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Criticas

No culpes al Karma de lo que te pasa por gilipollas ***

María Ripoll firma la adaptación al cine de la exitosa novela de Laura Norton, sin humor de múltiples lecturas y un sentido de la armonía romántica realmente encomiable. Una obra en la que brilla especialmente la enérgica interpretación de Verónica Echegui.

Una chica, que no ha tenido mucha suerte en la vida, ve cómo su tienda de plumas en Madrid presenta visos de quiebra anunciada. Mientras la joven intenta cuadrar cifras, ésta recibe la noticia de que su hermana se va a casar, pero la sister no cuenta con el apoyo de sus padres. Motivo por el que la futura esposa se traslada al piso de la protagonista, junto al que será su marido. Una concentración a la que se añade el progenitor de ambas, quien abandona el domicilio conyugal por la infidelidad de la madre. Y si todo esto no era suficiente, la dueña del establecimiento de plumas descubre que el prometido de su hermana es el mismo chico del que ella estuvo colgada durante el instituto.

Tales líneas argumentales son las que conforman la historia orquestada por María Ripoll (Ahora o nunca), la cual se inscribe a la perfección dentro del tipo de comedias hispanas y románticas que han triunfado en las carteleras de la llamada Piel de Toro durante la última década, con títulos del calado taquillero de Ocho apellidos vascos.

A bordo de un guion desbordante en pasión juvenil, la directora crea un ligero tentempié a base de equívocos, casi de manual; en el que las situaciones sacadas de contexto son las que verdaderamente dan cohesión a una trama un tanto previsible de principio a fin.

Y ese es precisamente el mayor problema de No culpes al karma de lo que te pasa por gilipollas: su tendencia a huir de cualquier síntoma de complicación, siempre pendiente de guardar las buenas formas para con los que presencian la cinta desde el patio de butacas.

En este sentido, Ripoll diseña el decorado activo con una galería de personajes, que parece horneada a través de un programa especializado en comedias destinadas al éxito multitudinario. De la gachí con gafas y pocas dotes para desarrollar una relación amorosa satisfactoria, a la hermana guapa y sin cerebro; del padre con problemas en su matrimonio que descubre la libertad al ser engañado por su mujer, al galán sensible escondido en las costuras de un tipo atractivo y con suficiente imán para las féminas… Cualquier tipo humano que aparece en la película da síntomas de haber estado en alguna obra anterior.

Sin embargo, la cineasta catalana tiene la habilidad para exhibir una cierta originalidad en el trato de esas coordenadas, apoyada en las competentes interpretaciones de su elenco artístico; donde sobresale la caracterización de Verónica Echegui, como la anfetamínica Sara.

Dentro de este esquema de trabajo es normal que todos los componentes de la movie parezcan retorcidos convenientemente, para provocar el efecto de algodón de azúcar que al final persiste. Una sensación que enfatiza con creces la más que adecuada banda sonora, y que revierte en esas emulsiones del feelling good que el argumento se empeña en anticipar desde los títulos de crédito iniciales. Jesús Martín

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©accioncine

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