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Muy alejada de las mejores películas de Clint Eastwood. Una versión de los hechos reales acontecidos en el tren a París en el que hace unos años unos héroes anónimos por aquel entonces, impidieron una masacre terrorista a bordo del mismo, salvando las vidas de quienes viajaban allí. Una historia contada a partir de la experiencia de tres amigos que se interpretan a sí mismos en la película, y en la que el veterano director ha querido contar qué nos convierte en héroes en una situación tan desesperada como la que allí se vivió, pero sin conseguir hacer que la película llegue a funcionar en ningún momento. Tiene detalles de lo que podría haber sido, aunque no son tantos como para hacer una buena película.

La historia está contada a modo de flashback que nos lleva a la infancia de los tres protagonistas, Anthony, Alek y Spencer, desde que nace su amistad siendo niños, hasta el camino que les lleva a ese tren, justo ese día. La película hace especial hincapié en la historia de Spencer, dejando bastante huérfanas las de Anthony y Alek, y olvidando por completo la del cuarto individuo que ayudó aquél día a impedir la tragedia y que también se interpreta a sí mismo en la película. Una historia de aparente sencillez sobre estos tres hombres que nos permite conocer un poco más quienes fueron, pero que carece de gancho real. La clave de todo es un guión plano y sin ningún tipo de fuerza.

Los tres protagonistas no son actores, vivieron la historia en primera persona y la viven de nuevo aquí. No lo hacen mal, pero no tienen el carisma ni la experiencia para hacer memorable su historia. Una historia en la que Eastwood y el guión de Dorothy Blyskal han querido eliminar todo tipo de maniqueísmos o dramatismos innecesarios, cualquier aderezo de Hollywood… Sin darse cuenta de que el cine funciona porque es ficción. El efecto ha sido justo el contrario. La película carece de drama real, se centra demasiado en aspectos triviales y algunos de ellos suenan a falsos, mal planteados, mal presentados al espectador… No tiene la fuerza que debe tener un relato, ni emociona, ni sorprende, ni consigue que sintamos que lo que pasa, sucedió en realidad. Se nota, como siempre, la maestría de Eastwood detrás de las cámaras. Su deseo de fijarse en pequeños detalles que conviertan la historia en algo más. Pese a la ausencia de épica o de giros y sorpresas. Basta ver el ataque en el tren, el entrenamiento de Spencer o la visita a un pequeño bar de Alek. Pero no es suficiente. Quiere ser natural, fría, analítica y realista, y sus "actores" en parte ayudan, porque no hay nada de artificio en cómo interpretan a sus personajes. Pero sin querer carga las tintas en momentos que te dejan desconcertado, como la "oración" o la salida del tren… No llega a aburrir, pero tampoco a emocionar, ni a conquistar, y está lejos de lo que sabemos que puede dar Eastwood como director… Por eso le exigimos más que al resto y por eso la película resulta fallida.

Jesús Usero

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Last modified on Lunes, 05 Marzo 2018 07:44
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