Open Range ★★★

Crítica de la película Open Range (2003)

El gran regreso de Costner como director

En 2003 se estrenaba la cuarta película de Kevin Costner como director tras haber dirigido dos películas fallidas: Waterworld y Mensajero del futuro. En esta ocasión, se atrevía con un western, un género muy querido por él ya que desde muy pequeño leía novelas de vaqueros y fue así como decidió adaptar una de esas novelas en las que un grupo de cowboys que evitaban el uso de la violencia, finalmente hacían uso de ella para impartir justicia.

Esta es una idea muy “de western” y Costner consigue hacer de ella una película muy entretenida que, sin ser lo mejor del género, es muy honesta en su propuesta y no pretende ser más de lo que puede ser, lo cual no quiere decir que no nos ofrezcan un entretenimiento de calidad con un Robert Duvall que se come la pantalla y con algunas escenas memorables, como veremos posteriormente.

La historia comienza con un grupo de cuatro vaqueros encabezados por Boss Spearman (Robert Duvall) y Charley Waite (Kevin Costner), quienes van conduciendo sus reses a través de las inmensas praderas de las Montañas Rocosas junto a sus fieles ayudantes Mose Harrison (Abraham Benrubi) y el joven Button (Diego Luna). Estamos aún en una época (1882) en la que las reses pueden pastar libremente por cualquier campo (de ahí el nombre de la cinta, Open Range o Tierras Libres) pero ya empiezan a haber terratenientes que ven con recelo que cualquiera pueda atravesar por sus campos, arrasando el terreno por el que pasan.

Uno de estos terratenientes es Denton Baxter (Michael Gambon, los más jóvenes lo conocerán por su papel de Dumbledore en la saga de Harry Potter), quien controla el pueblo de Harmonville y tiene en nómina a su sheriff, el marshal Poole (James Russo).

Cuando Spearman envía a  Mose al pueblo para comprar suministros, los esbirros de Baxter le dan una brutal paliza y lo encierran en la cárcel. Al ver que Mose no regresa, Spearman y Waite deciden acudir en su busca, conociendo al déspota de Baxter, quien les advierte de que si no abandonan su pueblo y sus tierras sufrirán un accidente.

Sin embargo, aunque estos vaqueros se mantienen al margen de cualquier conflicto, los hombres encapuchados de Baxter empiezan a hostigarlos y es cuando Spearman y Waite comprenden que si no hacen algo, los van a acabar matando. Por la noche, deciden ir a por estos encapuchados, cogiéndolos por sorpresa y dándoles una paliza para que vean que no les tienen miedo y así les dejen en paz. Mientras tanto, su campamento ha sido atacado por otros hombres de Baxter, matando a Mose y dejando malherido a Button.

Así empieza la venganza de Spearman y Waite, quienes deciden buscar justicia con ayuda de las armas.

Lo primero que llama la atención es que Kevin Costner es el protagonista pero Robert Duvall le quita la merienda y de qué manera… Que magnífico actor y que presencia tiene, con sólo un gesto o con una mirada levanta la película.

El director, Costner, venía de una racha de fracasos como actor y también como director pero con este western consigue demostrar su talento tanto delante como detrás de la cámara, como hiciera años atrás con su ópera prima como director: Bailando con lobos. Open Range no llega al nivel de esa película pero no se queda muy atrás, incluso en algunas escenas la fotografía a manos de James M. Muro recuerda a esos paisajes por los que se movía el teniente Dunbar.

Hay dos escenas que me gustan mucho de esta película que son las que tienen lugar en las tabernas:

  1. Cuando en plena lluvia entran al restaurante y ven al Sheriff y el personaje de Spearman explica al pueblo (que está allí concentrado) el por qué de lo que va a suceder, de cómo los acontecimientos han provocado que estos vaqueros hagan lo que van a hacer.
  2. Después de esa escena, vemos como entran en la taberna y el personaje de Spearman pide al barman dos whiskys y este le dice que no les sirve porque, tal y como dice el cartel de la barra, “no sirven ni a canallas ni a vagabundos” por orden de su jefe, Baxter. Es entonces cuando el amigo Kevin Costner coge la escopeta y revienta el cartel. Problema solucionado.

Pero claro, toda la película queda a un lado cuando llegamos al enfrentamiento final que es espectacular, sobre todo la manera en la que se inicia el tiroteo, sin monólogos y sin dar clases de moralidad… En todo caso, la clase que da Costner es de cómo quitar un bombín con una bala…

  • Charley Waite: “¿Tu mataste a mi amigo?”
  • Butler (Kim Coates): “Si, y disfruté haciéndolo

Balazo en la cabeza y empieza el festival de tiros que confieso que me sorprendió muy gratamente porque es de los tiroteos más realistas que he visto en ningún western, con unos disparos que suenan de maravilla… retumba la pantalla. Y ese Robert Duvall volando por los aires a uno de los enemigos con un escopetazo… Es sensacional.

Sin duda alguna, esta es la mejor parte de toda la película pero claro, luego hay otras cosas que lastran la cinta como por ejemplo la relación romántica entre Waite y la hermana del doctor, Sue Barlow, interpretada por Annette Bening, que no aporta nada a la trama excepto servir de reconciliación entre Waite y su pasado, que es justamente otra de las cosas que lastran la película, cuando Costner se pone profundo al pensar en los demonios de su pasado.

Sin embargo, en conjunto tenemos una estupenda película, un western muy entretenido con unos tiroteos sensacionales y con dos protagonistas que se comen la pantalla, sobre todo Robert Duvall que demuestra una vez más que da igual el papel que interprete que lo acaba haciendo suyo y, como te descuides, te roba la película, como es el caso.

Rubén Arenal

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Modificado por última vez en Domingo, 17 Febrero 2019 11:56
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Rubén Arenal

Nací en Cantabria en 1987 y uno de los primeros recuerdos de mi infancia es estar con cuatro años en la sala de cine viendo La bella y la Bestia (1991) con mi padre. Pasaron los años hasta que una noche vi en televisión Lawrence de Arabia y recuerdo que tras ver la película quedé extasiado. Desde entonces, el cine dejó de ser un entretenimiento y se convirtió en una herramienta con la que aprender y crecer como persona, ya que considero que una película tiene la capacidad de arañarte por dentro y dejarte cicatrices: algunas son superficiales y se curan con facilidad y, otras, te acompañan de por vida. Después de tantas “cicatrices”, decidí escribir sobre cine para contar mis experiencias tras ver una película y mostrar las “cicatrices” que me han dejado las mismas.

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