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Buena película de intriga, acción tras las huellas de Heat, de Michael Mann.

Ojo a este largometraje porque puede ser una grata sorpresa para los aficionados al cine de intriga y acción, un género que está más desaparecido que nunca en la pantalla grande, devorado por las franquicias tipo Fast and Furious, Misión imposible, o las peripecias de superhéroes, pero que todavía nos depara oportunidades como este largometraje o también Brawl in Cell Block 99 que nos deja claro que tiene mucha vida, mucho que ofrecer, y no sólo en sus versiones de series de televisión, que ciertamente en los últimos tiempos tienen la tendencia a ser mejores que sus equivalentes en pantalla grande.

Lo que nos viene a aclarar Juego de ladrones es lo mismo que también nos dejara claro –salvando las distancias y diferencias de planteamiento del género, abordaje visual y argumento- John Wick y su secuela: hay vida y hay esperanza para el cine de intriga y acción de temática policial hecho con madurez y solvencia, con buen desarrollo de personaje, dando opción a sus actores para que puedan lucirse y construyendo tramas interesantes con momentos de acción trepidante que no por ello acaban devorando con el espectáculo visual el resto de los elementos necesarios para construir la película de forma sólida.

Dicho de otro modo: aquí hay acción, pero no solo acción. Aquí hay robos, persecuciones y tiroteos, pero no solo robos, persecuciones y tiroteos. Para empezar es un trabajo que permite a su protagonista, Gerard Butler, redimirse de toda la discutible colección de topicazos y películas de explotación tirando a burda que nos está enchufando en los últimos tiempos. Su personaje de Big Nick aquí demuestra que, si dejan de usarle solo como mascarón de proa de flojas peripecias oportunistas sobre catástrofes y trepidación sin contenido, tiene mucho que ofrecer todavía sacando de su madurez buen petróleo interpretativo. Su propuesta de construcción de personaje es explosiva y hacia el exterior, como suele serlo desde que comenzara su ascenso al estrellato con el personaje de Leónidas en 300, y en este caso marida muy bien con la propuesta de construcción de personaje que propone el demoledor Pablo Schreiber en su papel como co-protagonista del otro lado de la ley, que es más sobria, minimalista, e interiorizada. La química entre ambos actores brota en pocas escenas, esencialmente la del encuentro en el bar, y recuerda el esquema de un ejercicio similar de protagonismo compartido pero distante que llevaron a cabo Al Pacino y Robert De Niro en la ya citada Heat de Michael Mann. Pero en Juego de ladrones, esa manera de que los personajes opuestos se complementen da otra vuelta de tuerca al asunto por el hecho de presentar a un personaje de policía que es básicamente un macarra y llega en algunos momentos a caernos francamente mal mientras el delincuente se gana la simpatía por el control de la situación y su instinto de protección de los suyos en clave de clan. Ese juego de contrarios a contracorriente funciona muy bien porque además encuentra en el personaje interpretado por 50 Cent una especie de fiel de la balanza que equilibra esos dos platillos y abre el protagonismo bicéfalo de los otros dos a un protagonismo a tres bandas, convirtiéndose además en un curioso referente con el que el espectador puede llegar incluso a identificarse desde el momento en que está atrapado entre los dos pesos pesados interpretados por Butler y Schreiber.

Miguel Juan Payán

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©accioncine

Modificado por última vez en Miércoles, 04 Abril 2018 22:56
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Miguel Juan Payán

Profesor de Historia del cine, Géneros cinematográficos y Literatura dramática

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