En el nombre del padre ★★★★★

Crítica de la película En el nombre del padre 

La mejor película de Daniel Day-Lewis y uno de los mejores dramas carcelarios de la historia del cine

Cuando hablamos de cine carcelario, normalmente salen a la palestra títulos como La gran Evasión, Cadena Perpetua, Brubaker, La milla verde… Pero luego hay otra serie de películas que, por alguna razón, no nos vienen a la mente y no es porque sean obras menores ni mucho menos, simplemente no tenemos interiorizado que pertenezcan al género carcelario y las dejamos apartadas. Dos buenos ejemplos de ello son American History X y la película de la que hablamos hoy: En el nombre del padre.

Estrenada en 1993 y dirigida por Jim Sheridan, basó la película en los hechos narrados en la biografía de Gerry Conlon llamada En el nombre del padre (título original: Inocencia Probada, 1990) en la que el autor cuenta sus vivencias tras ser condenado con pruebas falsas por un crimen que no cometió y por lo que también hicieron preso a su padre, Giuseppe. Conlon era uno de “los cuatro de Guildford” (Paul Hill, Carole Richardson, Patrick Amstrong y Gerry Conlon), cuatro jóvenes que fueron condenados y encarcelados injustamente en el Reino Unido en 1974 acusados de poner dos bombas y de pertenecer al grupo terrorista IRA.

De esta manera empieza la película, en los años 70 en los que un joven Gerry Conlon (Daniel Day-Lewis) pasa el día haciendo el gamberro con sus compinches, robando plomo de los tejados cuando la policía lo detiene, provocando una revuelta en su barrio. Es entonces cuando su padre Giuseppe (Pete Postlethwaite), avisado por el IRA de que tiene que meter en cintura al chaval, lo envía a Londres junto a su amigo Paul Hill (John Lynch) para mantenerle fuera de problemas. Lo que en España se suele expresar como: “se fue al pueblo a despejar sus ideas…”.

Sin embargo, en Londres Gerry se lo pasa de maravilla experimentando con drogas y dando rienda suelta al amor hasta que un día, después de una discusión con una de las chicas que está en el piso en el que viven, deciden irse de casa y volver a las andadas robando dinero del piso de una prostituta para luego dormir en un parque. La mala suerte hará que explote en ese momento una bomba en un pub de Guildford, matando a 5 personas e hiriendo a 74.

Sin enterarse de lo ocurrido, Gerry vuelve a Belfast y es entonces cuando su casa es asaltada por el Ejército y tanto Gerry como Paul son detenidos por lo ocurrido en Londres. La policía les interroga durante siete días en los cuales son torturados y amenazados hasta que finalmente firman una confesión como autores de los atentados. El inspector de policía Robert Dixon (Corin Redgrave), quien está más interesado en cerrar el caso con un cabeza de turco que en descubrir la verdad, permite la manipulación de pruebas para incriminar a estos pobres diablos aun a sabiendas que son inocentes, sólo por cerrar el caso de cara a la galería. En un juicio predispuesto y preparado para declararles culpables, los cuatro jóvenes (Paul Hill, Carole Richardson, Patrick Amstrong y Gerry Conlon) son condenados a cadena perpetua.

Así empieza la desgracia de estos jóvenes y en especial la de Gerry, quien también tendrá que cargar sobre su conciencia que su padre Giuseppe sea condenado a 12 años de prisión acusado de participar en la fabricación de las bombas del atentado.

Una vez vista la película, el espectador se queda noqueado en su asiento al ver la dureza de esta historia contada de manera pausada pero sin dejar que nunca decaiga el ritmo y en la que el director consigue que sintamos el peso y la gravedad de los hechos sobre nuestros hombros, cayéndonos como una losa de impotencia ante la injusticia que estamos presenciando. Y claro, si fuera sólo una película, diríamos: “Bueno, sabemos que nos están contando una historia, eso no puede pasar, seguro que lo están exagerando…”, pero lamentablemente no es así, es una historia real la cual tuvo gravísimas consecuencias más allá del hecho de permanecer X tiempo en prisión privándote de tu libertad, con el sufrimiento que esto provoca a tu familia o incluso que tu nombre quede manchado de por vida, acusado de un delito que sólo tú sabes que no ha cometido… No, es más que eso, es una demostración de cómo unos señores aprovechan el poder que se les ha dado para que, de manera ponderada, lo utilicen para hacer el bien y limpiar las calles de criminales, pero hacen precisamente lo contrario, coger a unos pobres diablos y endosarles el muerto por el mero hecho de ser unos “parias” o lo que aquí conocemos como ser “un bala perdida”.

Y todo ello, además, conlleva una culpa adicional sobre la conciencia de Gerry al ser su padre condenado y, sobre todo, lo que ocurre con su padre estando en la cárcel que no contaré para no hacer spoiler pero que al espectador lo deja totalmente destrozado al ver lo que esa “justicia” miserable ha provocado. Y ojo, no digo que la justicia sea miserable ni mucho menos, hablo de esas personas místicas, que están por encima del bien y del mal y que utilizan su poder para tapar sus vergüenzas, sus crímenes y sus errores. Por suerte, estas cosas no son habituales y cuando pasan suelen ser accidentes o, lo que se suele decir, estar en el sitio incorrecto en el momento incorrecto. Pero en esta ocasión, es más sangrante porque esos señores, cuando descubren que se han equivocado, lejos de utilizar ese poder para entonar el mea culpa y liberar a esos inocentes, lo que hacen es tapar las pruebas que los pueden poner en libertad para no destapar sus vergüenzas. A eso me refiero con miserables.

La historia es increíbles por si sola pero además cuenta con tres actores que elevan la película a otro nivel:

  • Daniel Day-Lewis, en uno de sus papeles más emblemáticos de tu carrera, encarnando a ese Gerry que sólo piensa en pasárselo bien, totalmente despreocupado por las consecuencias de sus acciones, que hondea la bandera del Carpe Diem hasta que la realidad le golpea con tal dureza que casi ni se tiene en pie. Cuando llega ese momento, se da cuenta de que todas sus acciones le hacen ser el cabeza de turco perfecto, no sólo por estar en el lugar equivocado en el momento equivocado sino por tener los antecedentes necesarios para pasar por miembro de una banda criminal. Una persona que, como bien le insta su padre: “Quiero que tengas respeto por ti mismo”. Es increíble lo bien caracterizado que está el actor que durante los 135 minutos que dura la cinta puedes ver el paso del tiempo en sus rasgos faciales, esos 15 años que han caído como una losa en Gerry, algo que veríamos también en otra película carcelaria como es Cadena Perpetua en la que el personaje de Morgan Freeman ha pasado casi toda su vida en la cárcel y puedes ver en su rostro el deterioro con el paso de los años.
  • Pete Postlethwaite se sale en su papel de Giuseppe Conlon, el padre de Gerry, quien trata de protegerle por todos los medios, tanto en las calles de Belfast como en los pasillos de la cárcel, demostrando siempre su entereza ante las adversidades y siendo un verdadero salvavidas para su hijo en los momentos más oscuros de su penitencia entre rejas. Me atrevería a decir que este es el mejor papel de Postlethwaite, quien siempre ha aparecido como actor secundario y es el típico actor que cuando lo ves en pantalla, lo reconoces por su carisma. Es imposible no encariñarse con este personaje que nunca da por perdido a su hijo, viendo en el encarcelamiento una oportunidad para acercarse a él, de poner fin a las diferencias que había entre ambos. Un año antes ya había trabajado con Day-Lewis en la película El último mohicano en la que interpretaba al capitán Beams y la conexión entre ambos actores en esta película es increíble, con algunos reproches muy duros entre ambos personajes, consecuencia de espinas clavadas desde hacía años pero que detrás de todo ello hay una relación de respeto y de admiración de un hijo que anhela ante todo el reconocimiento de su padre, de que le diga: “Estoy orgulloso de ti”. Postlethwaite también fue un luchador fuera de la pantalla, lo demostró durante 20 años contra un cáncer de páncreas que finalmente le ganó la partida en 2011, poniendo fin a su vida.
  • Y como no, la sensacional Emma Thompson quien interpreta a Gareth Peirce, una abogada que desde fuera de la cárcel les da todo el apoyo moral que puede, les da aliento para seguir luchando dentro de la cárcel mientras ella se deja la piel por demostrar su inocencia, sin tirar la toalla en ningún momento en su lucha por probar la injusticia que se ha cometido con estas personas.

En conclusión, estamos ante una magnífica película que combina perfectamente el drama con cine negro y que en ningún momento se baja los pantalones para tomar partido y hacer a los buenos muy buenos y a los malos muy malos, no le hace falta porque la historia es suficientemente madura, cruda y real para que cada personaje se presente tal y como es, con sus luces y sombras y el espectador no necesite ayuda de ningún tipo para comprender las motivaciones de cada personaje. Sin duda, una de las típicas películas que debería haberse llevado alguna estatuilla y que, a pesar de contar con siete nominaciones a los Oscars (mejor actor, actor de reparto, actriz de reparto, director, montaje, película y guión) no se llevó ninguna. Una de esas grandes olvidadas a pesar de su grandeza.

Rubén Arenal

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Revista ACCION

Modificado por última vez en Martes, 19 Marzo 2019 18:18
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Rubén Arenal

Nací en Cantabria en 1987 y uno de los primeros recuerdos de mi infancia es estar con cuatro años en la sala de cine viendo La bella y la Bestia (1991) con mi padre. Pasaron los años hasta que una noche vi en televisión Lawrence de Arabia y recuerdo que tras ver la película quedé extasiado. Desde entonces, el cine dejó de ser un entretenimiento y se convirtió en una herramienta con la que aprender y crecer como persona, ya que considero que una película tiene la capacidad de arañarte por dentro y dejarte cicatrices: algunas son superficiales y se curan con facilidad y, otras, te acompañan de por vida. Después de tantas “cicatrices”, decidí escribir sobre cine para contar mis experiencias tras ver una película y mostrar las “cicatrices” que me han dejado las mismas.

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