Apocalipsis Now ★★★★★

Crítica de la película Apocalipsis Now

Un lugar del que no todos vuelven pero ninguno vuelve intacto

Hoy analizo la que sin lugar a dudas es la mejor película sobre la guerra de Vietnam y, a la vez, está en el top 5 de las mejores películas bélicas de la historia del cine sólo superada por Senderos de Gloria, la cual considero que sí es la mejor película bélica de todos los tiempos y la mejor película del maestro Stanley Kubrick.

Estrenada en 1979 y dirigida por Francis Ford Coppola (la trilogía del Padrino, Drácula), la película está inspirada en la novela de Joseph Conrad, “El corazón de las Tinieblas”, en la cual un marinero narra su travesía en el siglo XIX a través de un río tropical de África en busca de Kurtz, el jefe de una explotación de marfil que parece haberse vuelto loco, rompiendo con las costumbres sociales tal y como se conocían en Europa, siendo tratado por los nativos como un dios.

Sobre esa idea parte esta película, en la que el joven capitán Willard (interpretado por un jovencísimo Martin Sheen) sobrevive a base de alcohol en su habitación de un hotel de Saigón mientras espera que le asignen una nueva misión en ese infierno que es Vietnam en el año 1969, lo cual veremos que no tarda en suceder. Cuando unos oficiales lo llevan ante sus superiores, entre los que se encuentra otro jovencísimo Harrison Ford interpretando al coronel Lucas, estos le hablan del coronel Kurtz (Marlon Brando), un brillante oficial que había destacado en todo pero que tras su paso por las fuerzas especiales se volvió loco, con ideas y métodos “absurdos”, acabando en la selva de Camboya liderando a un ejército de nativos que lo idolatran como a un dios, cumpliendo todas sus órdenes por estúpidas que sean. La gota que colmó el vaso fue cuando el coronel Kurtz ordenó la ejecución de varios vietnamitas que creía que eran agentes dobles, tomándose la justicia por su mano, momento en el que iba a ser acusado de asesinato. Es entonces cuando deciden acabar con Kurt y para eso necesitan a Willard, encomendarle la misión de navegar el río en una lancha patrullera hasta llegar al campamento de Kurtz, infiltrarse y acabar con él. Por supuesto, toda la misión es secreta pues nadie quiere que se sepa que a uno de los oficiales más condecorados de Estados Unidos se le ha fundido un fusible.

Willard acepta la misión con ciertas reservas ya que, como él mismo reconoce: “Acusar a un hombre de asesinato en este lugar es como poner multas por exceso de velocidad en la carrera de Indianápolis”. Así empieza este viaje en una lancha con un variopinto grupo de soldados a su cargo entre los que se encuentra un Chef, un surfista, el jefe de la lancha que no tiene cara de muchos amigos y un joven Laurence Fishburne interpretando al soldado Tyrone “Limpio” Miller, quien no duda en arrancarse a bailar al ritmo del Satisfaction de los Rolling Stones en la borda de la lancha mientras cruzan el río.

Durante el viaje conoceremos a través de los informes secretos que lee Willard más cosas sobre ese misterioso Kurtz, un hombre con integridad, inconformista y, sobre todo, con un buen par de narices como asegura el propio Willard. Con cada informe que leemos, más comprendemos y admiramos a ese coronel renegado, siendo incapaces de entender qué provocó que se radicalizase hasta llegar a la locura.

El viaje hacia Kurtz es también el viaje al Infierno y, como en la Divina Comedia de Dante Alighieri, aquí el Infierno no es un círculo con diferentes niveles pero sí que hay diferentes paradas en las que esa lancha patrullera atraca y seremos testigos del sinsentido que muchas veces es la guerra, de los actos criminales que allí se perpetran con impunidad absoluta y siendo el lugar perfecto para liberar a las bestias que habitan en nuestro interior. Es en una de estas paradas es cuando encontramos al Teniente Coronel “Bill” Kilgore (Robert Duvall), quien aprovecha cualquier ocasión para dar rienda a su pasión que es el surf o atacar a los Charlies mientras les asusta desde el helicóptero con La cabalgata de las Valkirias de Wagner a todo trapo... Este personaje tiene una escena en concreto que ya es historia del cine, la de que le encanta el olor a napalm por la mañana, un olor que relaciona con victoria.

En otra de esas paradas hacia el infierno veremos otra escena que demuestra lo absurdo que es todo cuando en medio de la selva encuentran un escenario perfectamente iluminado en el que veremos actuar a unas modelos de Playboy para “animar” a los hombres, los cuales están fuera de sí ante semejante espectáculo.

Cuanto más nos adentramos en ese río, mayor será la locura que nos encontramos a nuestro paso hasta que, llegado a un punto, esa locura empieza a invadir la lancha contagiando a sus ocupantes que cada vez están más nerviosos, siendo más propensos al gatillo fácil o, como se suele decir: “primero dispara y luego pregunta”. A diferencia de Ulises al aproximarse a la isla de las ninfas las cuales con su canto eran capaces de atraer hacia la isla a los marineros que acababan pereciendo ahogados en las aguas, aquí Willard parece ser la antítesis de Ulises, siendo el único capaz de asimilar los horrores de la guerra y mantenerse cuerdo mientras su patrulla empieza a perder la razón en medio de esos reinos de taifas en los que reina el caos y la locura en un frenesí sangriento.

Al llegar al tercer acto de la película, el espectador tiene claro que Willard y Kurtz tienen más cosas en común que en contra y que sólo hace falta un pequeño empujón (como diría el Joker) o tener un mal día para que Willard cruce esa línea y se convierta en Kurtz, en ese loco con “mente clara pero el alma deshecha”. Estando en ese filo de la navaja llega Willard a Kurtz, incapaz de saber si sus métodos son absurdos como le han dicho o no, ya que aún no ha podido comprobarlo: “Yo no he visto ningún método”. Y es entonces cuando Kurtz le muestra cuál es su método al arrojarle algo entre las piernas de Willard, empujando a este a posicionarse. Como le diría al inicio de la película su superior: “Hay un conflicto en cada corazón humano, entre lo racional y lo irracional, entre el bien y el mal… Y no siempre triunfa el bien. A veces, el lado oscuro se impone a lo que Lincoln llamó “El ángel bueno de nuestra naturaleza”. Todos tenemos nuestro límite de resistencia. Usted y yo también, Kurtz alcanzó el suyo y evidentemente se ha vuelto loco”. Ahora Willard comprende a la perfección todo, ya tiene la foto completa de por qué Kurtz cruzó la línea y puede decidir en qué lado de la navaja está: en el de cumplir su misión y acabar con Kurtz o convertirse en otro de sus “hijos” y defender esa anarquía.

Siempre se ha dicho que este rodaje ha sido uno de los más complicados del cine, partiendo porque el protagonista (Martin Sheen) fue elegido a última hora después de que despidieran a Harvey Keitel por no estar a la altura del papel (si buscáis por internet podréis ver al propio Keitel junto a Robert Duvall en el rodaje) y otros actores que ya eran estrellas en aquel momento se negasen a interpretar a ese capitán Willard. ¿Queréis saber a qué actores se les propuso ese papel? Pues nada más y nada menos que Al Pacino, Robert Redford, Steve McQueen y Jack Nicholson. Todos ellos se negaron a pasar más de 4 meses metidos en una selva… lo que no sabemos es si tras haber visto la película convertida en obra maestra del cine se arrepienten de esa decisión.

Con Sheen a bordo no se acabaron los problemas ni mucho menos. El actor era un alcohólico empedernido que se presentaba borracho en el set, como muestra la escena al inicio de la película en la habitación del hotel en la que el actor estaba realmente borracho, golpeando el espejo y cortándose de verdad la mano, siendo la sangre que aparece en pantalla la suya propia. Tal fue la gravedad de la situación que Sheen sufrió un infarto de miocardio por culpa de su alcoholismo y hasta se rumorea que le dieron la extrema unción con tan sólo 36 años. Cuando Coppola se enteró del suceso, le dio un ataque de epilepsia y, tras recuperarse gritó a los jefes del estudio: “Si Martin muere, no estará muerto hasta que yo lo diga”…. tal era su enfado y su impotencia ante lo sucedido…

Dennis Hopper (fotógrafo civil en la película) tampoco lo puso fácil durante el rodaje ya que era adicto a las drogas y llegaba completamente colocado al rodaje, un rodaje que estuvo repleto de alcohol y drogas (sobre todo cocaína y speed).

Y para acabar de rematarlo, tenemos a Marlon Brando, un actor con un talento increíble pero a quien los problemas le acompañaban en todos los rodajes y en esta ocasión no iba a ser menos. Primero, no quería actuar en esta película pero cuando le ofrecieron 3,5 millones de dólares por apenas cuatro semanas de rodaje, aceptó aunque, a parte del salario,  las condiciones eran que tenía que adelgazar 40 kilos de peso y algo obvio, leer la novela y el guión. Brando incumplió todas las cláusulas, llegó al set sin leer el guión, sin leer la novela y pesando más de 100 kilos ¿quién iba a creerse que un hombre que sobrevive como puede en mitad de la selva iba a pesar tanto? Una vez más, el talento de Brando le ayudó a sacar adelante su personaje, aprovechando los parones de rodaje para leer la novela y echar un vistazo al guión para luego decir las cosas a su manera, que ya se había convertido en la manera habitual de trabajar de este actor. Y por supuesto, además del talento de Brando, también hay que destacar el talento de Coppola para jugar con las sombras y con la indumentaria negra para nunca ver a Brando al completo, siempre mediante sombras o de espaldas, haciendo que el espectador sienta más atracción por ese hombre que desde el primer fotograma en el que aparece, queda atrapado ante esa imponente presencia, dotando al actor de un aura que lo convierte en un ser onírico, en una divinidad.

A parte de esto, Brando se negaba a compartir escena con Dennis Hopper (desconozco el motivo), por lo que la única escena en la que coinciden, fue rodada en dos días para que cada uno rodase su parte en diferentes días, sin tener que trabajar juntos… Todo facilidades, vaya!

Es por ello que cuando Coppola presentó la película en el Festival de Cannes aseguró: “Mi película no es sobre la Guerra de Vietnam. Es Vietnam”, reflejando las tremendas dificultades que hubieron durante todo el rodaje.

En conclusión, estamos ante una obra maestra del cine que ha creado escuela, con un reparto espectacular y cuyo rodaje fue un auténtico calvario pero, tras ver el resultado, mereció la pena. Consiguiendo el Oscar a mejor Sonido y Fotografía, la cinta nos muestra la guerra de Vietnam como nunca antes la habíamos visto, enseñando las miserias del ser humano y de la guerra, un lugar idóneo para liberar a nuestros demonios sabiendo que nadie nos juzgará por ello siempre que nuestras balas apunten en la dirección correcta y en el que la delgada línea que separa el bien y el mal, lo racional de lo irracional, es muy delgada, a veces incluso es imposible diferenciarlas o saber en qué lado estás… ¿tú lo sabrías?

Rubén Arenal

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Revista ACCION

Modificado por última vez en Domingo, 07 Abril 2019 11:33
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Rubén Arenal

Nací en Cantabria en 1987 y uno de los primeros recuerdos de mi infancia es estar con cuatro años en la sala de cine viendo La bella y la Bestia (1991) con mi padre. Pasaron los años hasta que una noche vi en televisión Lawrence de Arabia y recuerdo que tras ver la película quedé extasiado. Desde entonces, el cine dejó de ser un entretenimiento y se convirtió en una herramienta con la que aprender y crecer como persona, ya que considero que una película tiene la capacidad de arañarte por dentro y dejarte cicatrices: algunas son superficiales y se curan con facilidad y, otras, te acompañan de por vida. Después de tantas “cicatrices”, decidí escribir sobre cine para contar mis experiencias tras ver una película y mostrar las “cicatrices” que me han dejado las mismas.

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