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Criticas

Guardianes de la galaxia vol. 2 ***

Más floja que la primera, sentimentaloide, oportunista, musicodependiente y cansina con sus “mensajes”.

Por supuesto es entretenida y espectacular en lo visual. Pero… ¿Qué paso con el lado más gamberro de Guardianes de la galaxia? ¿Qué pasó con su vitalismo desenfadado? ¿A dónde fue la propuesta de diversión sin complejos? ¿Por qué se han convertido en Moñones de la galaxia? En ésta segunda película los mejores aciertos de la primera están casi desaparecidos, o en fuga, en caza y captura para beneficio de un ejercicio fallido de lo que los gestores del asunto entienden como “profundización” de los personajes pero en realidad es sólo es una acumulación de pinceladas sentimentaloides tópicas que además son bastante simplonas y reiteradamente obvias, además de repetitivas. Naturalmente tiene chistes que funcionan, porque entre otras cosas el guión adolece de unas irregulares de ritmo y a ratos parece construido con retales que se pelean entre sí, pero siempre sometido a un mismo tema: añadir conflictos “familiares” a todos los personajes que luego se solventan de una manera ingenua, simplona. Un ejemplo de ello es cómo se resuelven finalmente los conflictos paternofiliales de Peter Quill con Ego y Yondu, o el conflicto de Gamora con Nebula, o la manera en la que domestican a Mapache Cohete y convierten a Drax en un apunte cómico. Pero lo más descarado es ese empeño en hacer del niño Groot una estrella al servicio de la cual parece estar concebida la película desde el primer momento, con la primera escena de acción desenfocada al fondo y el tema musical de la ELO sonando a toda pastilla. Aviso: el muñeco ya lo tienen vendido desde el final de la primera entrega, cuando lo plantaron en la maceta y se puso a bailotear. No hacía falta insistir tanto. Ya es la nueva mascota de moda incluso antes de que estrenen el largometraje, no hacía falta poner toda la película en el filo de la navaja para vaciar las estanterías de las tiendas de muñecos-Groot. ¡Ya está vendido! Además la manera de venderlo expone desde el primer momento uno de los talones de Aquiles de la película, que es su musicodependencia: las emociones que deberían llegarnos por las imágenes son sustituidas por el camino más fácil de dejar que sean los temas musicales los que se ocupen de darle el tono emocional a todo el relato. El cine recula y deja paso a la música. Claro que la escena funciona. Funciona por la ELO. Lo de menos es el muñeco bailoteando. Y así es como Guardianes de la galaxia 2 cae en la trampa que ya se insinuaba en la primera entrega con la escena del bailecito final, pero aquí se manifiesta totalmente: la banda sonora hace el trabajo que debería hacer el guión. Y si lo dudan, reparen de qué manera solucionan el conflicto emocional de Peter Quill y Gamora, con el baile. En general la presentación de personajes en esta segunda aventura, el planteamiento de sus conflictos, su arco de desarrollo y la resolución de esos conflictos, es muy superficial, simplona, ingenua y más propia de un capítulo de las series de dibujos animados de los personajes Marvel que pasa el canal Disney XD los fines de semana. Vale para esas series, pero se queda muy escaso para un largometraje. El guión es lo más fallido, lo más flojo de la película, y además claramente tiene problemas para una película. Reparen en cómo explican y solventan la subtrama del carácter hostil de Mapache Cohete (y de paso lo convierten en otro peluche) a través de Youndu. La palabra clave, incluyendo al personaje de Stallone, parece ser “domesticar”, “dulcificar”, “descafeinar” a los personajes. El momento “funeral vikingo” puede servir como otro ejemplo de esto que comento: ¿Fuegos artificiales? ¿En serio? Si parece el emblemático sello visual incorporado a la presentación de los clásicos de Disney. Salvo que en los clásicos de Disney es un emblema icónico, y aquí sobra totalmente.

Creo que la película define bien lo que está pasando en el cine comercial de nuestros días, en ese curioso proceso de mutación de Hollywood en Franquicialandia: por un lado los mercados de explotación de las películas y sus personajes están fuera del cine –caso Groot-, por otro se abusa de la incorporación de personajes más allá de lo que permite el propio metraje de la película, lo cual se traduce en intervenciones episódicas, poco trabajadas, inmaduras, o de simples “cameos” utilizados como anzuelos comerciales de cara a la galería –la idea de Kurt Russell como Ego es buena de partida, pero se malogra en pura postal a consecuencia de la falta de metraje para desarrollar ese personaje como merece-, y finalmente el guión cede territorio y paso a la empanada musical y el alarde pirotécnico de despliegue visual espectacular, al tiempo que incurre en la inocente obsesión de transmitir “mensajes” sin profundizar realmente en lo que cuenta, dando como resultado una naturaleza fundamentalmente episódica de su propuesta. En el caso de esta película ese carácter episódico queda puesto de manifiesto con esas cinco escenas postcréditos -¡cinco!- que en realidad son flecos y remates de la trama central en las que se adivina cierta obsesión de la productora por transmitir la sensación de que tienen muchas más historias que contar para llenar la cartelera del futuro.

En Guardianes de la Galaxia 2 se hace patente todo esto, y lo más interesante es que ni siquiera hay que salir de su propia franquicia para demostrarlo: basta con que comparemos con la mejor manera en que se manejaron esos mismos personajes en la primera entrega. La manera de llevar a esos personajes a la madurez es plana, fallida.

Lo que mejor funciona en esta segunda entrega son los flecos que mantienen el tono de la primera, lo que podríamos bautizar como “momentos Coche fantástico”, y el cameo de Stan Lee, que es uno de los mejores que he visto en todas las películas Marvel, porque además hacen un chiste-homenaje a la propia personalidad del guionista y creador de personajes de la editorial, uno de los “padres” creativos de todo esto.

Pienso que los árboles no les han dejado ver el bosque: el empeño de llevar esta segunda entrega al territorio del “¡qué mono!” les ha impedido entender que el camino era otro y pasaba por potenciar el lado más disparatado y gamberro de unos personajes que no necesitaban el pesado lastre de sentimentalismo, traumas y mensajes que les ha caído encima como una losa en esta segunda aventura.

Miguel Juan Payán.

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©accioncine

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