Crítica de la película Pearl Harbor

La película bélica en la que la guerra es lo que menos les importa

Cuando en 1997 James Cameron (Terminator 1 y 2, Aliens, Mentiras Arriesgadas) estrenó su película Titanic, esta se convirtió en la película más taquillera de la historia del cine hasta que en 2009 el mismo director la desbancó con Avatar.

Los estudios de Hollywood, tras el éxito de Titanic, querían subirse al carro de estas superproducciones atiborradas de efectos especiales para seguir explotando el cine de catástrofes que tanto parecía atraer al público. De esta manera la productora Touchstone Pictures cogió carrerilla para gestar la película de la que vamos a hablar hoy con motivo de su aparición en la parrilla televisiva de esta semana: Pearl Harbor.

Estrenada en 2001, esta película fue dirigida por Michael Bay (Bad Boys 1 y 2, La Roca, Armageddon, Transformers, La isla, 13 horas…), un nombre que hoy en día es sinónimo de superproducción, a veces para bien y otras, como es el caso, para no tan bien...

El  reparto está encabezado por Ben Afflck, Josh Harnett y Kate Beckinsale, y se cierra con unos secundarios de lujo de la talla de Cuba Gooding Jr., Alec Baldwin, Jon Voight, Tom Sizemore y una jovencísima Jennifer Garner (que dos años más tarde coprotagonizaría junto a Affleck, su futuro marido, otra película bastante denostada: Daredevil)

Tenemos el motivo, al director y el elenco de actores… por lo que ya es hora de entrar en materia con la sinopsis de la película:

En el año 1941, en plena Segunda Guerra Mundial en Europa, dos prometedores pilotos de las fuerzas aéreas americanas, que además eran amigos desde su infancia, son destinados a sitios diferentes por lo que deberán separarse: Rafe McCawley (Affleck) es enviado a Europa para servir en la Fuerza Aérea Británica (RAF) mientras que Danny Walker (Hartnett) es destinado a la base aérea de Pearl Harbor en Hawai, donde cuidará de Evelyn Johnson (Beckinsale), la novia de su amigo.

Durante un combate aéreo, Rafe es derrivado por los aviones nazis, siendo dado por muerto. Esta noticia destroza a Danny y Evelyn, quienes no pueden creer que hayan perdido a su mejor amigo y novio (respectivamente).

El tiempo todo lo cura y, como no podía ser de otra manera, estos dos amigos acaban enamorándose y deciden darse una oportunidad para ser felices de nuevo.

Cuando Rafe, que había conseguido sobrevivir al accidente aéreo, vuelve a Pearl Harbor y descubre la relación de Danny y Evelyn, recrimina a su amigo el haber cuidado “con tanto ahínco” a la que hasta entonces era su novia, zanjando la conversación a puñetazo limpio y acabando en el calabozo.

Mientras tiene lugar este lío de faldas entre amigos, los japoneses sobrevuelan la isla para bombardear la base aérea, provocando de esta manera que Estados Unidos entrase oficialmente en la Segunda Guerra Mundial.

Una de las cosas que más me ha llamado la atención es lo mal que ha envejecido esta película que, a diferencia de la mayoría de films que suele ser por motivos visuales de  los efectos especiales, en este caso es precisamente por todo lo contrario. Aquí los efectos visuales, las escenas de acción, son de lo mejor del film incluso a día de hoy, el problema está en el resto de película que, por desgracia, es la mayor parte del metraje.

Todo amante del cine sabe que cualquier film dirigido por Bay suele ser etiquetado de manera (+/-) injusta como “americanada” pero esta película se lleva la palma y no es sólo porque salga la típica bandera de Estados Unidos ondeando por todos lados, sino porque de manera totalmente gratuita el director aprovecha cada ocasión para soltar propaganda bélica pro americana como si tratasen que con esta película comprásemos bonos de guerra o algo parecido.

Por ejemplo, cuando Rafe (Affleck) está en Inglaterra, uno de los oficiales británicos dice: “Si en América todos son como usted, pobre del país que se atreva a declararles la guerra”... Quizás ese oficial era un visionario y lo decía refiriéndose a Batman (papel que posteriormente interpretaría Affleck), pues entonces tendría más sentido.

Otra ejemplo muy bueno: Fijaros en el jefe de la marina japonesa, que cuando finaliza el ataque a Pearl Harbor no se le ocurre nada mejor que decir a sus oficiales: “No hemos hecho otra cosa que despertar a un gigante dormido”, como diciendo: “ya veréis la que hemos liado”. Entonces, ¿para qué narices lo despiertas?.

La fotografía, que corre a cargo de John Schwartzman, es de lo mejor de la película con una paleta de colores que le dan un aire nostálgico que visualmente sea resulta muy atractivo para el espectador. Pero claro, en gran medida este es también el gran problema de la cinta, ya que una vez terminada la película el espectador tiene la sensación de haber asistido durante 170 minutos a un espectáculo visual con una factura impecable (al menos en las escenas bélicas) pero le falta algo más detrás de todos esos efectos especiales.

Lo cual nos lleva al siguiente problema, el excesivo metraje de la cinta. Re-visionando la película para esta crítica he de reconocer que se me ha hecho eterna y esto es debido a la ingente cantidad de minutos desperdiciados en una trama romántica absurda, ñoña y, lo peor, que no aporta absolutamente a la historia. Para ser lo más objetivo posible, he medido la secuencia del ataque japonés a Pearl Harbor (40 minutos aprox.) y el posterior ataque a Tokio por los americanos (20 min. aprox.). Bien, si restamos al metraje original (170 min.) las escenas de acción antes mencionadas, nos quedarían 110 min. (aprox.), casi dos horas en las cuales lo que nos cuentan es un melodrama, una telenovela que está muy bien si es a eso a lo que hemos venido pero es que esto es Pearl Harbor, no Leyendas de Pasión.

Tampoco sé qué le pasó en esta película al guionista Randall Wallace (Braveheart, El hombre de la máscara de hierro o Hasta el último hombre) porque la historia es lo más simple y boba que nos podamos echar a la cara. Mucha gente dice que esta película es un “Titanic pero con aviones”. Sinceramente, creo que el guión de Titanic (sin ser ninguna joya) está mejor construido que este y no creo que sea porque Wallace sea mal guionista ya que sólo hay que ver las películas en las que ha trabajado.

Si a este desastroso guión le sumamos que Bay se empeña en intentar hacer que todo sea épico, el resultado es que el espectador desconecta el cerebro y dice: “venga, acelera un poquito el ritmo que quiero llegar cuanto antes a lo de las bombas…”. Lo peor es que cuando busca esa épica que no existe en una escena concreta como puede ser un beso, lo que hace el director es subir la música a todo volumen, como si subir el volumen fuera sinónimo de épica… Un sinsentido y una falta de respeto al espectador, oigan.

Ninguno de los actores consigue despegar en ningún momento, resultando anodinos la mayoría del tiempo, provocando que al espectador le importe un comino lo que les suceda, si viven o muere, como pasa con algún peso pesado que no voy a desvelar por no hacer spoiler pero que, cuando muere, nos da exactamente igual porque en ningún momento hemos conseguido empatizar con ninguno de ellos.

Para terminar, quiero destacar la banda sonora compuesta por Hans Zimmer y que consigue meternos en la película en más de una ocasión, lo cual, se agradece enormemente.

En general, estamos ante una película muy fallida y es una pena que con un presupuesto descomunal para la época (140 millones de dólares) no fueran capaces de hacer una película bélica a la altura de los acontecimientos vividos en Pearl Harbor, limitándose a hacer un melodrama romántico con aviones en el que lo más parecido con la realidad es el nombre de la película.

Si quieren ver una película de calidad, honesta y fiel a los hechos referentes al ataque japonés a Pearl Harbor les voy a dar una recomendación, se llama Tora Tora Tora, se rodó en 1970 con unos 25 millones de dólares de la época y ahí sí que le echaron bemoles al asunto.

Rubén Arenal

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Modificado por última vez en Martes, 22 Enero 2019 12:17
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Rubén Arenal

Nací en Cantabria en 1987 y uno de los primeros recuerdos de mi infancia es estar con cuatro años en la sala de cine viendo La bella y la Bestia (1991) con mi padre. Pasaron los años hasta que una noche vi en televisión Lawrence de Arabia y recuerdo que tras ver la película quedé extasiado. Desde entonces, el cine dejó de ser un entretenimiento y se convirtió en una herramienta con la que aprender y crecer como persona, ya que considero que una película tiene la capacidad de arañarte por dentro y dejarte cicatrices: algunas son superficiales y se curan con facilidad y, otras, te acompañan de por vida. Después de tantas “cicatrices”, decidí escribir sobre cine para contar mis experiencias tras ver una película y mostrar las “cicatrices” que me han dejado las mismas.

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