Gladiator ★★★★

Crítica de la película Gladiator 

La mejor película de gladiadores desde Espartaco

A día de hoy hablar de Gladiator es sinónimo de éxito tanto por su acogida por parte de la crítica, como del público, como del reconocimiento a través de los diferentes premios y galardones que ha ganado, pero cuando en el año 2000 se estrenó esta película, mucho era lo que se jugaba su director, Ridley Scott, al tratar de rescatar un género (cine histórico de la antigua Roma) que llevaba más tiempo muerto que vivo desde que hacía 40 años se estrenase el último gran éxito de este género, Espartaco (1960, Stanley Kubrick). Sin embargo, la apuesta de Scott resultó acertada como todos hoy sabemos, consiguiendo recaudar nada menos que 460 millones de dólares con respecto a los 103 que contaba de presupuesto.

Pero no fue sólo un éxito económico, también consiguió  ganar cinco Oscars de la Academia (mejor película, actor, efectos visuales, diseño de vestuario y música) además de que la película sirvió para revivir un cine histórico en lo que se denominó el “efecto Gladiator”.  Aquí ya entra lo que quiera creer cada uno pero lo cierto es que tras el estreno de este film empezaron a aparecer en cartelera títulos como: Alejandro Magno (2004), el Rey Arturo (2004), El Reino de los Cielos (2005, también de R. Scott), 300 (2007), Robin Hood (2010, con Russell Crowe y R. Scott) o la ya mítica serie Spartacus (2010, 4 temporadas). Y si, también llegó el remake de Ben-Hur en 2016 pero de esto mejor nos olvidamos…

La película empieza con una breve instrucción escrita que sirve como prólogo para situarnos en el contexto histórico en el que nos vamos a encontrar en la película, allá por el año 180 cuando el Imperio Romano dominaba todo el mundo conocido salvo unas tribus bárbaras del norte de Germania. Es entonces cuando empieza la película metiéndonos de lleno en medio del campo de batalla entre una de las tribus bárbaras y el ejército romano liderado por el general Máximo Décimo Meridio (Russell Crowe). Tras ver cómo los bárbaros rechazan de manera muy poco amigable la rendición que les ofrecen los romanos, da comienzo una batalla épica repleta de sangre, desmembramientos, decapitaciones y gente ardiendo… Una maravilla visual.

Mientras el ejército romano vence a estos bárbaros, el Emperador Marco Aurelio (Richard Harris) observa desde lo alto de la montaña la cruenta batalla, orgulloso de la nueva victoria conseguida por Máximo, el más leal de todos sus generales. Al finalizar la batalla, Marco Aurelio confiesa en privado a Máximo que quiere que asuma el poder tras su muerte, sabiendo que su hijo, Cómodo (Joaquin Phoenix), es un hombre sin moral que nunca debe gobernar pues se convertiría en un tirano.

Sin embargo, Cómodo, quien siente envidia de Máximo por ser el hijo que su padre siempre hubiera deseado, no acepta la última voluntad de su padre, Marco Aurelio, asesinándolo y asumiendo el poder antes de que hicieran pública su decisión de transferir su mando a Máximo. Al contar este general con el apoyo del ejército, Cómodo se ve obligado a contar con su lealtad para poder asumir el mando sin que haya lo que vulgarmente se conoce como “ruido de sables” o golpe de estado ya que sabe que él no cuenta con los apoyos suficientes para poder hacerle frente. Cuando Máximo es avisado de que el Emperador ha muerto y descubre que ha sido asesinado por su hijo, decide hacer algo al respecto pero es rápidamente apresado y mandado asesinar por el nuevo Emperador.

Aunque consigue huir del castigo gracias a sus habilidades como soldado, no consigue evitar que asesinen a su mujer y a su hijo. Tras enterrar los cuerpos, queda devastado, siendo apresado por un mercader, Próximo (Oliver Reed), que lo entrenará para convertirse en gladiador, dándole la oportunidad de venganza contra Cómodo por la muerte tanto de su familia como de su Emperador.

Diecinueve años después de su estreno esta película sigue maravillándonos por la fuerza que desprende la historia de este General que se convirtió en esclavo, que pasó a ser gladiador y que desafió a un imperio (como diría el mismo Cómodo) por vengar a la muerte de sus seres queridos.

Visualmente es increíble como no podía ser menos teniendo de director a Ridley Scott quien se ha caracterizado siempre por ser bastante exhaustivo en sus rodaje en su búsqueda de la perfección y que, a pesar de tomarse ciertas licencias en pro de la historia que nos cuenta, lo cierto es que la película es un trepidante entretenimiento durante su dos horas y media de duración, sin que en  ningún momento decaiga el ritmo, con un montaje magnífico.

Las escenas de acción son todas sensacionales desde esa primera batalla en Germania como las que tiene en sus primeros combates como gladiador en la arena hasta que finalmente llega a ese grandioso Coliseo Romano en el que el espectador disfrutar de unos espectáculos increíbles en ese magnífico escenario que era el circo de Roma y que nada tiene que envidiar a la carrera de cuadrigas de Ben-Hur  (1959).

En aquella película, en Ben-Hur, se dice aún a día de hoy que tiene una de las escenas más peligrosas de la historia de cine y en la que Chalton Heston entrenó duramente para dirigir el mismo la cuadriga, siendo únicamente necesario un especialista en la escena en que su cuadriga debe saltar por encima de otra que está destruida en medio de la arena. En esta ocasión, en Gladiator, no tenemos carrera de cuadrigas tal que así, pero sí que aparecen haciendo un espectáculo increíble entre cuadrigas versus gladiadores cargado de épica con escenas  de acción maravillosas que hacen que el espectador esté en tensión a expensas de la suerte de esos pobres diablos que se enfrentan a lo que bien podrían ser hoy en día tanques contra infantería. Sin embargo, la escena realmente peligrosa es la segunda vez que Máximo debe luchar en el Coliseo ya que fueron utilizados tigres reales, siendo necesaria la presencia de un veterinario con dardos tranquilizantes para casos de emergencia… por si acaso. Un dato curioso es que en un principio querían que el protagonista se enfrentase a un rinoceronte real, pero claro, no había manera de entrenar a ninguno debido a la dificultad que ello entrañaba y el CGI por aquel entonces no había avanzado lo suficiente. ¿Os imagináis la escena de Máximo contra semejante animal?

Uno de los grandes aciertos de esta película es el elenco de actores encabezado por Russell Crowe quien sufrió varios accidentes durante el rodaje y que aún a día de hoy sigue teniendo cicatrices debido a su alta implicación durante todas las escenas de acción. Aunque no lo parezca, Crowe dio muchos problemas durante el rodaje ya que por aquel entonces ya estaba considerado como una estrella y se lo tenía bastante creído, provocando que muchas líneas de guión tuvieran que ser cambiadas sobre la marcha bajo amenaza del actor de irse del set de rodaje. Un ejemplo de ello es cuando, tras el primer combate en el Coliseo, Máximo es reconocido por Cómodo y acaba el encuentro con la ya mítica frase de: “Y alcanzaré mi venganza en esta vida o en la otra”… Pues bien, por lo visto a Crowe no le gustaba la frase pero, finalmente, la acabó diciendo asegurando a William Nicholson (uno de los guionistas) lo siguiente: "Tus líneas son basura, pero yo soy el mejor actor del mundo y puedo hacer que incluso la basura suene bien". Seguro que en La Momia no tiene narices de decir eso… ¿verdad?

En más de una ocasión estoy seguro de que Scott se acordó de Mel Gibson, actor que fue tentado a hacer de Máximo Décimo Meridio pero este rechazó el papel al considerarse demasiado mayor para el mismo. Por aquel entonces, Gibson tenía 44 años (Crowe tenía 35) y hacía cinco que había interpretado al héroe escocés William Wallace en BraveHeart. Es de aplaudir la honestidad del actor al no subirse al barco para cobrar el cheque, admitiendo que debía ser otro actor quien protagonizara la cinta en beneficio de la misma.

El villano interpretado por Joaquin Phoenix es sensacional, consigue que el espectador lo desprecie, le tenga asco porque es repulsivo, un completo tirano. En los extras del bluray Ridley Scott dice que para él no un villano, es un niño que ha crecido con el único anhelo de complacer a su padre pero que, sin embargo, este no lo ha atendido como se merecía, permitiendo que se convierta en ese ser despreciable e inmoral que conocemos. No te digo que no Scott, seguramente su padre tenga parte de culpa pero todo el tema del incesto encubierto con su hermana Lucila (Connie Nielsen) y los ademanes maníacos que desprende Cómodo son cuanto menos preocupantes y algo de responsabilidad tendrá el chaval. De todas formas, no entiendo muy bien lo de crear un villano tan maravilloso para luego decir que bueno, que tampoco es tan malo o que la culpa no es suya, que el mundo le hizo así… No cuela.

Con Connie Nielsen se cierra un trío protagonista más que atractivo (y no va con segundas, creedme). La actriz interpreta a Lucila, la hermana de Cómodo e hija también de Marco Aurelio, quien debe soportar ser acosada constantemente por su hermano para evitar que su hijo, Lucio Vero (Spencer Treat Clark), pague las consecuencias de la ira de su tío. Lucila, que es viuda, fue la primera amante de Máximo y aún sigue enamorada del General, haciendo todo lo posible por ayudarlo a derrocar a Cómodo. Es sensacional cómo la actriz, durante todo el tercer acto, trasmite esa fortaleza de madre a pesar de estar física y psicológicamente maltratada por su hermano, aguantando lo inaguantable por el bien de su hijo y de Máximo.

Y por supuesto, si algo hace que la película sea redonda es su maravillosa banda sonora que fue merecedora de un Oscar. Una vez más Hans Zimmer y Lisa Gerrard demostraba su talento componiendo una de las bandas sonoras más emblemáticas de todos los tiempos, con temas épicos, románticos… Una verdadera joya.

En conclusión, tenemos unos de los mejores films históricos de la historia del cine (en lo referente a la antigua Roma) sólo superado por dos grandes clásicos: Espartaco (1960) y Ben-Hur (1959). Una historia trepidante, cargada de acción, de épica, de frases imperecederas y con unos actores protagonistas y secundarios en estado de gracia. Si tenéis la ocasión, os recomiendo que adquiráis el Bluray que viene con un disco sólo de extras con más de dos horas de material inédito ya que, como bien sabemos, Ridley Scott se excede grabando y siempre le sobra un montón de material que cualquier buen cinéfilo agradece poder recuperar en estas fantásticas ediciones.

 

Rubén Arenal

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Revista ACCION

Modificado por última vez en Martes, 19 Febrero 2019 20:57
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Rubén Arenal

Nací en Cantabria en 1987 y uno de los primeros recuerdos de mi infancia es estar con cuatro años en la sala de cine viendo La bella y la Bestia (1991) con mi padre. Pasaron los años hasta que una noche vi en televisión Lawrence de Arabia y recuerdo que tras ver la película quedé extasiado. Desde entonces, el cine dejó de ser un entretenimiento y se convirtió en una herramienta con la que aprender y crecer como persona, ya que considero que una película tiene la capacidad de arañarte por dentro y dejarte cicatrices: algunas son superficiales y se curan con facilidad y, otras, te acompañan de por vida. Después de tantas “cicatrices”, decidí escribir sobre cine para contar mis experiencias tras ver una película y mostrar las “cicatrices” que me han dejado las mismas.

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