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Malos tiempos en El Royale ★★★

Crítica de la película Malos tiempos en El Royale

Interesante mezcla de géneros, no es perfecta, pero sí distinta. Una mezcla entre cine negro, película de misterio, Twin Peaks y alucinación misteriosa, con tintes de película de sueños rotos, drama criminal y un puntito de cine de ladrones y atracos. Quizá ese es el mayor problema de una propuesta tan interesante a todos los niveles como la nueva película de Drew Goddard, que en sus casi dos horas y media de duración, hay demasiadas películas, al menos tres o cuatro, y que deja cojas varias historias, al menos sin un cierre adecuado, deteniéndose demasiado en la contemplación de la obra que está construyendo, en lugar de narrar las historias que podría narrar si se centrase en las mismas. Es un proyecto muy interesante, pero deja un sabor agridulce.

La película, ambientada a finales de los 60, reúne a siete personajes distintos en el motel El Royale, un lugar entre California y Nevada, literalmente, antiguo lugar de glamour y refugio de mucha gente, famosos incluidos, pero el lugar ha caído en desgracia. Por eso, sus visitantes son pocos, y en este caso cada uno de ellos esconde un secreto, desde lo terrible a lo curioso, pasando por lo realmente peligroso. Son gente sin aparente destino, que huyen o quieren llegar a un destino completamente distinto al origen de su viaje. O quizá su destino sea El Royale lo sepan ellos o no. Y Goddard teje muy bien esos destinos para que nos interesen y deseemos saber qué sucede a continuación. Con todos ellos.

Para eso el reparto ayuda una barbaridad, claro. Contar con Jeff Bridges, Jon Hamm, Dakota Johnson, Chris Hemsworth y las cada vez más en boca de todo el mundo en Hollywood, Cailee Spaeny y Cynthia Erivo, y Lewis Pullman, por supuesto, con el papel posiblemente más interesante de todos los que aparecen en la película, que no son pocos. Ante todo ese talento, la película ofrece para todos ellos momentos magníficos, y detalles que ayudan a entender por qué todos y cada uno de ellos hacen lo que hacen. Que no es sencillo. La forma de jugar con ellos funciona la mayor parte del tiempo. Pero no siempre. Porque a partir de determinado momento la trama renquea, quiere abarcar demasiado y debería terminar mucho antes de lo que lo hace.

Por ejemplo ciertos personajes tardan demasiado en aparecer, lo que hace que hace que el final se alargue demasiado. El ritmo se resiente continuamente por esas múltiples películas, casi una por personaje, que quiere contar y que podría contar, y no llega hacerlo, fascinado por su pericia visual. Goddard tenía mimbres para tener la película del año, y no termina de encajar las piezas, no lo consigue. Quien mucho abarca… Esa sensación se te queda grabada pese a su excelencia visual, a su tono adulto y a su apuesta por no resolver todos los detalles de la historia, y dejar al espectador unir los hilos por sí mismo. Es un esfuerzo magnífico, pero no completo. Y con todo, sigue siendo una película fascinante.

Jesús Usero

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Modificado por última vez en Miércoles, 10 Octubre 2018 23:24
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Jesús Usero

Periodista cinematográfico experto en televisión

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