Collateral ★★★★

Crítica de la película Collateral

La mejor película de Michael Mann desde Heat

Parecía una noche cualquiera en las que Max (Jamie Fox) llevaba en su taxi a los diferentes pasajeros que requerían sus servicios mientras, por el retrovisor, conoce a sus pasajeros mientras trata de ser el anfitrión perfecto. Sin embargo, hoy es una noche diferente y rápidamente se tuerce cuando Max recoge a un asesino a sueldo, Vincent (Tom Cruise), que lo obliga a conducir, llevándole de encargo en encargo mientras por el retrovisor vamos conociendo poco a poco a ese misterioso asesino a la vez que Max tendrá que hacer algo para evitar que Vicent cumpla todos sus encargos.

Recuperamos en este film al mejor Michael Man, con una apariencia visual que hace que esta película sea la que más se acerca a Heat dentro de toda la filmografía de este director.

Con una trama inicialmente sencilla pero muy bien construida, la película avanza al principio de manera pausada mientras vamos conociendo poco a poco a Max y el sueño que este persigue (montar un negocio de limusinas) mientras cada noche trasporta personas de un punto a otro para conseguir hacer realidad ese sueño.

Como digo, el ritmo es inicialmente pausado ya que Mann no tiene prisa para presentarnos a los personajes y deleitarnos con la fotografía de esa ciudad durmiente en plena noche mientras nosotros como espectadores acompañamos a Max en esas carreras de un punto a otro de la ciudad hasta que topamos con Vincent, un hombre misterioso, enigmático que pide a Max que sea su conductor por toda la noche durante cinco paradas ya que tendrá que cumplir varios encargos y no puede estar esperando a otro taxi cada vez que termine uno de esos trabajos. Cuando el primero de esos encargos se traduce en un narcotraficante cayendo desde su apartamento encima del taxi con varios disparos provocados por Vincent, Max es obligado a seguir con el plan establecido teniendo que ayudar a Vincent a conseguir sus encargos.

La caracterización de Tom Cruise en este personaje de Vincent es impresionante, con ese pelo blanco que lo hace tan atractivo en pantalla y moviéndose con una destreza propia del mismísimo Ethan Hunt pero en esta ocasión haciendo de villano, de un mercenario que mata gente a cambio de dinero sin empatizar con sus víctimas ni sin que le tiemble el pulso a la otra de matar a sangre fría a uno de sus encargos.

Uno de los datos curiosos de esta película es que el papel de Jammie Fox se barajó que lo interpretara Adam Sandler y me parece que hubiera sido una buena idea porque creo sinceramente que para hacer un buen papel dramático hace falta saber hacer buen humor, como por ejemplo le pasaba a Robin Williams.

A medida que avanza la película veremos como la relación de entre Max y Vincent evoluciona desde una relación puramente laboral al principio hasta convertirse casi en una relación de supervivencia pues Max está en el punto de mira de la policía al reconocer su taxi en la escena del crimen y Vicent, cada vez necesita más a Max para conseguir cumplir con sus cinco encargos en esa noche. La tensión crece poco a poco y se desata en esas escenas de la discoteca, en el metro o en ese edificio mientras Max trata de ayudar a una de las futuras víctimas a escapar de su verdugo.

La acción, muy comedida, está perfectamente resuelta, demostrando el talento de este director para desenvolverse con soltura en este género de thriller de acción. Visualmente, la película es una maravilla, muy innovadora y atractiva, muy realista. En muchas ocasiones da la sensación al espectador de que más de una película parece que estamos viendo uno de los míticos capítulos americanos de COPs.

Por todo ello, Collateral es una película que os recomiendo ver pues vais a encontrar a un Tom Cruise muy diferente a lo que habíamos visto hasta entonces, con lo mejor del director Michael Mann que recuerda en muchos momentos tanto en ritmo como visualmente a la joya de este director, que no es otra cinta que Heat.

                                                             Rubén Arenal

 

 

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Revista ACCION

Modificado por última vez en Sábado, 18 Mayo 2019 13:35
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Rubén Arenal

Nací en Cantabria en 1987 y uno de los primeros recuerdos de mi infancia es estar con cuatro años en la sala de cine viendo La bella y la Bestia (1991) con mi padre. Pasaron los años hasta que una noche vi en televisión Lawrence de Arabia y recuerdo que tras ver la película quedé extasiado. Desde entonces, el cine dejó de ser un entretenimiento y se convirtió en una herramienta con la que aprender y crecer como persona, ya que considero que una película tiene la capacidad de arañarte por dentro y dejarte cicatrices: algunas son superficiales y se curan con facilidad y, otras, te acompañan de por vida. Después de tantas “cicatrices”, decidí escribir sobre cine para contar mis experiencias tras ver una película y mostrar las “cicatrices” que me han dejado las mismas.

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