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Criticas

Los siete magníficos ***

Floja y decepcionante en varios aspectos, es entretenida pero no convence.

La asociación de Antoine Fuqua y Denzel Washington en una película del oeste merecía más. Su visita a la mitología de la icónica Los siete magnificos merecía más. Ye esperaba más de un guión del creador de True Detective, Nic Pizzolatto. El personaje de Chris Pratt merecía más desarrollo del que tiene, no puede ser simplemente un comparsa humorístico de Denzel. El propio Denzel merecía más porque su personaje, aún teniendo todo el apoyo del director, que parece haber devaluado el resto de “magníficos” para reforzar la “magnificencia” de su protagonista, está dibujado con trazos desiguales y como a todo el resto de sus compañeros le falta una escena definitoria que marque al personaje similar a la que tuviera Yul Brynner en la versión de John Sturges en los años 60 en el cementerio, junto a Steve McQueen, lo que podríamos llamar la clave épica. En lugar de esa presentación de clave épica, Fuqua y sus guionistas prefieren darle al personaje una explicación final que además de innecesaria incluye una especie de giro al modo del western europeo con sus historias de venganza que llega demasiado tarde al relato para proporcionarle al personaje una motivación sólida para su conducta, y tampoco ejerce bien el rol de elemento de intriga sobre su pasado, aunque lo pretenda.

Esa indefinición y precipitación, esa negación a la épica, es algo que se extiende al resto de los integrantes del reparto. Más allá de Denzel Washington, se aprecia una notable falta de interés por darle entidad real y momento de protagonismo sólido al resto de los integrantes del grupo. Ya he comentado que Chris Pratt, y la resolución de su personaje, ronda el nivel de mero boceto y ni siquiera se desarrolla completa y convenientemente como contrapunto gamberro y humorístico del personaje de Denzel Washington. Otro viejo conocido del Fuqua de Día de entrenamiento, Ethan Hawke, tampoco sale bien parado de esas prisas del guión por poner en acción a sus personajes y esa falta de solidez en la creación de los mismos frente a las dos versiones anteriores de este mismo asunto, la de Kurosawa, de la que esta película está muy, muy lejos en sus planteamientos y resultados-, y la de Sturges, a la que tampoco consigue acercarse. La historia del miedo de Hawke, el tema del búho, parece metida con calzador en el relato si la comparamos con la manera en que explicaba su decadencia como pistolero el personaje de Robert Vaughn en la película de 1960. Otro tanto ocurre con el personaje del lanzador de cuchillos que en la versión anterior interpretara James Coburn. El conflicto moral de aquel no existe en esta revisión del personaje equivalente aunque hayan tomado prestada una escena similar. Y ni siquiera desarrollan el potencial de los personajes que interpretan Hawke y su compañero Byung-hun Lee, del mismo modo que desperdician las posibilidades del resto de los siete. El mejicano Vásquez, el cazador de indios y recolector de cabelleras Jack Horne y el indio exiliado Cosecha Roja son poco más que caricaturas, bocetos apresurados desarrollados como con prisas, sin ninguna frase de diálogo o secuencia que los respalde y se gane nuestro interés hacia ellos, todo lo contrario de lo que ocurría con los siete samuráis de Kurosawa y los siete pistoleros de Sturges.

El principal problema es por tanto de guión, de definición y construcción de personajes interesantes. La película presenta personajes pintorescos, pero no interesantes. Y ni siquiera se toma tiempo para desarrollar ese pintoresquismo folclórico de sus criaturas. Parece tener demasiada prisa en llegar a la batalla final como para entretenerse en lo verdaderamente interesante de la propuesta, que tratándose de Los siete magníficos son sus protagonistas (como ocurre con otras dos icónicas películas-espectáculo de las mismas hechuras, Doce del patíbulo y La gran evasión).

La pérdida de oportunidades arrecia aún más en el personaje que sustituye al aspirante a incorporarse al grupo, que en la versión Sturges interpretara Horst Buchholz y aquí encarna una joven viuda, fallido intento de establecer cierta dosis de protagonismo femenino en la película, interpretada por Haley Bennett. Ese personaje femenino, reclutadora del grupo, no llega tampoco a desarrollarse y es una lástima, porque era una propuesta interesante. Menos interesante es el antagonista, un vilano al uso, algo acartonado, capitalista y especulador feroz, interpretado por Peter Sarsgaard y atrapado en el tópico. Palidece ante el mero recuerdo de Calvera, el villano que interpretara Eli Wallach.

En lo referido a la acción, Antoine Fuqua siempre se ha manejado bien en ese terreno, desde su película Asesinos de reemplazo, de 1998, donde todavía estaba bastante influido por el cine de John Woo. En Los siete magníficos le veo algo parco y bidimensional en su propuesta de acción, y pongo dos momentos como ejemplo para que el lector de estas líneas pueda juzgar por sí mismo el asunto cuando vea la película. El primero es la llegada del ejército de antagonistas a los alrededores del pueblo, una cabalgada algo bidimensional, sin relieve, carente de la épica que tuvieran los bandidos mejicanos de la película de Sturges. El otro momento es la cabalgada de desenlace del personaje de Chris Pratt, que no tiene, como otras escenas de acción de la película, el relieve, el dinamismo y la tensión creciente que sería de desear en este tipo de producción.

De manera que sí, es entretenida, pero no acaba de convencer, y en su conjunto está más cerca de aquellas secuelas oportunistas que se rodaran al calor del éxito de la película de John Sturges que a lo que debería haber sido realmente, una alternativa actualizada a la misma, una propuesta con tanta personalidad como la que han tenido otros western recientes, como la versión de Valor de Ley de los hermanos Coen, El tren de las 3:10, Deuda de honor, Bone Tomahawk, Los odiosos ocho, The Salvation, Slow West… todas ella buscan, cada cual a su manera, nuevos caminos y alternativas modernas para el western, algo que en mi opinión no hace esta nueva versión de Los siete magníficos que además desaprovecha su oportunidad de ser una película de acción más cañera.

Miguel Juan Payán

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©accioncine

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