Crítica de la película Hannibal

El regreso de uno de los mejores villanos de todos los tiempos

Tras el rotundo éxito en 1991 de la película Hannibal, el silencio de los corderos, dirigida por Jonathan Demme y que ganó nada menos que cinco Oscars de la academia (mejor película, mejor dirección, mejor actor, mejor actriz y mejor guión adaptado), fueron muchas las presiones y expectativas generadas en Hollywood para que se hiciera una secuela lo antes posible y aprovechar así el tirón comercial de esta cinta.

No sería hasta 1999 que el novelista Thomas Harris, autor de la novela original en la que se basó la película de 1991, publicase Hannibal, la secuela de El silencio de los corderos y que a su vez fue la tercera novela de la cuatrilogía sobre la vida del Dr. Lecter. Tras la publicación de Hannibal, en Hollywood se pusieron manos a la obra para llevar a la gran pantalla esta secuela que llegó por fin a los cines en 2001 de la mano de Ridley Scott (Alien el octavo pasajero, Blade Runner, La teniente O´Neil, Gladiator, Black Hawk Derribado, El reino de los Cielos, Marte, Prometheus…) que venía de estrenar un año antes Gladiator con la que ganó cinco Oscars.

En esta ocasión el director nos sitúa diez años después de los hechos acontecidos en la primera película tras los que, recordemos, el Dr. Hannibal Lecter (Anthony Hopkins) consiguió escapar de la justicia. La que en aquellos tiempos fue la única persona capaz de conectar con este asesino en serie mientras era cadete del FBI, Clarice Starling (Julianne Moore), ahora es una experimentada agente de campo que tras una operación antidroga en la que mueren cinco personas, cae en desgracia dentro FBI por haber matado a la narcotraficante Evelda Drumbo (Hazelle Goodman) mientras esta cargaba un bebe.

Aunque Starling actuó con buen criterio al matar a Evelda ya que esta iba a dispararla, sus superiores no lo ven así y aprovechan la mala prensa del caso en los medios para reprender y humillar a Starling, quien acaba aceptando investigar la nueva información que hay sobre el paradero de Hannibal Lecter y así recuperar la confianza de sus jefes. Esta información está en manos Mason Verger (Gary Oldman), un millonario que fue paciente del Dr. Lecter cuando este era psicólogo y que, en su primer encuentro con el doctor, fue desfigurado y mutilado, quedando paralítico de por vida. Cuando Starling acude a la mansión de Verger, ya que este sólo acepta hablar con ella, el desfigurado millonario la cuenta toda su historia con Lecter y la entrega una radiografía de su dentadura.

Mientras tanto, Hannibal Lecter vive tranquilamente como el Dr. Fell, un conservador de biblioteca en la ciudad de Florencia que consigue ese trabajo gracias a que su predecesor ha desaparecido misteriosamente. Esta desaparición es investigada por Rinaldo Pazzi (Giancarlo Giannini), quien es contactado por Clarice Starling al recibir esta una carta de Lecter la cual está perfumada con un aroma que los expertos localizan en unas tiendas muy concretas, una de ellas en Florencia. Es entonces cuando Starling se pide a Pazzi los vídeos de vigilancia de la tienda.

La trama se complica cuando Pazzi descubre en uno de los videos que ese Dr. Fell es en realidad Hannibal Lecter, aventurándose por cuenta propia a intentar capturarlo, cegado por la recompensa de tres millones de dólares que ofrecen por él.

Lo primero que hay que comentar es la ausencia en esta película de dos personas que fueron fundamentales en el éxito de la película anterior (el silencio de los corderos): Jonathan Demme (director) y Jodie Foster (Clarice Starling).

El primer reto fue encontrar un director capaz de garantizar la calidad y la estética visual de esta secuela y para ello, el productor italiano Dino de Laurentiis se presentó en el set de Gladiator, y ofreció el trabajo a Ridley Scott, que aceptó inmediatamente tras leer la novela.

Para el papel de la agente Starling se barajaron inicialmente bastantes más opciones como por ejemplo: Claire Danes, Gillian Anderson, Angelina Jolie o Hilary Swank. Finalmente, Hopkins sugirió a Julianne Moore, con quien ya había colaborado en Sobrevivir a Picasso.

Sin duda estas dos elecciones (director y protagonista femenina) resultaron ser muy acertadas, como veremos a continuación.

Por una parte, Scott, quien no lo tenía nada fácil para estar a la altura de su predecesora, consiguió hacer una digna secuela demostrando que cuando tiene en las manos un guión sólido, en este caso  firmado por David Mamet y Steven Zaillian, puede hacer maravillas como el gran director que es. Visualmente la película es hermosa y, en esta ocasión veremos a un siniestro Dr. Lecter desatado, mucho más que en la primera, sobre todo gracias a que aquí no tienen miedo a mostrar escenas gore que, seamos sinceros, son necesarias pues estamos hablando de un asesino en serie que destripa, mutila, cocina órganos de sus víctimas y se los come... Quiero decir, que el gore y las escenas escabrosas son necesarias ya que estamos contando una historia sobre la vida de un caníbal.

Julianne Moore demuestra una vez más su talento como actriz, consiguiendo que durante los 131 minutos que dura la cinta no echemos en falta a Jodie Foster, que se antojaba cuanto menos complicado. Es cierto que en esta ocasión se echan mucho en falta aquellas entrevistas que había en el silencio de los corderos entre Clarice y Hannibal, unos diálogos fascinantes que atrapaban al espectador y en los que Lecter destrozaba psicológicamente a aquella inexperta cadete.

En esta ocasión, sólo veremos a los dos protagonistas juntos en el tramo final del film que es precisamente donde la película empieza a hacer aguas (momento de la cena).

Con respecto a la actuación de Anthony Hopkins sólo se puede decir que vuelve a hacer un trabajo sobresaliente con un personaje que parece creado para él. El magnetismo que genera este actor con el inmenso carisma que tiene hace que seas incapaz de no enamorarte de ese personaje que no deja de ser un asesino en serie, un caníbal, y eso es algo que sólo consiguen los grandes actores, los que cada vez que salen en pantalla levantan la película con su sola presencia, con una sola mirada.

Hubo una anécdota con Gary Oldman, quien consideraba que su personaje, el millonario Mason Verger, tenía un peso en la trama tan importante como el de los protagonistas por lo que insistió en que su nombre apareciera encabezando el cartel de la película, a lo que los productores se negaron rotundamente. Fue tal el cabreo que cogió el actor londinense que exigió que su nombre fuera borrado de los créditos, lo cual se hizo en la versión de cine pero, posteriormente, se corrigió para el mercado doméstico: VHS, DVD y Bluray.

Para terminar esta crítica, quiero aprovechar para hablar de la banda sonora a manos de Hans Zimmer quien, una vez más, vuelve a hacer su magia creando unas melodías bellísimas, imposibles de olvidar y que adornan perfectamente la película, en especial todas las escenas que trascurren en Florencia. Sin duda, una de las más recordadas es la canción Vide cor meum, que aparece por primera vez en esa escena en la que el inspector Pazzi disfruta junto a su mujer de una ópera al aire libre. Esta canción volvería a utilizarla Ridley Scott en el Reino de los cielos (2005) durante el funeral del Rey Balduino IV de Jerusalén.

En conclusión, Hannibal es una muy digna secuela de El silencio de los Corderos, con unas actuaciones notables por parte de Anthony Hopkins y Julianne Moore, una fotográfica estupenda a manos de John Mathieson que hace que el espectador se enamore de Florencia y una música sensacional con el sello Zimmer de garantía. La única pega que le saco a esta cinta es que su guión hace aguas a última hora, lo que es una pena porque había funcionado como un reloj hasta última hora. Con todo ello nos queda una película que, aún siendo inferior a su predecesora, es muy entretenida y, lo mejor, con un Hannibal Lecter que está en su salsa destripando y mutilando a cualquiera que se preste.

Rubén Arenal

Add to Flipboard Magazine.

COMENTA CON TU CUENTA DE FACEBOOK

©accioncine 

Modificado por última vez en Jueves, 24 Enero 2019 12:32
Valora este artículo
(0 votos)
Rubén Arenal

Nací en Cantabria en 1987 y uno de los primeros recuerdos de mi infancia es estar con cuatro años en la sala de cine viendo La bella y la Bestia (1991) con mi padre. Pasaron los años hasta que una noche vi en televisión Lawrence de Arabia y recuerdo que tras ver la película quedé extasiado. Desde entonces, el cine dejó de ser un entretenimiento y se convirtió en una herramienta con la que aprender y crecer como persona, ya que considero que una película tiene la capacidad de arañarte por dentro y dejarte cicatrices: algunas son superficiales y se curan con facilidad y, otras, te acompañan de por vida. Después de tantas “cicatrices”, decidí escribir sobre cine para contar mis experiencias tras ver una película y mostrar las “cicatrices” que me han dejado las mismas.

Revista mensual que te ofrece la información cinematográfica de una forma amena y fresca. Todos los meses incluye reportajes de los estrenos de cine, analisis de las novedades televisivas, entrevistas, pósters y fichas coleccionables tanto de cine clásico como moderno.

     

Contacto

 
91 486 20 80
Fax: 91 643 75 55
 
© NOREA Y ALOMAN EDICIONES, S.L.
c/ La Higuera, 2 - 2ºB
28922 Alcorcón (Madrid) NIF: B85355915
 
Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

En caso de duda para pedidos, suscripciones, preguntas al Correo del lector o cualquier otra consulta escríbenos por WhatsApp