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Floja producción de terror que nunca termina de despegar. Y, de hecho, si no fuese por un par de buenas ideas y por lo mucho que intentan mantener la compostura los dos principales protagonistas y rostros conocidos, Tyler Posey y Lucy Hale, la película caería en el agujero de la serie Z directa a video que no hay por dónde coger. Jason Blum tiene un talento enorme para producir este tipo de películas de coste muy, muy limitado, y llenar salas de cine con ellas. Ésta en concreto ha costado 3,5 millones y sólo en Norteamérica ya ha multiplicado por 10 su presupuesto… Otra cosa es que todas sus producciones tengan la misma calidad de guión, por ejemplo. Este no es el caso, obviamente.

La historia es la de un grupo de amigos que participan en un juego de verdad o reto, sin saber que el juego les perseguirá obligándoles a revelar sus mayores secretos o a aceptar retos que ponen su vida en peligro. Claro está que si no los aceptan, morirán de todas formas, lo mismo que si no dicen la verdad. Una mezcla entre Wishmaster, Destino Final o incluso The Ring, sin casi ninguna idea original que llevarse a la boca y, sobre todo, mal planteada, hasta el punto de hacer que el espectador se ría con la propuesta, en lugar de sentir miedo o tensión. Todo sucede de forma aleatoria, sin mucho sentido, sin casi explicación, y las que llegan lo hacen tarde y mal.

Por eso destaca tanto el trabajo de Posey y Hale con dos papeles que, además, son tópicos andantes, y que dejan de lado a los personajes realmente interesantes, como la amiga y novia, interpretada por Violett Beane. Los dos actores manejan como pueden la situación y tratan de imprimirle algo de aplomo, algo de poso a sus historias (cierta escena en la cama, por ejemplo). De hecho, con un par de excepciones, los personajes son bastante repelentes, carne de cañón que tiene el conocimiento justo para pasar el día, y que uno está deseando que vayan cayendo uno tras uno víctimas del juego. O por lo menos que lleguen a la siguiente situación en la que nos vamos a reír de ellos por culpa del guión.

Hacia la parte final, la película consigue despegar un poco, tras dar tumbos sin mucho sentido, con un par de ideas curiosas, o al menos momentos intrigantes, como el enfrentamiento entre el policía y su hijo, que muestran lo que la película podía haber sido si se centrase en esos personajes secundarios. Pero quizá es tarde, porque uno ha visto demasiadas veces a otro personaje desaparecer de escena sin motivos demasiadas veces, o porque el final supera lo admitido por el público (hay un momento de cuchillo que produce… demasiada vergüenza). La película no termina de aburrir, quizá involuntariamente, esperando la siguiente estupidez que harán los personajes, y sus actores hacen lo que pueden, pero al final resulta un producto derivativo, sin tensión, simplón y con poco que ofrecer. Sólo para fanáticos del género.

Jesús Usero

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VENGADORES: LA GUERRA DEL INFINITO XXXXX

Modificado por última vez en Jueves, 10 Mayo 2018 12:02
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