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Crítica de la película La Milla Verde

Darabont, el director que supo aprovechar su segunda oportunidad

Es inevitable empezar esta crítica comparando esta película con Cadena Perpetua pues son muchas las similitudes que hay entre ellas: las dos están basadas en novelas de Stephen King, ambas se desarrollan en una cárcel, las dirige el mismo director (Frank Darabont) y en las dos el protagonista iba a ser Tom Hanks pero, como este actor se encontraba inmerso en el rodaje de Forrest Gump, eligieron a Tim Robbins para el papel de Andy Dufresne en Cadena Perpetua. Sin duda, Hanks hizo muy buena elección ya que consiguió llevarse el Oscar a Mejor Actor por su papel en Forrest Gump.

Estrenada en 1999, La Milla Verde fue la segunda película del director Frank Darabont y era una adaptación de la novela de Stephen King llamada El pasillo de la muerte.

Comercialmente hablando, La Milla Verde ha sido la más exitosa de las dos al recaudar 290,7 millones de dólares con respecto a su presupuesto de 60 millones. Por su parte, Cadena Perpetua tan sólo consiguió recaudar 58,3 millones sobre los 25  de su prepuesto.

¿Quiere esto decir que La Milla Verde es mejor película que Cadena Perpetua? Ni mucho menos, tan sólo fue más rentable. Como película es mucho mejor Cadena Perpetua pero tuvo la mala suerte de que el público no la respaldo en taquilla. Sin embargo, el tiempo sí que la ha puesto en su sitio.

La película comienza en una residencia de ancianos en la que vive Paul Edgecomb (Dabbs Greer), un anciano que decide compartir con una amiga sus vivencias como jefe de la guardia en el Corredor de la Muerte en una penitenciaría del sur de los Estados Unidos en los años 30.

Este anciano recuerda especialmente el caso de John Coffey (Michael Clarke Duncan), un corpulento hombre de color acusado de haber matado a nos hermanas de 9 años. Es entonces cuando echamos la vista atrás y nos adentramos en esa penitenciaría en la que nos encontramos con un joven Paul Edgecomb (Tom Hanks) cuyo principal objetivo dentro de esa Penitenciaría es vigilar la “Milla Verde”, un pasillo que separa las celdas de los condenados de la silla eléctrica.

Cuando el guardia Percy Wetmore (Dough Hutchison) avisa a voces la llegada de Coffey a este corredor, rápidamente impresiona a todos los guardias por su enormidad, la cual contrasta con una personalidad infantil e ingenua.

Durante los 180 minutos que dura la película descubriremos dos cosas: a) que Percy es un miserable y sádico que se aprovecha de su poder para humillar y castigar a los condenados y b) que Coffey esconde un prodigioso don que hará que Edgecomb empiece a creer que los milagros existen.

Tras el estreno de la película, Stephen King quedó tan maravillado con la misma que al salir dijo: "Pocas veces se ha visto que una película supere al libro, ésta es una de ellas". Viniendo de quien viene, es todo un halago, recordemos que King echó pestes de la película El resplandor, una de las mayores obras maestras de Stanley Kubrick.

Una de las cosas que más llaman la atención es el talento de Darabont para que las tres horas que dura la cinta se nos pasen volando, gracias a un estupendo montaje a manos de Richard Francis-Bruce, quien ya había trabajado con Darabont en Cadena Perpetua, la cual también tenía una duración extensa (142 min.).

Durante toda la película, el espectador es testigo de los horrores que se viven en el corredor de la muerte sin que nos los edulcoren en ningún momento. Muchos de estos horrores no tendrán que ver con la inminente ejecución de los condenados, sino más bien a los ajustes de cuentas que Percy se encarga de llevar a cabo, llegando al límite del sadismo cuando de manera consciente provoca que uno de los condenados, al que se la tenía jurada, muera en la silla eléctrica de manera espantosa.

Pero claro, esto no debe sorprendernos pues debemos recordar que al fin y al cabo esta película está basada en una novela de Stephen King, el rey Midas del Terror.

En medio de todos esos horrores también había momentos para la ternura, muchos de ellos gracias a esa extraña pareja formada por el condenado Eduard “Del” Delacroix (Michael Jeter) y con el ratoncito Mr. Jingles.

En general todas las actuaciones son excelentes, pero destaco sobre todo el trabajo de Michael Clarke Duncan, que consigue trasmitir ternura y bondad en cada escena que es una sorpresa con respecto a los papeles a los que nos tenía acostumbrado, casi siempre haciendo de bruto. Antes de que este actor fuera seleccionado para el papel de John Coffey, se hicieron cientos de prueba sin que ninguno acabe convenciendo al director. Fue entonces cuando Bruce Willis propuso a Darabont hacer una prueba a Michael Clarke Duncan, con quien Willis ya había trabajado en Armageddon. Parece ser que el que fuera en antaño guardaespaldas de actores hizo muy bien la prueba y lo cierto es que clava el papel. Cuenta la leyenda que cuando se enteró de que había sido seleccionado para el papel y que iba a actuar junto a Tom Hanks, se emocionó tanto que llamó a su madre por teléfono para contárselo inmediatamente. Tenía pinta de ser buen tipo este Michael.

Otro actor que destaca por encima del resto es Tom Hanks que ya había demostrado anteriormente su increíble talento como actor en películas como Big, Philadelphia, Forrest Gump, Apolo 13 o Salvar al soldado Ryan. Para quien no lo sepa, estuvo a punto de no ser el protagonista ya que el primer actor al que propusieron este papel fue a John Travolta, quien lo rechazó.

Y qué decir del resto de actores principales: David Morse, que en todas las películas que sale se come la pantalla, Dough Hutchison que consigue que lo odies desde el primer minuto, James Cromwell que me pasa lo mismo que con Morse, Sam Rockwell está espectacular haciendo de perturbado en uno de sus primeros papeles importantes… Quizás quien menos me convence es Barry Pepper que me parece un personaje anodino.

Sin duda estas grandes interpretaciones son gracias al talento de estos actores pero también es indudable que ayudó mucho el estupendo guión que el mismo Frank Darabont adaptó de la novela, tal como ya hizo en Cadena Perpetua

Como veis, estas dos películas tienen relaciones por todos lados. Otro ejemplo ello es la banda sonora, compuesta por el mismo compositor que en Cadena Perpetua, Thomas Newman, quien en esta ocasión hace una melodía elegante sin llegar a la altura de la otra película carcelaria.

En conclusión, tenemos una excelente película carcelaria que consigue que durante sus tres horas de duración disfrutemos de una historia de cargada de drama y fantasía sin edulcorantes, mostrando de manera explícita el funcionamiento de la silla eléctrica incluyendo alguna escena difícil de ver por la crudeza de la situación que muchas veces se ve acentuada por la maldad del propio ser humano. Por si no hubieran cumplido ya de manera suficiente con los espectadores, además Darabont y King nos deja una moraleja muy interesante sobre quiénes son en realidad los monstruos en esa sociedad, ¿los que están dentro de las celdas o los que se pasean por delante de ella? Como siempre, no todo es lo que parece…

Rubén Arenal

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©accioncine 

Modificado por última vez en Martes, 29 Enero 2019 08:07
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Rubén Arenal

Nací en Cantabria en 1987 y uno de los primeros recuerdos de mi infancia es estar con cuatro años en la sala de cine viendo La bella y la Bestia (1991) con mi padre. Pasaron los años hasta que una noche vi en televisión Lawrence de Arabia y recuerdo que tras ver la película quedé extasiado. Desde entonces, el cine dejó de ser un entretenimiento y se convirtió en una herramienta con la que aprender y crecer como persona, ya que considero que una película tiene la capacidad de arañarte por dentro y dejarte cicatrices: algunas son superficiales y se curan con facilidad y, otras, te acompañan de por vida. Después de tantas “cicatrices”, decidí escribir sobre cine para contar mis experiencias tras ver una película y mostrar las “cicatrices” que me han dejado las mismas.

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