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Crítica de la película La niebla (2007 )

Rebelión en el super

En 2007 se estrenó La Niebla convirtiéndose en la cuarta película dirigida por Frank Darabont, quien volvía a adaptar por tercera vez una novela del rey del terror y del misterio, Stephen King, como ya hizo anteriormente con Cadena Perpetua y La Milla Verde.

Tras una terrible tormenta en un pequeño pueblo de Maine, aparece una extraña niebla que lo va ocupando absolutamente todo. A gran parte de ese pueblo les coge estando en el supermercado cuando, de repente, uno de sus vecinos, Dan Miller (Jeffrey DeMunn) llega corriendo con la cara ensangrentada avisando de que hay algo en la niebla, la cual lo viene persiguiendo.

Nuestro protagonista, David Drayton (Thomas Jane), había acudido al supermercado con su hijo Billy (Nathan Gamble) y su vecino Brent (Andre Braugher) cuando esta misteriosa niebla cubre la tienda, en la cual se encuentra representada gran parte de la sociedad con cada uno de esos vecinos quienes poco a poco empezarán a mostrar su auténtica cara cuando descubren que la niebla mata a todo aquel que se atreva a adentrarse en ella.

En esta ocasión, Darabont pone al espectador contra las cuerdas para mostrarle cómo nos comportamos ante situaciones que escapan de nuestro control, siendo víctimas de la presión y dejando que nuestros miedos se apoderen de nosotros.

La película tiene un inicio sensacional que nos mete de lleno en el suspense cuando, estando en el supermercado, vemos como la niebla lo cubre todo en el exterior sin que podamos comprender lo que sucede realmente: ¿hay un producto químico en la niebla que es tóxico y es lo que está matando a quienquiera que salga? ¿Es un monstruo?... Esta incertidumbre es muy interesante porque genera un estrés en esos habitantes del pueblo en los que rápidamente saldrán a relucir las rencillas que hay entre ellos, envidias, querellas sin resolver, creencias religiosas…

A medida que avanza la película, esta pierde fuerza debido a que ciertos personajes están muy exagerados, como por ejemplo el de Carmody (Marcia Gay Harden), una mujer muy religiosa que al principio es una mosquita muerta que pasa inadvertida por los pasillos de ese supermercado pero que, cuanto mayor parece la amenaza externa, más se radicaliza buscando adeptos con los que ganar una posición de fuerza en ese establecimiento, amenazando con el Apocalipsis si no ofrecen un sacrificio humano, al que por supuesto ella no se ofrece voluntaria a pesar de ser tan fiel devota…

Como digo, todo el segundo acto de esta película parece ser de serie B o un telefilme que sorprende precisamente por tener de director a una persona con el talento de Darabont. Como no he leído la novela en la que se basa, no puedo decir si es más o menos fiel al libro pero, independientemente de eso, lo cierto es que la trama decae en este punto con esos personajes exagerados, con una Laurie Holden en un papel de profesora y poniendo ojitos a Thomas Jane quien, por lo menos, no cae en el topicazo de liarse con ella mientras su mujer les espera en casa… Aunque si que ocupa el lugar de la madre cuidando del niño durante toda esta aventura.

Lo bueno es que en el tercer acto mejora la trama justo cuando nuestros protagonistas salen del supermercado dejando en el mismo a Carmody y sus devotos. Los últimos diez minutos de película son sensacionales por cómo se resuelven los acontecimientos a manos de Thomas Jane que, sinceramente, me sorprendió bastante porque le echaron narices al asunto sin caer en la sensiblería. Y ese padre que ve lo que ha hecho y cómo finalmente se resuelve la escena es brutal… Que pensándolo ahora, ese podría ser un muy buen comienzo para El Castigador, en busca de los culpables de lo sucedido, ¿no os parece?

Como curiosidad, en esta película repiten algunos actores secundarios con los que ya había contado en Cadena Perpetua o en La milla Verde, como por ejemplo William Sadler y Jeffrey DeMunn. Este último, también participó brevemente en la serie The Walking Dead junto a sus compañeras de reparto Laurie Holden (Andrea en TWD) y Mellisa McBride (Carol en TWD)

En conclusión, tenemos una película muy entretenida, con un inicio y final trepidantes pero que a mitad de la cinta pierde fuerza, con algunos personajes con los que es muy difícil empatizar o entenderlos, como ese trío de militares que están en el supermercado y durante más de una hora de película, no hacen otra cosa que mirar a su alrededor sin ayudar a poner orden o, por ejemplo, encerrar a la loca de Carmody en los baños para que no tense más la situación.

Rubén Arenal

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Revista ACCION

Modificado por última vez en Viernes, 15 Febrero 2019 22:18
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Rubén Arenal

Nací en Cantabria en 1987 y uno de los primeros recuerdos de mi infancia es estar con cuatro años en la sala de cine viendo La bella y la Bestia (1991) con mi padre. Pasaron los años hasta que una noche vi en televisión Lawrence de Arabia y recuerdo que tras ver la película quedé extasiado. Desde entonces, el cine dejó de ser un entretenimiento y se convirtió en una herramienta con la que aprender y crecer como persona, ya que considero que una película tiene la capacidad de arañarte por dentro y dejarte cicatrices: algunas son superficiales y se curan con facilidad y, otras, te acompañan de por vida. Después de tantas “cicatrices”, decidí escribir sobre cine para contar mis experiencias tras ver una película y mostrar las “cicatrices” que me han dejado las mismas.

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