene el protagonismo, no está tan cercano a nosotros como el interpretado por Emma Stone. Quiero decir con esto que creo que Allen ha dado un paso adelante más decidido para hacer de Stone su “voz” dentro de la historia (escenas como las conversaciones con los padres y con el propio profesor), si bien no es menos cierto que como construcción de figura femenina ella también retiene elementos de las clásicas féminas del cine del director (especialmente en todo lo relacionado con las escenas con el novio, y alguna que otra con Phoenix).

Todo ello, junto con la curiosa manera en que Allen homenajea y al mismo tiempo imita y parodia las claves del cine de intriga clásico, hacen de Irrational Man una película muy interesante dentro de la propia evolución de la filmografía del director, y al mismo tiempo un saludable entretenimiento para quienes simplemente quieran ir al cine a ver una buena construcción de trama de intriga que en algunos momentos y personajes casi se acerca, sospecho que por la manera de trabajar en su personaje de Phoenix, a algunos de los más disparatados enredos de los hermanos Cohen, pero sin abandonar nunca el “territorio Allen”, por decirlo de algún modo.

La manera en la que los personajes entran en conocimiento de la historia del juez que va a dar lugar a la trama de suspense propiamente dicha, que recuerda el mecanismo de una matrioska rusa, con esa pequeña intriga de la mujer divorciada, sus hijos y el juez que da paso a la propia intriga del personaje de Phoenix con el juez, que a su vez va a dar paso a la investigación de Stone, tiene toda la deliciosa insolencia de los grandes clásicos del cine de suspense en los que se filtra la casualidad, el destino, como motor de la trama, rozando incluso el Deus ex machina. A Allen no le preocupa que esa casualidad se filtre en la trama porque su juego no es construir el relato perfecto de laberinto de pistas propio de los relatos policiales de asesinato en cuarto cerrado, como demuestra la manera rápida, distante, incluso fría, con la que resuelve el desenlace de la investigación de Stone en una escena de suspense y acción que casi no tiene ni suspense ni mucho menos acción.

Y además de todo eso, claro, está la filosofía, tema que aparco para mejor ocasión.

Eso sí, confieso que Phoenix me ha convencido en esta ocasión menos de lo que suele ser habitual en él, como ya me ocurrió en Puro vicio. ¿Empieza a explotarse en exceso sin explorarse y evolucionar, como le ha ocurrido a otros grandes actores de talento fuera de lo común o es una equivocada percepción mía que tiene que ver con factores de construcción de los propios personajes y películas a las que me refiero? Como no lo tengo del todo claro, le planteo estas dudas al lector para que saque sus propias conclusiones y, si le place, me las comente por las redes sociales.

Miguel Juan Payán

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©accioncine

Modificado por última vez en Martes, 13 Octubre 2015 09:04
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