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La confirmación, si hacía falta, del enorme talento de Margot Robbie. Quizá sea innecesario decir que Robbie es una de las mejores actrices que ha dado Hollywood en los últimos 10 años. Sí, es cierto que su físico ha determinado en muchos momentos los papeles que le han ofrecido y que ha podido interpretar en cine. Quizá pueda parecer que Yo, Tonya es su primer papel serio, pero no es cierto. Lo que hace en El Lobo del Wall Street no es ni mucho menos sencillo, sobre todo con los giros que da la historia y por cómo es presentado el personaje ante nosotros. Su presencia en La Leyenda de Tarzán le daba un empuje a la película que otra actriz no habría sabido darle, y en Escuadrón Suicida es la reina de la función y nadie es capaz de contenerla, en un papel en el que puede parecer que sólo juega con su apariencia, pero que tiene detalles de mucho talento, y un magnetismo con la cámara a la altura de muy pocas estrellas de cine. Yo, Tonya sólo es la confirmación de todo eso, la muestra de que la actriz ha alcanzado una madurez como intérprete que mucha gente tarda muchos más años en conseguir. Su merecidísima nominación llega justo con una película que tuvo que producir ella misma para que le diesen el papel central, porque su imagen, como tantas otras veces en esta industria machista, jugaba en su contra y nadie la veía capacitada para hacer justicia a esta historia… Qué equivocados estaban…

Otro año, en otro momento, Robbie sería la ganadora de calle, del oscar a la mejor actriz protagonista. Sin dudarlo. Sin titubeos. Este año no… Por desgracia frente a ella hay dos rivales casi imbatibles, Saoirse Ronan y Sally Hawkins, que no lo hacen mejor, pero tienen más papeletas. Y, sobre todo, un titán como Frances McDormand, favorita en todas las quinielas y que nos ha brindado una de las mejores interpretaciones de la década. Otro año, en otro momento, la Tonya Harding de Margot Robbie sería la única opción lógica para otorgar el premio grande del año. Es una lástima que no vaya a ser así, pero con tan sólo 27 años y ese ojo para elegir papeles, no cabe duda que la veremos tarde o temprano de nuevo nominada a los Oscars. Pero es una pena que no sea por este papel, porque Yo, Tonya es una película y una historia a reivindicar, que se sustenta sobre el talento de la actriz, su director y un guión tan ácido y cáustico como políticamente incorrecto. Incómodo. Violento. Salvaje. Quizá por eso la película no has estado nominada a la categoría de mejor película. Porque es incómoda. Porque no es la imagen que Hollywood quiere exportar ahora mismo de la meca del cine. Irónicamente, justo de eso trata la película. Como si alguien lo hubiese visto venir al producir la historia. Como si entendiesen desde el inicio que el destino de la protagonista sería el destino de la película…

Yo, Tonya es la historia de una patinadora artística con un talento increíble, que viene de una familia desestructurada, con una madre que abusaba de ella física y psicológicamente desde niña, con la excusa de que eso la haría mejor, más fuerte. De familia pobre, de carácter agresivo e indómito… El sueño americano es muy bonito, mientras que seas parte de la imagen que el sueño quiere proyectar. Eso sufrió Tonya, ser apartada de lo que podía haber sido su triunfo, por una sociedad que, pese a su talento, la despreciaba por lo que representaba. Por cierto, sirva hablar de todo esto para mencionar a la actriz de la película que sí va a ganar el Oscar, Allison Janney, la enorme presencia de la madre de la protagonista, una sombra alargada que siempre marcará el destino del personaje hasta cuando no está presente en su vida. La actriz hace un papel a la altura de Robbie y es la principal, y casi única, candidata al premio este año. Sebastian Stan hace otro papel incómodo y gris, magnífico en su construcción de un tipo sin muchas luces que más que enamorado está obsesionado con su esposa, violento y triste. Y pese a todo, gracias al actor, empatizas con él y entiendes que es fruto de la sociedad que le creó. Bobby Cannavale tiene un pequeño y divertidísimo papel, y no pierdan de vista al sensacional Paul Walter Hauser y su personaje… que como descubrimos en los créditos es tristemente real…

La película, brillantemente dirigida por Craig Gillespie, es un puñetazo en la boca del estómago en muchos momentos. Es políticamente incorrecta, dolorosa y tragicómica. Muchas veces estás riéndote y descubres que no deberías estar haciéndolo. La muestra de los abusos de la violencia, está construida a través de un relato que rompe continuamente la cuarta pared y se dirige a nosotros, que no tenemos respuestas. Porque además ese relato se apoya en los recuerdos de los protagonistas, que los narran desde el presente en entrevistas en las que nunca sabemos si lo que cuentan en real o no. El marido siempre niega los abusos, y la madre, pero las pruebas están ahí, y no es que Tonya fuese una santa tampoco… Porque descubrimos que según su versión, ella nunca tuvo la culpa de nada. Siempre era culpa de los demás… No, no es una película fácil de ver, y eso se nota. En un mundo de corrección política, la película se salta todo eso para mostrar una realidad que muchos quieren esconder, para analizar el lado oscuro del sueño americano y para mostrar un retrato de la América profunda sin paños calientes. Quizá se excede con los momentos de patinaje, quizá le faltan medios para ciertas cosas (aunque un montaje impresionante ayuda mucho), pero el resultado es una película tan interesante como única, tan rebelde como divertida. Todo un ejemplo de lo que el cine independiente norteamericano puede hacer cuando le dejan. No es perfecta, pero se acerca bastante.

Jesús Usero

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Modificado por última vez en Lunes, 05 Marzo 2018 07:41
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