Hellboy (2004) ★★★

Crítica de la película Hellboy (2004)  

Una película descafeinada con uno de los superhéroes más interesantes del cine

Cuando en 1997 el director mexicano Guillermo del Toro estreno la película Mimic, tuvo la suerte de conocer a Mike Mignola, el creador de la serie de cómics de Hellboy. Desde entonces, Del Toro quedó prendado del personaje y trató de llevar a cabo este proyecto protagonizado por Ron Perlman pero la financiación nunca llegaba, algo muy recurrente en la carrera de este director. Sin embargo, tras el éxito de Blade 2 en el año 2002 le pusieron a del Toro dos proyectos encima de la mesa: Blade 3 o Hellboy. Sin duda sabréis qué elección hizo el director…

Fue en el año 2004 cuando finalmente vio la luz esta película que contó con 66 millones de dólares de presupuesto y obtuvo un éxito moderado recaudando apenas 100 millones debido a que se estrenó en EE.UU. una semana antes de Semana Santa, coincidiendo con el estreno de La pasión de Cristo y provocando que muchos cines la sacasen de la cartelera para que no compitieran entre ellas, beneficiando a la que sería la tercera película como director de Mel Gibson. Esto no fue impedimento para que en 2008 se diera otra oportunidad a este “superhéroe” en la gran pantalla con Hellboy 2 El ejército dorado, que tuvo más éxito en taquilla.

Con motivo del próximo estreno del reboot de Hellboy que llegará a nuestros cines el 17 de mayo de 2019, he querido analizar la primera vez que este demonio rojo llegó a la gran pantalla.

La historia comienza con un flashback al año 1944 de la mano de la voz de off del profesor Trevor “Broom” Bruttenholm (John Hurt) quien nos narra una misión secreta en la costa de Escocia en la que los nazis están colaborando con Grigori Rasputín (Karel Roden) quien está usando magia negra para abrir un portal a otra dimensión con la que conseguir desencadenar el Apocalipsis en la Tierra. El profesor Broom acude con el ejército aliado para descubrir qué es lo que traman los nazis y tras descubrir a Rasputín abriendo el portal, deciden actuar para cerrarlo lo antes posible y evitar así las terribles consecuencias.

Aunque consiguen cerrar el portal no pueden evitar que una criatura haya cruzado la otra dimensión y no es otro que un bebe rojo al que Broom adoptará como hijo y los soldados americanos bautizarán como Hellboy.

Sesenta años después el profesor Broom lidera la Oficina de Búsqueda y Defensa de lo Paranormal mediante la cual combaten las fuerzas del mal gracias a sus increíbles miembros: Hellboy (Ron Perlman) que a pesar de tener 60 años en realidad es como si tuviera poco más de veinte, Abe Sapien (Doug Jones) que es un telépata anfibio que vive en una pecera y la huida Liz Sherman (Selma Blair), quien, además de controlar el fuego, es el amor platónico de Hellboy.

Es entonces cuando el profesor Broom decide incluir en el equipo a John Myers (Rupert Evans), un joven agente del FBI cuya misión consiste en atender a Hellboy: “serás su niñera, su cuidador y su mejor amigo… No debe salir solo”. En su primera misión con este singular equipo, Myers descubre que tal y como le había adelantado el profesor, existen cosas en la noche, monstruos y fenómenos paranormales que deben ser anulados por esa Agencia. Pronto descubrirá que bajo esa coraza de chulería, orgullo y soberbia de la que hace gala constantemente Hellboy, se esconde un extraño héroe (a su manera) que a pesar de tener un origen oscuro se ha convertido en un defensor del bien.

Cuando el profesor Broom descubre que Rasputín ha regresado para acabar lo que empezó sesenta años atrás, el destino de la humanidad quedará en manos de Hellboy, quien deberá conseguir acabar con semejante amenaza junto a su inestimable equipo.

La película se basa en el cómic Hellboy: La semilla de la destrucción de Mike Mignola, aunque se toma ciertas libertades en pro del espectáculo al alcance de toda la familia, reduciendo notablemente la profundidad y el dramatismo de sus protagonistas. Sobre todo, se echa en falta la categoría R en esta película teniendo en cuenta que su protagonista, Hellboy, es una mala bestia que destroza a sus enemigos de cualquier manera imaginable y que, además, el villano y sus secuaces, en especial el científico nazi Karl Ruprecht Kroenen (Ladislav Beran) con esas increíbles dagas y con un diseño magnífico.

Una de las cosas que llaman la atención de este film son los momentos en que esos superhéroes se quedan a solas, escondidos en sus guaridas, en sus “peceras”, recluidos del resto del mundo ya que sus habilidades, sus poderes… son tanto un don como una maldición. Cierto es que la película tiene un tono jovial y gamberro durante todo el metraje mostrando sólo con pinceladas toda la profundidad que había en los cómics en los que estos personajes eran esos héroes capaces de salvar a la humanidad pero también podían acabar con ella, teniendo que resignarse a vivir recluidos todo el tiempo que no fuera necesaria su intervención.

El personaje de Liz es el más traumatizado de todos ellos pues tiene que convivir con un gran poder como es su habilidad para controlar el fuego, la piroquinesis, pero también con el hecho de que en su undécimo cumpleaños, cuando comenzó a manifestarse su “don”, terminó con un estallido de fuego que acabó con la vida de su familia y la destrucción de toda una manzana, con un total de 32 muertos. Esto que ocurre en los cómics no está explicado explícitamente en la película pero del Toro deja miguitas para que vayamos atando cabos y con esas noticias que el agente Myers lee en la pantalla o con el flashback provocado por Rasputín mientras Liz se encuentra dormida en su cama del manicomio. Este periodo está basado en la propia experiencia del director de cuando estuvo ingresado en un manicomio mexicano cuando tenía sólo 12 años.

La relación padre-hijo entre Broom y Hellboy es muy interesante durante todo el film pues muestra por una parte a ese padre que sabe que su hijo no es perfecto, que lo desobedece y sale de parranda cuando está castigado e incluso fuma! Es muy gracioso ese momento en el que, después de estar Hellboy castigado por haberse escapado y tras lo acontecido en la biblioteca, se reencuentra con su padre y cuando se da cuenta de que está ahí, esconde corriendo el puro… Pero como buen padre que es, Broom nunca pierde la fe en su hijo, sabe que tiene buen corazón y pese a las profecías de Rasputín, él acabará haciendo lo correcto. Por su parte, Hellboy es un chiquillo inquieto, que conoce sus habilidades y ¿por qué no pasárselo bien mientras salva al mundo? El problema es que, como adolescente tardío que es, hace las cosas sin pensar en las consecuencias que tienen para luego agachar la cabeza y entonar el mea culpa hasta que su padre le levanta el castigo para volver a hacer de las suyas.

Uno de los grandes aciertos del film es la caracterización de Ron Perlman como Hellboy, te lo crees en todo momento y recuerda a su personaje de Reinhardt en la película Blade 2, con esa bravuconería que te daban ganas de darle un guantazo en más de un momento. En aquella ocasión era el amigo Wesley Snipes quien le dejaba las cosas claras pero, en esta ocasión, el actor no tiene rival y se pasea por la película totalmente desatado, soltando chascarrillos a diestro y siniestro, desprendiendo un magnetismo que hará que el espectador se quede prendado de él desde el primer minuto que sale en pantalla. Una curiosidad del rodaje es que Perlman confesó que cuando iba sin el traje, pasaba totalmente desapercibido entre el equipo pero que, cuando se lo ponía, todas las chicas se giraban a piropearle. Desconozco si el actor aprovechó su caracterización de Hellboy para un vis a vis con su señora al igual que hizo en su momento el actor Hugh Jackman con el del Lobezno (confesado por el propio actor).

Otro gran acierto de la película es cómo muestran a los nazis practicando el ocultismo, algo que sabemos que fue real y que en pantalla queda sensacional, recordando a los mejores momentos de En busca del Arca Perdida cuando los nazis abren el arca.

Para terminar la crítica, quiero recordar una frase con la que se abre y finaliza la película: “¿Qué es lo que hace hombre al hombre? ¿Sus orígenes? ¿La forma en la que llega al mundo?”. Con vuestro permiso voy a hacer mía esa frase y la voy a dar la vuelta: ¿Qué hace que esta película sea una película más del montón? Pues que durante los 122 minutos que dura la película, a pesar de que su director nos regala una historia entretenida con unos personajes muy interesantes en ambos bandos, lo cierto es que no llega a importarnos demasiado si viven o mueren y ese es precisamente el gran lastre de la película, que se ha quedado en medio de ser una gran película de superhéroes (como en su momento fuera Blade, 1998) o ser una película más del montón. Sin duda, que fuera PG-13 en lugar de R terminó siendo un error que pasó factura.

Rubén Arenal

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Revista ACCION

Modificado por última vez en Domingo, 03 Marzo 2019 10:24
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Rubén Arenal

Nací en Cantabria en 1987 y uno de los primeros recuerdos de mi infancia es estar con cuatro años en la sala de cine viendo La bella y la Bestia (1991) con mi padre. Pasaron los años hasta que una noche vi en televisión Lawrence de Arabia y recuerdo que tras ver la película quedé extasiado. Desde entonces, el cine dejó de ser un entretenimiento y se convirtió en una herramienta con la que aprender y crecer como persona, ya que considero que una película tiene la capacidad de arañarte por dentro y dejarte cicatrices: algunas son superficiales y se curan con facilidad y, otras, te acompañan de por vida. Después de tantas “cicatrices”, decidí escribir sobre cine para contar mis experiencias tras ver una película y mostrar las “cicatrices” que me han dejado las mismas.

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