Crítica de la película Instinto básico

El thriller más tórrido de todos los tiempos

Cuando en 1992 se estrenó Instinto Básico, la película se convirtió en un éxito rotundo en todo el mundo, recaudando un total de 352,9 millones de dólares de los 49 que costó y catapultando al estrellato a su protagonista, Sharon Stone, quien ya había trabajado previamente con su director, Paul Verhoeven, en la película Desafío Total (1990).

Por aquel entonces, Verhoeven ya había demostrado su capacidad para entrar en proyectos que habían sido gestados por otras personas y conseguir imprimir su sello de identidad en cada uno de ellos. Ese sello no era otro que otorgar a todos estos proyectos un alma de serie B por el atrevimiento de sus propuestas pero sin restar calidad a la misma, mostrando de manera explícita escenas de acción, de sexo, de violencia, de gore, violaciones… que cualquier otro director no se habría atrevido a rodar. Buen ejemplo de esto son películas como Los señores del acero (1985), Robocop (1987) o Desafío Total (1990).

Sabiendo esto de su director y sin haber visto la película todavía, ya deberíamos tener tres cosas claras: sea cual sea el proyecto, Verhoeven lo va a hacer suyo; no va a tener reparo en mostrar escenas explícitas de lo que sea y visualmente va a ser un espectáculo. Y para probarlo, el inicio de la cinta…

Lo primero que vemos nada más empezar es a una pareja teniendo sexo explícito, la cual termina con el  brutal asesinato del hombre a manos de su pareja. Cuando al día siguiente acuden al escenario del crimen los detectives Nick Curran (Michael Douglas) y Gus Moran (George Dzundza), descubrimos que la víctima era un antiguo cantante de rock llamado Johnny Boz y que había sido por última vez la noche anterior con su pareja, Catherine Tramell (Sharon Stone), una atractiva millonaria que es escritora.

Catherine se convierte en sospechosa al descubrirse que una anterior pareja suya también falleció y que hay publicado un libro suyo, Love Hurts, en el cual se narra de manera explícita el asesinato del protagonista de la novela cometido de la misma manera que el de Johnny Boz. Es entonces cuando Nick y su jefe, el teniente Philip Walker (Denis Arndt), insisten en interrogar a Catherine, dando lugar a la escena más memorable de la película con ese “descruce” de piernas de Sharon Stone que ya ha pasado a ser parte de la historia del cine. Es en esta escena cuando Catherine aprovecha su cualidad de femme fatale para dominar el interrogatorio en todo momento, demostrando un excesivo conocimiento sobre la vida personal del detective Curran, con quien empieza a jugar al gato y el ratón.

Mientras avanza la trama conoceremos algunos problemas de Nick, quien acude a sesiones de terapia con la que era su pareja, la psiquiatra Beth Gardner (Jeanne Tripplehorn), para superar su adicción al alcohol y la cocaína, adicciones de las que asegura llevar tres meses limpio. Si esto fuera poco para el detective, tendrá también al Dpto. de Asuntos Internos (encabezado por el agente Nilsen) buscándole las cosquillas por haber matado tiempo atrás a un turista en medio de un operativo.

Siendo cuestionado en su propio departamento, Nick decide entrar en el juego de Catherine para lograr desenmascararla, iniciando así una espiral de sexo y asesinatos que no hace más que desconcertar a Nick sobre quién está realmente detrás de todo esto.

Este thriller cargado de escenas eróticas nació de un guión escrito en diez días por Joe Eszterhas (Flashdance, Showgirls), quien hasta el momento del estreno fue el guionista mejor pagado de la historia, cobrando nada menos que tres millones de dólares por este guión, en el cual existían dos finales alternativos al que tenemos finalmente en el film y los dos acaban con alguien muerto en la escena final (no diré más para no hacer spoiler).

El film consiguió la calificación “R” pero a costa de hacer dos versiones de la película: la americana (censurada con 42 segundos menos) y la europea (sin censura).

Uno de los temas que más ruido genero durante el rodaje y tras el estreno fueron las escenas lésbicas y el cómo se habían tratado los personajes homosexuales y bisexuales (Catherine). Verhoeven venía de Holanda, un país liberal en el que el tema de la homosexualidad estaba totalmente normalizado, pero en América fueron muchas las personas de este colectivo que se sintieron ofendidas al entender que la película dañaba su imagen: Roxy, la “amiga” de Catherine que quiere acabar con Nick, Beth que se avergüenza de su aventura en el pasado con una mujer…

El elenco de actores está encabezado por Michael Douglas, quien hace una papel sensacional como ese detective que está inmerso en un proceso de desintoxicación y que no puede evitar caer rendido a las provocaciones constantes por parte de esa femme fatale que, misteriosamente, conoce demasiado cosas sobre su vida, su pasado, sus pecados… El juego al que le somete Catherine hace que poco a poco Nick vaya volviéndose una persona más oscura, incluso podría decirse que malvada, llegando en un momento dado de la película a cometer la que bien podría ser una violación en la famosa escena con Beth después de la discusión en el bar con Nilsen.

Aunque parezca extraño imaginarse a otro actor interpretando a este agente Nick Curran, lo cierto es que se barajaron nombres como Kevin Costner, Peter Weller, Tom Berenger, Mel Gibson o Richard Gere.

La elección de la actriz para el papel de Catherine fue todavía más complicado porque claro, con todos los desnudos que venían en el guión, muchas fueron las actrices que se negaron a participar en esta película, algunas de ellas de la talla de Kim Basinger, Geena Davis, Ellen Barking, Melanie Griffith o incluso Michelle Pfeiffer.

Sin duda alguna, la elección de Sharon Stone fue la más acertada pues, al no ser una actriz demasiado conocida por aquel entonces, no tuvo reparo en rodar todas las escenas explícitas que exigía el guión, algunas de ellas escenas de sexo en las cuales ni Stone ni Douglas usaron dobles. Sin embargo, Michael Douglas sí que firmó una clausula en su contrato por la que estaba terminantemente prohibido grabarle desnudo por la parte frontal del cuerpo, por eso en la película sólo le vemos desnudo de cuerpo entero de espaldas.

Si analizamos plano por plano las secuencias en las que Douglas y Stone comparten pantalla, en todas gana ella. Es sorprendente como una actriz con tan poco recorrido (como en ese momento tenía Stone) consiguió ese grado de afinidad con la cámara para salir siempre radiante y no me refiero únicamente a su belleza, que también, sino a esa capacidad como actriz para mostrarnos esa dualidad de su personaje: por una parte, la femme fatale capaz de todo y, por otra, esa mujer que una vez se quita esa coraza de protección, se descubre como una víctima de los acontecimientos y que no quiere encariñarse con nadie porque, como dice la protagonista “todos a quienes quiero acaban muriendo”. Esta ambigüedad de la que somos testigos durante toda la película es la que nos mantiene en tensión sin que sepamos si es o no la artífice de los crímenes (hasta que llegamos al final y ¿descubrimos la verdad?).

La banda sonora a cargo de Jerry Goldsmith muestra perfectamente esa dualidad del personaje de Catherine con una melodía en la que se intuyen luces y sombras, como la protagonista, que nunca terminamos de saber si es o no es. Aunque estuvo nominada a mejor banda sonora, finalmente el Oscar se lo llevó Aladdín (Alan Menken). Tampoco consiguió llevarse la estatuilla por su nominación a mejor montaje, se la llevó Sin Perdón.

Con respecto a la icónica escena del interrogatorio en la que Stone descruza las piernas y se puede apreciar su vagina, la actriz declaró posteriormente que se sintió engañada por Verhoeven, ya que las indicaciones del director fueron que se quitase las bragas porque, al rodar la escena, los focos resaltarían demasiado la ropa interior. Sin embargo, cuando vio la película terminada y comprobó lo explícita que era la escena, abofeteó al director y se fue. Finalmente accedió a mantener la escena en el montaje, reconociendo que su enfado se debió al haber sido engañada, no a la escena en sí, entendiendo que ayudaba a mostrar la personalidad de su personaje.

En conclusión, estamos ante un estupendo thriller policiaco, una de las obras maestras del director holandés, Paul Verhoeven. Una película icónica por muchos motivos, con una Sharon Stone en estado de gracia que consigue mantenernos en suspense durante los 125 minutos que dura la película y con muchas escenas eróticas que no siempre son necesarias pero, seamos sinceros, si no estuvieran, esto no sería Verhoevenlandia.

Rubén Arenal

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Modificado por última vez en Lunes, 28 Enero 2019 07:58
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Rubén Arenal

Nací en Cantabria en 1987 y uno de los primeros recuerdos de mi infancia es estar con cuatro años en la sala de cine viendo La bella y la Bestia (1991) con mi padre. Pasaron los años hasta que una noche vi en televisión Lawrence de Arabia y recuerdo que tras ver la película quedé extasiado. Desde entonces, el cine dejó de ser un entretenimiento y se convirtió en una herramienta con la que aprender y crecer como persona, ya que considero que una película tiene la capacidad de arañarte por dentro y dejarte cicatrices: algunas son superficiales y se curan con facilidad y, otras, te acompañan de por vida. Después de tantas “cicatrices”, decidí escribir sobre cine para contar mis experiencias tras ver una película y mostrar las “cicatrices” que me han dejado las mismas.

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