Mula ★★★

Crítica de la película Mula 

Clint Eastwood llena la pantalla como un entrañable octogenario cascarrabias y mulero

Acaba de llegar a los cines Mula, película dirigida y protagonizada por Clint Eastwood, quien ha declarado que a pesar de tener 88 años aún no ha colgado las botas y que, cuando lo haga, no avisará de ello, simplemente dejará de aparecer.

Por si acaso, debemos aprovechar esta ocasión para ver en pantalla grande a uno de los actores más carismáticos del séptimo arte y que en esta ocasión nos trae una historia más personal en la que Eastwood interpreta a Earl Stone, un anciano que ha dedicado su vida a cultivar flores mientras dejaba de lado a su familia hasta que la llegada de internet provoca que su negocio acabe quebrando.

Con su ex-mujer (Dianne Wiest) e hija (Alison Eastwood) resentidas por todas sus ausencias en las ocasiones especiales (bodas, bautizos y comuniones, como los restaurantes…) y con su pasión ya desaparecida, su vida toca fondo cuando Stone no tiene dinero para ayudar a su nieta Ginny (Taissa Farmiga) con los costes de su boda. Es en ese momento cuando alguien le ofrece una oportunidad para ganar dinero fácil simplemente por conducir llevando mercancía de un punto a otro.

Esa mercancía no es otra cosa que droga, convirtiéndose Stone en mula de un cartel mexicano llamado Laton (Andy García).

Mientras tanto, un nuevo agente de la DEA llamado Colin Bates (Bradley Cooper) empieza a seguir el rastro de los envíos de droga de Laton con ayuda de su compañero, el agente Trevino (Michael Peña). Juntos y bajo las ordenes de su jefe en la DEA (Laurence Fishburne), estos agentes rápidamente empezarán a interesarse en la mula llamada Tata (Eastwood) que es con diferencia quien más droga mueve de todos los conductores de Laton.

Con cada nuevo envío de droga que realiza, Stone se llena cada vez más los bolsillos, permitiéndole ayudar a su nieta y amigos, a la vez que se convierte en una de las mejores mulas de Laton. Sin embargo, el cerco de la DEA se estrecha cada vez más sobre Stone, quien trata de remendar los vacíos que ha dejado en la vida de su ex-mujer e hija mientras trata de adaptarse a los nuevos tiempos.

La historia está basada en la vida de Leo Sharp, un veterano de la guerra de Corea que a sus ochenta años de edad se convirtió en traficante de drogas.

Lo primero que llama la atención es el retraso con el que nos ha llegado a España esta película, que en Estados Unidos ya se estrenó el pasado 14 de diciembre (2018), algo que en mi opinión no favorece a la película ya que, como bien se sabe, el boca a boca puede mover a la gente a ir a los cines o al contrario.

Digo esto porque si el estreno hubiera sido simultaneo en todo el mundo o con una diferencia de días, seguramente hubiera acudido mucha más gente al cine a ver este film pensando que encontrarían algo parecido a Gran Torino (2008, Clint Eastwood), pero es cierto que entonces muchos espectadores habrían salido defraudados de la sala porque nada tiene que ver esta cinta con la otra.

Dicho esto, para nada estamos ante una mala película pero sí que es cierto que cuando vemos en cartelera una película de Clint Eastwood todos recordamos sus últimas grandes obras como Gran Torino o El Francotirador y nos generamos unas expectativas excesivamente altas.

En esta ocasión tenemos a un Eastwood cascarrabias, sin filtros y que sólo quiere pasárselo bien con sus bailes sociales y lanzando piropos a las mujeres de su alrededor como buen zalamero que es. Al ser octogenario, nadie imagina que pueda estar metido en semejante asunto como es ser mulero haciendo envíos de droga, lo cual provoca escenas hilarantes en varias ocasiones cuando parece que le van a pillar pero los años que tiene a sus espaldas le dan las tablas para salir airoso de esas situaciones y de otras peores al tratar con individuos de la peor calaña que, lejos de intimidarlo, provoca que quiera ayudar a alguno de ellos a salir de ese mundillo, pareciendo que es el único capaz de ver algo de luz en ese mundo de oscuridad.

La manera en la que nos muestra ese distanciamiento con su familia es brillante pues explica perfectamente por qué en un momento dado su personaje decide volcarse en su trabajo y en las convenciones que se celebraban por todo el país antes que estar en casa con su familia. Como el mismo Stone indica en la película: “Prefería ser alguien ahí fuera que ser un fracasado en casa”. Pero como todos sabemos, las palabras se las lleva el viento y, aunque durante toda la película Stone asegura que lo más importante es la familia, que hay que cuidarla y valorarla, lo cierto es que hasta el tercer acto de la película no se aprecia ningún acercamiento a la suya que no sea a base de poner billetes sobre la mesa, lo cual es coherente con su personaje (con lo que hace, no con lo que dice).

Sé que a muchos espectadores les chirriara una escena en el tercer acto en la que acusarán a Eastwood de ponerse excesivamente sentimentalista pero no creo que sea así ya que, aunque durante la mayor parte de la película no vemos apenas evolución en las motivaciones de Stone, sí que es cierto que tiene un acercamiento con su ex-mujer en dos evento sociales que ayudan a limar asperezas entre ambos y pueden ser el motor para que el protagonista finalmente sea consecuente con sus palabras de que hay que estar cuando hay que estar. No es un momento que me saque de la película ni tampoco provoca un bajón de ritmo ya que entiendo perfectamente que no podemos estar continuamente en modo cascarrabias dando zascas a una juventud que creen que han inventado la rueda y este Stone les da sopas con ondas.

Todas las escenas en que comparten pantalla Eastwood y Cooper son una delicia… Están muy bien aprovechadas estos momentos entre estos dos actorazos en los que se nota la buena química que existe entre ambos.

Sin duda la película avanza despacio, como Eastwood, pero a paso seguro, dando caña a las nuevas generaciones que estás “atontadas” con el móvil, incapaces de hacer cosas básicas como cambiar una rueda sin mirarlo en internet.

En conclusión, estamos ante una película muy interesante, con un Clint Eastwood sin ningún tipo de filtro y que consigue que, a pesar de lo que hace, te encariñes con él desde el primer momento, riéndote con cada una de sus salidas como por ejemplo cuando se encuentra en carretera con unas curiosas moteras o con una familia de raza negra. Sin embargo, creo que el mayor problema de la película es también su mayor acierto, que es Clint Eastwood, que provoca que todo el mundo espere una obra maestra de este director/actor, pudiendo provocar que algunos espectadores se sientan defraudados. Para terminar, reitero mi recomendación de ver esta película en cine, ya que es muy interesante y, además, no vaya a ser que sea la última de Clint Eastwood delante de la cámara y aún no lo sepamos…

Rubén Arenal

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Revista ACCION

Modificado por última vez en Domingo, 10 Marzo 2019 23:17
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Rubén Arenal

Nací en Cantabria en 1987 y uno de los primeros recuerdos de mi infancia es estar con cuatro años en la sala de cine viendo La bella y la Bestia (1991) con mi padre. Pasaron los años hasta que una noche vi en televisión Lawrence de Arabia y recuerdo que tras ver la película quedé extasiado. Desde entonces, el cine dejó de ser un entretenimiento y se convirtió en una herramienta con la que aprender y crecer como persona, ya que considero que una película tiene la capacidad de arañarte por dentro y dejarte cicatrices: algunas son superficiales y se curan con facilidad y, otras, te acompañan de por vida. Después de tantas “cicatrices”, decidí escribir sobre cine para contar mis experiencias tras ver una película y mostrar las “cicatrices” que me han dejado las mismas.

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