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Precioso largometraje que se convierte en un buen debut para el Studio Ponoc

Tras la estela que dejó el Studio Ghibli con películas tan brillantes como La princesa Mononoke, El Viaje de Chiriro o El castillo Ambulante, el Studio Ponoc ha sido el encargado de coger el relevo, en cierta medida, hasta una fecha anterior a 2020 que será el estreno aún por confirmar del próximo trabajo de Miyazaki. Con esto no me refiero a que Ponoc sea el sustituto de Ghibli, sino que muchos de los ex trabajadores de éste son los que ahora están funcionando, en este nuevo estudio fundado en 2015, con varios largometrajes animados japoneses donde la animación, el colorido y la belleza recuerdan y son casi idénticos a los del estudio pausado hace unos años debido a la retirada del maestro Miyazaki, pero que reanudará sus proyectos muy pronto.

Centrémonos en la película; Como nombraba ya anteriormente, que un grupo de personas a cargo de un estudio tan famoso como Ghibli esté detrás de este film, hay que ir predispuesto a encontrarse un trabajo a la altura de los sus anteriores lanzamientos. ¿Cuál ha sido el resultado? Cumple con las expectativas, aunque, como en muchas ocasiones, hay un pero del que hablaré más adelante… La película tiene elementos realmente buenos, desde una calidad de animación brillante hasta una banda sonora aún mejor. Estos dos pueden ser posiblemente los puntos más fuertes del film, destacando unos temas musicales impresionantes y correctamente elegidos para cada momento y situación, añadiendo unos detalles artísticos y animados maravillosos y cuidados al detalle.

El pero viene cuando hablamos de la profundidad de la historia. Acostumbrados a una trama compleja, así como a unos personajes muy elaborados en el mundillo de la animación japonesa, no es lo que vais a encontrar aquí. Con esto no quiero decir que la historia o los personajes estén mal hechos ni nada parecido, sino que todo es más sencillo. Tiene claros y reconocibles elementos de otras películas de Ghibli, pero tanto la historia como los personajes tienen menos complejidad, quizás porque al tratarse de un nuevo estudio, han querido llegar a un público más variado para poder disfrutar de la película en familia. Y si ese es el caso, han conseguido su objetivo con creces, evitando situaciones enrevesadas que hagan de la película un rompecabezas. No han querido abusar del uso de personajes en escena ni en el resto de la película, dedicando más tiempo al diseño de estos y del paisaje que los rodea. Si que algún que otro personaje podía haberse desarrollado más o saberse algo de él, pero la película no necesitaba de algo así ya que todo está bien hilado y correcto para su perfecto entendimiento. El personaje protagonista, Mary, es todo amor y dulzura, os fascinará.

La duración del film es perfecta, ya que no existe la necesidad de alargar una historia que tiene claro su comienzo, nudo y desenlace, consiguiendo su director, Hiromasa Yonebayashi, un trabajo digno y realmente bueno, encantador por momentos y mágico como la historia que envuelve la película en sí. Sin lugar a dudas, se trata de una película que no podéis perderos y que os sacará una sonrisa al salir de la sala de cine.

Christian Mesa

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©accioncine

Richard Whalley Anthony Curtis, nacido en noviembre de 1956 en Wellington, Nueva Zelanda, consiguió su primer éxito como guionista con una serie de televisión que ahora no le convence pero en su momento le ayudó a asentarse firmemente en la industria audiovisual británica, La víbora negra, protagonizada por Rowan Atkinson con el que iba a trabajar posteriormente en la serie Mr. Bean. Además ha escrito uno de los capítulos más curiosos de la serie Doctor Who en la etapa protagonizada por Matt Smith, Vincent y el doctor, donde el personaje protagonista se cruza con el pintor Vincent Van Gogh, y puso su talento como escritor al servicio de dos de las comedias románticas más taquilleras del cine inglés, Cuatro bodas y un funeral y Notting Hill. Como director cuenta con tres títulos, Love Actually, Radio encubierta y Una cuestión de tiempo, película esta última que ha venido a presentar a España y sobre la que charló con nosotros.

-          Ahora que ha anunciado que no piensa volver a dirigir nos preguntamos si ha pensado esta película como una especie de resumen de su punto de vista sobre la comedia romántica como género cinematográfico.

-          Me alegro de haber rodado una película que tiene una idea más amplia de la vida. Por ejemplo las comedias románticas suelen terminar con una boda y en Una cuestión de tiempo he tenido la oportunidad de ir más allá de la boda y tratar con la familia, los hijos, los padres… Así que me alegro de haber aprovechado la película para tratar esos temas.

-          Su protagonista puede viajar en el tiempo y aprovecha para arreglar cosas de su pasado y mejorar sus peripecias románticas. ¿Haría usted lo mismo?

-          Creo que hay cosas que no estaría mal poder arreglar, pero en general, y sobre todo en lo que se refiere a los asuntos del corazón, es mejor dejar las cosas tal y como están. A mí me rompieron el corazón cuando tenía veinte años. Tardé cinco años en recuperarme. Fue la peor cosa que podía ocurrirme. Pero seguro que hoy sería incapaz de escribir estas cosas que escribo sobre el amor sin haber pasado por esa experiencia. Así que en general, creo que es mejor dejar el viaje en el tiempo a un lado, aunque está muy bien para contar chistes.

-          ¿Y en lo profesional? ¿Se arrepiente de algo en su pasado como cineasta que le gustaría arreglar viajando en el tiempo?

-          Es un poco el mismo caso. Todo el tiempo que estuve haciendo la serie La víbora negra me lo pasé pensando: “ojalá no estuviera aquí haciendo esto”, pero luego resulta que en el Reino Unido es mi trabajo más popular. Incluso hoy en día la gente joven sigue hablándome de La víbora negra. Así que aprendí mucho con ella. Y luego un productor americano me invitó a escribir un largometraje en Estados Unidos sobre un padre y un hijo, en Boston, y fue un desastre. Incluso MGM me puso una denuncia. Todo fue horrible, pero como resultado me di cuenta de que tenía que quedarme en Londres y escribir sobre una ciudad que conozco y sobre el tipo de personas que conozco, y no intentar irme a Estados Unidos y escribir sobre algo que conocía. Así que una vez más partiendo de una mala experiencia acabé haciendo algo que realmente me gusta hacer.

-          ¿Cómo trabaja la música en sus películas? ¿Piensa en las canciones cuando está escribiendo el guión o le llegan ya como inspiración cuando está dirigiendo?

-          Esta película es en la que la música se acerca más a la que estaba pensando cuando escribía el guión. Siempre tengo música puesta mientras escribo, pop si quiero sentirme alegre, o clásica si quiero algo más profundo. En este caso haya varias canciones que estaban allí incluso antes del guión, quería escribir algo para poder incluirlas. Para mí la música es como otro actor en la película.

-          Una cuestión de tiempo es una comedia romántica, pero al final es sobre todo una historia de los afectos entre padres e hijos.

-          Me ha encantado y también sorprendido el hecho de que tanta gente se acuerde sobre todo de la relación entre padre e hijo. Puede ser que se deba a la buena relación que tuvieron los dos actores que interpretan esos personajes, que al final del rodaje casi se querían. Además cuando le ofrecí el papel de padre a Bill Nighy, me dijo que le apetecía hacerlo pero no quería interpretarlo, sino hacerlo muy sencillo para que el público pueda poner a su propio padre en lugar del personaje. Al principio el personaje era más fuerte, enérgico, con bigote y con un secreto. Pero Bill interpretó este personaje de esa otra forma y eso ha hecho que el público encuentre ese papel de padre mucho más cercano.

-          Su película es una defensa de la familia como camino hacia la felicidad

-          Bueno, yo escribo sobre lo que conozco. Cuando intenté escribir sobre Estados Unidos: no podía hacerlo porque no lo conocía. Si no tuviera familia a lo mejor me haría otras preguntas, pero escribo sobre lo que he vivido. Mis padres vivieron muchos años, llegaron a ser muy mayores y yo cuidaba de ellos. Es un poco complicado. Por ejemplo cuando estaba escribiendo Cuatro bodas y un funeral no era consciente de que estaba escribiendo una comedia romántica. Pensaba que estaba escribiendo una película algo autobiográfica, y películas que me gustaban, como Diner (Barry Levinson, 1982) o El relevo (Peter Yates, 1979). Cuando escribí Notting Hill sí sabía que estaba escribiendo una comedia romántica. Es la única película que he escrito sabiendo exactamente lo que estaba escribiendo. Con Love Actually hay muchas historias, así que no quería escribir una comedia romántica muy larga, así que hay algunas tramas como la de Laura Linney o Emma Thompson que no son comedias. En Una cuestión de tiempo se puede decir que la primera mitad es una comedia romántica, pero luego es más como un drama familiar. Creo que en la vida puedes empezar como una comedia romántica, luego tras la boda viene el drama familiar, y luego con los hijos vuelve a empezar otra comedia romántica.

-          Hay un momento en que su personaje principal y usted toman una decisión definitiva respecto al personaje de Charlotte, la rubia fémina que es el primer amor de su antihéroe. La tentación del guionista sería complicarlo todo, pero usted lo simplifica. ¿Por qué?

-          Me encontré con un amigo y me confesó que cuando estaba viendo la película le preocupaba lo que hiciera el protagonista en ese momento. Puse esa secuencia simplemente para que Tim se diera cuenta de sus verdaderos sentimientos.

-          ¿Qué directores o películas le han influido como guionista y director?

-          Woody Allen ha sido una de las influencias más claras, sobre todo cuando  yo tenía veinte años. Después hay muchas comedias y películas que me han influido, como Diner o El relevo.

Miguel Juan Payán

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