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Duncan Jones pierde el norte intentando imitar a Blade Runner. Una película fallida a todas luces, que hereda del anterior proyecto del director, la también muy floja Warcraft, la sensación de que hay dos películas dentro de la propia historia, y que al director le gusta mucho más una que otra, lo que se refleja en unos bajones de ritmo considerables y la ausencia de una dirección clara para una historia que quiere ser Blade Runner y se queda en una copia visual sin personalidad propia, sin sentido y con demasiadas cosas colocadas a propósito para hacer que la historia encaje, sin que sea en ningún momento algo natural o coherente. Duncan Jones tras la excelente Moon y la muy interesante Código Fuente, desaparece por completo en Mute…

Un futuro cercano en el que un amish mudo tras un accidente de infancia, trabaja de camarero y vive junto a una joven de la que está enamorado. Una mujer que esconde secretos y que antes de poder contárselos desaparece sin dejar rastro, lo que le llevará a investigar para tratar de encontrarla, mientras que un médico y desertor del ejército americano, busca una forma de llegar a casa de una vez por todas junto a su hija. De cómo y por qué esas dos historias están interconectadas… hay que ver la película, si uno no abandona por el camino, claro. Una historia con potencial visual, sin duda, pero todas sus ideas son copiadas de películas anteriores, sobre todo de Blade Runner.

Y eso sólo un mes después de que la propia Netflix estrenase Altered Carbon, una serie con aire de cyberpunk, que en realidad era cine negro y que demostraba cómo debe contarse una historia así sin caer en la copia sin personalidad. Ante eso, Mute cae en el tópico, en lo trillado y en lo visualmente bonito pero sin garra. Con la historia de Alexander Skarsgard desdibujada y completamente vacía, mientras que se nota que el director realmente está interesado en la de Paul Rudd y Justin Theroux, aunque parece que la primera está colocada por obligación. Rudd y Theroux son los personajes más interesantes de una película que deambula sin fuerza y que no termina de convencerse a sí misma de que tiene algo que contar que importe.

La historia sobre la comunicación, la importancia de la voz, el aislamiento, incluso la pederastia… todo queda desdibujado, a retazos. Incluso la conexión con Moon no es más que un cameo, una pequeña broma que sí, demuestra que pertenecen al mismo universo, pero nada más. Y mejor así, no vaya a ser que comparen una con la otra. Una película excesivamente larga en la que todo está colocado para que encaje. Nada sucede de forma natural, algo que se nota excesivamente en el tramo final, sobre todo con Skarsgard y Theroux juntos. Se salvan algunos actores, como decía, y el tono visual. Pero para ver Mute, mejor ver cualquiera de las dos películas de Blade Runner, o Altered Carbon, y olvidarse de Mute.

Jesús Usero

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©accioncine

Modificado por última vez en Viernes, 09 Marzo 2018 15:07
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