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Fallece el mítico director español Jesús Franco

Es tan corta la memoria y tan largo el olvido. Pocas veces esa frase ha sido tan cierta como con Jesús Franco. Hoy es un día triste para el cine de nuestro país porque ha fallecido un mito, un director con casi 200 películas a sus espaldas al que en España hemos ninguneado durante muchos años pese a su importancia capital en nuestra filmografía junto a gente como Paul Naschy, Juam Piquer Simón o Carlos Aured. Gente dedicada al género, al cine de serie B y serie Z incluso, que con mucho ingenio, mucha inteligencia y mucha caradura, hicieron que el cine español abrazase los géneros y se abriese al mercado internacional. Eso ha conseguido que con el tiempo la figura de Franco sea más admirada en el extranjero (en países como Alemania, Inglaterra o Japón le adoran) y olvidada en España. Somos así.

Y hoy Jesús Franco nos ha dejado. A los casi 83 años, este madrileño nacido un 12 de Mayo de 1930 se convirtió en el padre del trash cinema patrio, que empezó a componer música con sólo seis años, y que con el tiempo fue no sólo director, sino también guionista, actor, productor, montador, compositor, director de fotografía o de segunda unidad cuando se terciaba. Y que empezó como ayudante de dirección allá por los cincuenta. Llegó a dirigir la segunda unidad de Campanadas a Medianoche, trabajando también con Orson Welles en su Quijote maldito. Todo eso sin dejar de trabajar hasta el final, en cualquier medio, en cualquier país, en cualquier momento. Con su miríada de pseudónimos, Jess Franco el más conocido de ellos, pero también nombres como Davis Khune (con el que firmaba guiones como escribía novelas de lectura rápida), Clifford Brown, Jess Frank, Lulu Laverne y un enorme etcétera. Aunque para los amantes del cine siempre fue el tío Jess.

Su cine era bizarro, barroco, a veces recargado, sangriento, sexual, violento, sádico y tremendamente divertido. Lo que hoy adoramos del cine gore de terror, de los vampiros con claro tinte sexual o de los muertos vivientes, ya estaba en su cine desde los años 60, aunque la censura le obligase a trabajar tantas veces fuera de España. O el olvido al que el cambio de aires en el cine que supuso los 80 le llevó. Nadie parecía acordarse de él y de su cine. Era como un borrón que servía para hacer chistes a costa de su trabajo. Somos así de injustos. Aunque al final le dieran el Goya honorífico recientemente.

Hoy le recuerdan todos. Desde Reino Unido, Edgar Wright por ejemplo, el director de Zombies Party, ha mandado sus respetos a través de Twitter. Y no es el único. A Jess Franco le recordaremos por películas como Justine, Jack The Ripper, La Tumba de los Muertos vivientes, El Sádico de Notre Dame o Gritos en la Noche, donde creaba al Doctor Orloff que interpretó Howard Vernon y que fue personaje central de seis películas. Incluso llegó a rodar películas S y porno. Ligado casi siempre a la que fue la mujer de su vida, la también desaparecida Lina Romay. Su carrera es una muestra de lo que el ingenio consigue cuando no hay medios. Un festival de sangre y sexo que hoy se despide pero que seguirá con nosotros siempre. Una auténtica escuela de cine. No nos olvidemos de nuevo de él.

Jesús Usero

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