Crítica de la película Blanco Humano 

Bienvenido a Hollywood Sr. Woo pero… necesita mejorar

En el año 1993 estrenaba su primera película dirigida en Estados Unidos el director chino John Woo, quien llegaba desde Hong Kong en donde había tenido absoluta libertad en su trabajo, tanto artística como creativa, y que al embarcarse en esta producción americana tuvo que adaptarse a la manera de trabajar de los estudios, al igual que su película, que para adaptarla a los gustos americanos fue mutilada en la sala de montaje.

Independientemente a esto, Woo demostró en esta película y en posteriores (Broken Arrow, Cara a Cara, Misión Imposible 2) su talento para contar historias interesantes cargadas de buenas escenas de acción a pesar precisamente de esa “americanización” a la que fue sometido por las productoras para sustituir la violencia explícita y las imágenes más impactantes por otras más espectaculares y vacías. A pesar de todo, la película fue un éxito en taquilla, recaudando 75 millones de dólares de los 19 que costó, abriendo el camino a Woo a otras producciones cada vez con mayores presupuestos.

Y claro, hablar de acción en los 90 es hablar de Jean-Claude Van Damme, quién había saltado a la fama en 1988 con la película Contacto Sangriento y terminó de despegar su carrera en 1992 gracias a la película Soldado Universal en la que compartía protagonismo con Dolph Lundgren.

En esta ocasión Van Damme interpreta a Chance Boudreaux, un veterano de guerra que vive en la decadente ciudad de Nueva Orleans, la cual está plagada de más veteranos de guerra como él que sobreviven mendigando por las calles. Estos “sin techo” son utilizados por Emil Fouchon (Lance Henriksen) y Pik Van Cleef (Arnold Vosloo) en un juego en el que les prometen a estos pobres individuos una recompensa de 10.000 dólares si consiguen sobrevivir a una cacería en la que ellos serán la presa mientras que los cazadores serán millonarios dispuestos a pagar hasta medio millón de dólares por dar caza a estos seres humanos a los que nadie echará de menos si mueren.

Sin embargo, cuando Natasha Binder (Yancy Butler) llega a la ciudad buscando a su padre que vive como mendigo, Boudreaux ve la oportunidad de ganar el dinero que necesita para salir de la ciudad y, tras impedir que un grupo de delincuentes atraquen a Binder, esta le ofrece el dinero que necesita a cambio de que la ayude a encontrar a su padre. Lo que inicialmente parece un buen negocio para Boudreaux, rápidamente se convertirá en un asunto personal para ajustar cuentas con Fouchon y Van Cleef en una carrera contrarreloj por evitar que más víctimas inocentes mueran por el simple divertimento de unos señores podridos de pasta.

Durante los 92 minutos que dura la película, Woo intenta con todas sus fuerzas meter al espectador en esa cacería en medio de la ciudad, en esa jungla de asfalto, pero fracasa estrepitosamente al ofrecer una propuesta muy descafeinada cuya trama resulta precipitada desde su inicio, metiéndonos de lleno en esa persecución que acaba con el asesinato de ese mendigo y parece que a partir de ahí dijeran: “Bueno, ya les hemos dicho de que va esto, ahora vamos a meter a Van Damme en la historia aunque sea con calzador y que empiece a repartir mandanga de la buena que a eso hemos venido…”.

En ningún momento la película consigue sorprender al espectador, que ya sabe lo que va a pasar antes de que pase pues la película está llena de los tópicos que hemos visto en un montón de películas, lo cual no sería ningún problema siempre que lo presenten de manera novedosa y con alguna que otra vuelta de tuerca. En esta ocasión, no ocurre eso, no innova más allá de las escenas de acción que quieren ser increíbles y lo cierto es que son lo mejor de la película con un Van Damme haciendo lo que mejor sabe hacer: repartir soplamocos a diestro y siniestro.

Lo malo es todo lo que ocurre alrededor de las escenas de acción, que carece de importancia porque no ayudan en nada a la película, escenas sin sustancia en las que el ritmo se hunde estrepitosamente sin trasmitir dramatismo ni tensión, ni intriga… nada, simplemente son de relleno para justificar por qué Van Damme se mete en medio del juego.

En este punto me pica la curiosidad por saber cómo hubiera sido la película si a John Woo le hubieran dejado rodar 100% su película, sin cortes, sin hacer un Frankenstein en la sala de montaje, quizás hubiera sido interesante ver una película sin trama romántica en la que el Van Damme simplemente quiera averiguar porqué sus compañeros de trinchera están siendo cazados, provocando que decida utilizar sus habilidades de combate para acabar con esos villanos que buscan enriquecerse a base de exterminar a soldados abandonados por su patria, unas habilidades que de nada le sirven en las calles. Un tono más serio y menos espectacular podrían haber hecho de esta una gran película.

No era tan difícil, ya se hizo en 1932 en la película El malvado Zaroff, una película mucho más interesante que esta y en la que el espectador sí que tenía la sensación de estar en peligro, de estar siendo cazado y no tener escapatoria. Si 1932 se les hace muy lejano en el tiempo, les propongo una película mucho más actual: Hobo with a shotgun (2011, Vagabundo con Escopeta), protagonizada por Rutger Hauer en la que interpreta a un vagabundo que llega a una ciudad corroída por la corrupción y en la que un villano utiliza su poder para controlar la ciudad (policía incluida) y utiliza a los vagabundos como divertimento en un festival gore de sangre y violencia que a pesar de ser serie B, en esta ocasión sí deciden arriesgarse, dando esa vuelta de tuerca a una historia que ya había sido explotada anteriormente, resultando bastante interesante para el espectador y con algunos personajes muy curiosos como eso dos esbirros conocidos como “La Plaga”.

Y luego, en esta película hay una escena de lo más estúpida que es cuando a alguien le meten una granada activada (sin anilla) en su pantalones y, tras conseguir sacarla, de todas las maneras en las que se te ocurra evitar que la granada te explote, la que hace el personaje utiliza es la última que se te podría ocurrir y es una de esas escenas en las que el espectador dice: “Ojala te explote en la cara dos veces, por pardillo”.

En conclusión, estamos ante una película de acción de sobremesa, plana, sin frescura en su propuesta y en la que pasan cosas sin importancia entre patadas y tiros, convirtiéndola en una película mediocre en la que importaba más hacer un producto fácilmente consumible por los americanos que en hacer una película seria en la que revindicar otra serie de cosas como por ejemplo sí el tener mucho dinero te permite comprar/robar la vida de otras personas para hacer con ellas lo que quieras (algo mejor explotado en Hostel o en Venganza) o la imposibilidad de muchos veteranos de guerra para reinsertarse en la sociedad (sin duda, mucho mejor explotado en Acorralado).

Rubén Arenal

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Revista ACCION

Modificado por última vez en Domingo, 17 Marzo 2019 15:43
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Rubén Arenal

Nací en Cantabria en 1987 y uno de los primeros recuerdos de mi infancia es estar con cuatro años en la sala de cine viendo La bella y la Bestia (1991) con mi padre. Pasaron los años hasta que una noche vi en televisión Lawrence de Arabia y recuerdo que tras ver la película quedé extasiado. Desde entonces, el cine dejó de ser un entretenimiento y se convirtió en una herramienta con la que aprender y crecer como persona, ya que considero que una película tiene la capacidad de arañarte por dentro y dejarte cicatrices: algunas son superficiales y se curan con facilidad y, otras, te acompañan de por vida. Después de tantas “cicatrices”, decidí escribir sobre cine para contar mis experiencias tras ver una película y mostrar las “cicatrices” que me han dejado las mismas.

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