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Pesadillas ***

Miguel Juan Payán 22 Ene 2016
Pesadillas. Amena y divertida peripecia de fantasía para público familiar.

Siguiendo la estela de la fórmula de Jumanji, condimentada con el espíritu de aventura ochentera tipo Gremlins y Los Goonies, el traslado al cine de los libros de fábulas terroríficas para público juvenil encuentra su camino jugando la baza de la comedia y el cine para todos los públicos y sacando brillo con sus criaturas a la parodia de las sesiones matinales de fin de semana que caracterizaron el cine estadounidense de explotación y serie B en los años cincuenta, donde se mezcló con singular habilidad el terror y la ciencia ficción.

La película es además un homenaje a esa vida de postal provinciana e ingenua que siempre han querido vendernos en el cine norteamericano, paisaje idealizado que no el argumento no duda en quebrar con un ataque de monstruos que tiene muy buen ritmo de desarrollo, va al grano y no engaña: da exactamente lo que promete y es fiel al espíritu de las Pesadillas de librería firmadas por R.L. Stine, que se convierte en un personaje más de la trama bien servido por Jack Black.

Realmente no es que haya nada nuevo en la película, ni nada especialmente sorprendente, pero digamos que todas las piezas encajan en el puzle tal y como estaba previsto, no desentona ninguno de sus elementos, y de paso le sacan el máximo partido al desfile de criaturas fantásticas, que son el gran anzuelo de la película, como en su momento lo fueron de los libros que la inspiran. Es un acierto que hayan mezclado varias historias en una sola, para sacarle mayor partido al despliegue fantástico del argumento, convirtiéndolo en una sucesión circense del la fauna terrorífica de los libros de Pesadillas. Que además de todo eso haya una peripecia sentimental inevitable pero que no molesta, e incluso tiene su propia personalidad como referente metafórico a los amores imposibles, es otro acierto que permite sostener el entramado argumental de la película como una digna propuesta de ocio y evasión sin mayores pretensiones pero también sin complejos ni intentos fallidos de ser algo más de lo que es.

Pesadillas es además un ejemplo de cómo la serie B se ha ido infiltrando como alma del actual cine comercial estadounidense desde los años ochenta, que es la década más representada entre la fuentes que sirven como referente para los artífices de este largometraje. Pero en ese viaje permite hacer algún que otro repaso a cómo han ido cambiando los referentes del terror y la fantasía para la infancia, reparando en que lo que resultara inquietante para infantes y jóvenes de otras generaciones sea hoy más un referente de comedia.

Ahora bien, le sobra ese final feliz, que entiendo como recurso de rendimiento a lo comercial y al público familiar al que se dirige. Es en el desenlace, tras el ataque a la escuela, donde empieza a aflojar más por agotamiento de la fórmula a la que se acoge desde sus primeros compases. Y es en ese tercer acto donde habrían podido rematar la faena sorprendiendo algo más en la resolución de la fantasía. Pero, claro, tampoco vamos a pedirle que sea lo que no es.

Miguel Juan Payán

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Modificado por última vez en Lunes, 15 Febrero 2016 09:14
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