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Criticas

Coco ****

Lee Unkrich y Adrian Molina desbordan creatividad y sentido del ritmo, en una película que devuelve parte de la magia pretérita de Disney/Pixar al espectáculo de la animación.

Con una paleta de colores portentosa, inspirada en las monumentales obras de los célebres muralistas mexicanos, Disney compone una historia que agradará por igual a pequeños y adultos. Una movie con sus toques macabros bien tamizados, para no asustar a los niños con mensajes demasiado tenebrosos.

El Día de los Muertos, y todo lo que implica la citada festividad en la tierra de Benito Juárez, es el motor medioambiental que hila este viaje al Más Allá, protagonizado por un chaval con ansias de cumplir su sueño de ser un nuevo Jorge Negrete. Tal pretexto argumental alienta a los creadores del filme para desplegar una gama de situaciones que recuerdan a títulos de mítica trascendencia surrealista y de ultratumba, como Macario (Roberto Gavaldón, 1960) o Pesadilla antes de Navidad (Henry Selick, 1993).

Este camino lo siguen Unkrich y Molina con el cuidado de no oscurecer demasiado una producción con el sello de Disney, para lo que alternan el argumento sobrenatural con ingredientes más propios de la comedia musical.

El nutrido equipo de dibujantes e informáticos ponen sobre el tapete un universo de cromatismo y diversión desbocados, con el fin de atenuar adecuadamente las inevitables reflexiones sobre la muerte que toca el guion; aparte de las consecuencias que conlleva estar en el mundo de los no vivos.

A modo de exótico musical étnico, Coco comienza con la ruptura sentimental del matrimonio formado por los tatarabuelos de Miguel (el crío protagonista). Supuestamente, el antepasado del héroe abandonó a su esposa e hija para ser una estrella de la música, motivo por el que el clan reniega del arte de las rancheras, y se dedica en cuerpo y alma a elaborar zapatos. Así ha sido durante generaciones, hasta que el pequeño Miguel descubre que él posee el ansia de seguir la senda de su olvidado tatarabuelo.

Tras enterarse del propósito del niño, su abuela y sus padres intentan obligarle a dejar su pasión por los corridos. Sin embargo, el chico consigue enterarse de que el Día de los Muertos va a celebrarse un importante concurso en su localidad, con el objetivo de dar a conocer a una futura estrella de las tonadas. Sin guitarra que colgarse, y ante la imposibilidad de hacerse con una, el preadolescente decide robar el instrumento de cuerda del admirado y fallecido Ernesto de la Cruz. Pero el plan se tuerce cuando un encanto convierte a Miguel en un fantasma, y así se mantendrá si no logra la bendición de un familiar residente en el Más Allá, antes de que finalice la jornada.

La brillante banda sonora de Michael Giacchino (Del revés) contribuye a fortalecer un libreto que avanza con paso firme a través de una odisea de tintes existenciales, la cual sorprende por su alta imaginación y fantasía.

Tal vez, lo único que puede restar un poco de efectividad a la cinta sea el componente excesivamente moralista al abordar los asuntos familiares; pero es un mero elemento azucarado, que los directores suman a una receta verdaderamente divertida e ingeniosa.

Jesús Martín

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