1922 ★★★

Crítica de la película 1922

Cuando el fin justifica los medios…

En octubre de 2017 se estrenó en la plataforma Netflix la película 1922, dirigida por Zak Hilditch y basada en la novela homónima de famoso escritor de terror Stephen King en la que explora una vez más los instintos más oscuros del ser humano y cómo estos pueden hacer que en situaciones concretas seamos capaces de hacer las peores atrocidades, las cuales siempre encuentran la manera de volver para castigarnos por lo que hemos hecho.

Bajo esa premisa se construye está película que empieza en el año 1930 en la que vemos a Wilfred James (Thomas Jane) llegando a una habitación de un hotel en la que comienza a escribir una confesión sobre lo ocurrido en el año 1922. Por aquel entonces, Wilfred era un orgulloso granjero que vivía con su esposa Arlette (Molly Parker) y su hijo Henry (Dylan Schmid) en el pueblo de Hemingford Home (Nebrasca), llevando una vida aparentemente tranquila.

Sin embargo, Arlette detesta vivir en ese pueblo y desea mudarse a Omaha, lo cual enfurece a Wilfred, quien desprecia la vida de la gran ciudad (“la ciudad es para idiotas”) a diferencia de vivir en el campo trabajando sus propias tierras que llevan generaciones en su familia. Estos valores se los traslada a su hijo Henry, quien adora a su madre y admira y respeta a su padre.

Un buen día, Arlette le dice a Wilfred que quiere vender las tierras que había heredado de su padre y que quiere mudarse a Omaha o, incluso mejor, vender las tierras de ambos (incluida la granja), repartirse el dinero y divorciarse, llevándose Arlette a su hijo tras el divorcio: “un chico de 14 años tiene que estar con su madre”. Es entonces cuando Wilfred empieza a planear el deshacerse de su esposa y para ello empieza a manipular a su hijo en contra de su madre.

Cuando Henry cae enamorado de Shannon (Kaitlyn Bernard), la hija de su vecino Harlan Cotterie (Neal McDonought), Wilfred encuentra el punto débil con el que terminar de convencer a su hijo de que deben matar a su madre, asegurándole que esta le llevará a Omaha, separándole de él y de Shannon. Es entonces cuando Wilfred emborracha a su mujer y, tras caer dormida, aprovechan para asesinarla en su dormitorio para luego echarla al pozo de la granja.

En principio todos sus problemas se deberían haber solucionado pero cuando Henry deja a Shannon embarazada, los problemas económicos de Wilfred hacen que su relación con su hijo se deteriore, empezando Henry a cuestionarse si fue correcto matar a su madre. La trama termina de complicarse cuando un grupo de ratas, que estaban devorando el cadáver de Arlette en el pozo, empiezan a salir a la superficie y atacan y persiguen a Wilfred, quien está convencido de que es su esposa torturándole por haberla asesinado.

La película tiene un arranque excelente en cuyos primeros 10 minutos nos presentan a esa familia James que se nota que entre Wilfred y Arlette no hay mucha química. Sin que nos lo cuenten, podemos deducir seguramente fuera un matrimonio de conveniencia por mantener y agrandar su patrimonio de tierras, y en medio de todo ello está su hijo, un joven Henry de 14 años que idolatra tanto a su padre que llega a creerse eso de que el fin justifica los medios.

Mientras avanza la trama veremos cómo poco a poco se va rompiendo ese vínculo entre padre e hijo tras cometer el crimen, y ese suceso hará que evolucione cada uno de ellos de diferentes maneras. A Henry, por ejemplo, al principio le preocupa que el sheriff descubra lo sucedido pero, tras comprobar que este se ha creído que su madre ha huido de casa, se relaja pensando que ya ha pasado lo peor pero es entonces cuando deja embarazada a Shannon y los problemas económicos, la falta de liquidez de su padre, hace que peligre su futuro con Shannon, dando inicio a esos enfrentamientos entre Henry y Wilfred en los que le echa en cara lo ocurrido, empezando a pensar que de estar su madre viva sus problemas se esfumarían pues le daría dinero y lo trataría con más respeto que su padre.

Sin embargo, a Wilfred parece no haberle afectado el hecho de haber matado a su esposa a sangre fría delante de su hijo, sintiéndose liberado tras lo ocurrido. Pero claro, cuando pierde a su hijo porque decide huir con Shannon para tratar de crear su propia familia lejos de esas tierras malditas, Wilfred empieza a entender la inutilidad de haber matado a Arlette pues ahora no tiene a nadie a quien dejar sus preciadas tierras. Al final, todo el esfuerzo y el sacrificio, para nada… Cuando en la soledad empieza a ser perseguido y atacado por esas ratas que había en el pozo, se convence a si mismo que es su mujer castigándolo por lo ocurrido, hasta tal punto que en un momento concreto es su mujer la que, en un claro estado de descomposición, se le aparece para torturarle con su presencia pero rápidamente veremos que no eso lo que más miedo da sino con lo que viene a contarle desde el más allá. Como el propio Wilfred afirmó: “empezó a susurrarme secretos que sólo podía conocer una mujer muerta”, desvelándole el terrible destino que sufriría Henry y Shannon.

Toda la película es un flashblack que el propio Wilfred nos cuenta desde esa habitación del hotel en 1930, una habitación que durante toda la película veremos cómo está siendo poco a poco atacada por las ratas que lo persiguen mientras en la historia principal entendemos el significado de esas ratas, de lo que representan que no es otra cosa que sus pecados volviendo para recordarle lo que ha hecho.

Los actores que encabezan el reparto están sensacionales, empezando por Thomas Jane que convence como ese granjero orgulloso que sólo piensa en sus tierras, con la piel quemada por el sol y cubierta de ese sudor mezclado con la tierra. Tiene unas miradas durante toda la película que muestran su verdadero ser, una persona que siempre mira por encima del hombro y que, sobre todo, no piensa dejar que su mujer se salga con la suya ni que le quiten sus preciadas tierras, algo que interpretaría como una derrota personal, casi una humillación.

Molly Parker está bien dentro de su papel de esposa que quiere algo más de lo que tiene en ese pueblo, en esas tierras. Es una mujer anclada a un sitio al que no pertenece y, llegado el momento, no tiene reparo en decirlo en voz alto y dar un golpe en la mesa para imponer su parecer sobre el de su marido: “y si no te gusta, quiero el divorcio”, algo que choca con respecto al año en el que teóricamente suceden los hechos, es decir, hoy sería normal pero me cuesta creer en el 1922 la mujer de un granjero tuviera esas aspiraciones, de tenerlos tan bien puestos.

Quien para mí está sensacional es Dylan Schmid, el actor que interpreta a Henry, pues es quien más evoluciona dentro de la película, quien empieza estando en la luz para bajar a los infiernos cuando ayuda a su padre a matar a su madre y, luego, tras empezar a asimilar lo que ha hecho, decidir huir de esas tierras malditas. Es quien tiene los mejores diálogos de la película, como por ejemplo cuando ya es consciente de lo que ha hecho le dice a su padre: “Espero que Dios no exista eso piensan los asesinos, si no hay Cielo tampoco habrá Infierno”.

En conclusión, es un buen drama mezclado con tintes de terror pero no me refiero a sustos, sino a lo terrorífico que es saber en un momento dado las consecuencias que tienen tus acciones para tus seres y cómo esas acciones, esos pecados que cometemos, nos persiguen allá por donde vayamos sin que podamos hacer nada para evitarlo. Siempre llega un momento en el que tenemos que mirar a la cara a esos pecados y rendir cuentas, y eso lo hace muy bien esta película. ¿Su mayor problema por el cual no termina de ser una gran película? Que al final, en su conjunto, en su presentación, no deja de ser un telefilme con bajo presupuesto y eso hace que, en el fondo, sea una película muy apetecible pero no llega a más.

Rubén Arenal

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Revista ACCION

Modificado por última vez en Lunes, 01 Abril 2019 10:08
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Rubén Arenal

Nací en Cantabria en 1987 y uno de los primeros recuerdos de mi infancia es estar con cuatro años en la sala de cine viendo La bella y la Bestia (1991) con mi padre. Pasaron los años hasta que una noche vi en televisión Lawrence de Arabia y recuerdo que tras ver la película quedé extasiado. Desde entonces, el cine dejó de ser un entretenimiento y se convirtió en una herramienta con la que aprender y crecer como persona, ya que considero que una película tiene la capacidad de arañarte por dentro y dejarte cicatrices: algunas son superficiales y se curan con facilidad y, otras, te acompañan de por vida. Después de tantas “cicatrices”, decidí escribir sobre cine para contar mis experiencias tras ver una película y mostrar las “cicatrices” que me han dejado las mismas.

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