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Criticas

Captain Fantastic ****

Matt Ross diseña una imaginativa odisea en clave ecologista, con una familia que abandona voluntariamente la vida urbana para instalarse en pleno bosque. El filme resulta convincente y emocionante, liderado por la presencia de un brillante Viggo Mortensen.

Tras bucear por las experiencias juveniles al lado de su madre, el peculiar Matt Ross (28 Hotel Room) ha sacado adelante una activa película, que centra su discurso en varios frentes: las relaciones entre padres e hijos, las cosas innecesarias que dominan al ser humano contemporáneo y la defensa a ultranza de poder llevar una vida alternativa a la del resto de los mortales.

Aliado con un actor tan comprometido con las causas aguerridas como Viggo Mortensen, Ross construye con las citadas tesis un filme compacto y reflexivo, en el que las posiciones rígidas respecto a la existencia quedan superadas por perspectivas diferentes en la manera de entender la comunión absoluta con lo que nos ofrece la Tierra.

En una línea similar a la marcada por Los robinsones suizos (aunque los protagonistas de Captain Fantastic no estén ubicados en una isla desierta, sino en el interior boscoso de las montañas de Washington), el guion elaborado por el propio Ross comienza con un hecho trágico para el clan de los Cash: la madre acaba de fallecer por causa de un misterioso suicidio, ocurrido en el hogar de los padres de ésta. Tal acontecimiento hará que el patriarca (Ben, al que encarna Mortensen) y los seis vástagos tomen la decisión de subir a la furgoneta y trasladarse a miles de kilómetros de distancia, con el objetivo de asistir al sepelio.

El viaje por carreteras y autopistas ilustra el desarrollo de una obra comprometida, que pasa con soltura de la comedia al drama con un sencillo cambio en el gesto y de dicción. De esta forma, el espectador entra de manera verosímil en el universo de la singular y autosuficiente familia, siempre con el método de la comprensión de posicionamiento y actitudes.

Dentro de ese propósito, el director no se limita a mostrar las vicisitudes de los Cash, sino que se preocupa por distinguir a cada uno de los miembros del clan, a los que dota de una personalidad definida, que se engrandece frente a aceptación de la muerte de la madre. Así, el cineasta alude a los puntos de confusión de Ben, cuando el hombre se cuestiona si la vida que está dando a sus hijos es la que verdaderamente necesitan y reclaman. Un trabajo que adquiere profundidad con la identificación de Bodevan (el mayor), como un adolescente interesado en estudiar una carrera universitaria; del rebelde Rellian; o del nudista Nai. Todo un mosaico humano, que ayuda a sensibilizar el imaginativo guion.

Con un sentido claro y determinado para adentrarse en la psique colectiva de los Cash, Captain Fantastic se erige como un largo mucho más agradable en su propuesta naturalista, que la exhibida por salvaje aventura de La costa de los mosquitos. Sin embargo, la apuesta por una cierta suavidad en su desarrollo no merma la capacidad de la película para abrir foros de discusión acerados, respecto a los pros y los contras de reaccionar frente a los abusos de la llamada civilización masificadora.

Para el recuerdo quedan escenas como la de la comida en la casa de la hermana de la fallecida Leslie Cash, en la que el discurso vital y alterado de Ben bombardea con paradojas la inconsistencia de muchos de los comportamientos supuestamente socializados.

Jesús Martín

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©accioncine

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